El adiós a Roberto Babalfi - El relato de un inolvidable

Retrato de un fotógrafo

La escritora y narradora local Alicia Perrig recordó una entrevista que le realizó hace algunos años, para la revista Compartiendo, al querido Negro, que nos dejó el sábado
lunes, 6 de julio de 2020 · 09:00

Escribe Alicia Perrig
Escritora y narradora

Me avisa que está esperándome en la confitería donde acordamos encontrarnos para hacer la entrevista, pero cuando llego no está. El mozo me informa que salió unos minutos, que lo espere. Un cuarto de hora después llega. Mientras me esperaba lo llamaron de El Diario, donde trabaja, tuvo que ir a cubrir una nota. Trae la cámara. Tiene una manera muy particular de sostenerla. Hace años que lo conozco, que lo veo sacar fotos, ir de aquí para allá, buscando el instante preciso. Siempre me llamó la atención la manera en que lleva la cámara, su instrumento de trabajo.

Roberto Babalfi es fotógrafo.

-En realidad, fotógrafo no he sido nunca. -aclara- Soy reportero gráfico. Me considero el fundador del fotoperiodismo en Villa María. La fotografía social no es lo que más me gusta. Si lo hice, o lo hago, alguna vez, es más por compromiso o para amigos, pero no es algo que me interese, a pesar de que esta ciudad es una muy buena plaza a nivel foto social, donde se está cobrando muy bien.

-¿Cuándo comienza tu carrera profesional?

-Exactamente, el 4 de abril de 1975. Comencé sacando fotos para un programa de deportes en el viejo Canal 2. Con Adelqui Pellegrino y Jorge Daher hacíamos “Secuencia deportiva 2”. Yo le pasaba las fotos al Diario Noticias, que en aquel entonces no tenía un fotógrafo a su servicio, por eso te digo que me considero el fundador del fotoperiodismo en la ciudad.

-¿Estudiaste fotografía?

-No. Algo aprendí en el Foto Cine Club que teníamos en el Club Central Argentino, pero todo lo que no me enseñó la experiencia lo aprendí en el laboratorio, con Adelqui (Pellegrino).

-Cubriste eventos muy importantes, no solo en la ciudad.

-Y si, en tantos años... cumbres de presidentes, eventos deportivos internacionales. Cubrí el Mundial 78, por ejemplo, casi sin darme cuenta, hablando con una chica que estaba en prensa entré, junto a otro periodista que tenía como 50 credenciales, a la cena de agasajo a los jugadores, mientras Macaya Márquez, José María Muñoz y Horacio García Blanco hacían notas en la puerta.

-¿Y el Anfi?

-Ah, el Anfi. Tengo 35 años en los medios y 37 en el Anfi. Mi padre era de la Comisión del Anfiteatro y yo hacía las fotos para la revista Folclore. Desde entonces no falté nunca. Todo lo que se hace en el Anfiteatro lo cubro. No le tengo miedo a los grandes eventos. En realidad, me jacto de ser bueno en fotos de espectáculos.

-Entonces, te gusta cubrir espectáculos.

-Sí, es que en esos casos trabajo bajo presión y eso es lo que más me gusta de mi trabajo, trabajar bajo presión. Eso de estar ahí: “Esperame dos segundos que tengo algo más”, cuando el compañero me está pidiendo el cierre de edición, me encanta. O cuando cubro deportes, enfocando justo el instante del gol, o cuando se cubren accidentes, por ejemplo. Esa es la parte de mi trabajo que más me gusta: lo imprevisto. Trabajar en condiciones extremas, bajo presión.

-Lo de los accidentes no debe ser fácil, ¿no?

-Y no. Claro que todo se ve con el velo de la cámara al medio, ¿no? La cámara te protege, te separa, es un blindness. De todos modos, eso no quiere decir que no haya pasado noches sin dormir después de haber llegado al lugar de un accidente donde hay gente gimiendo, o niños, o los 17 cadáveres en el accidente de hace unos años en Ballesteros.

-¿Fotografiaste los 17 cadáveres?

-No. Ya era suficiente con saber que existían. No hacía falta la foto.

-¿Alguna vez llegaste al lugar de un accidente y te encontraste con que el accidentado era un amigo?

-Conocidos sí, amigos no. De cualquier manera, te enterás después de quiénes eran. Soy reportero gráfico, no periodista. Voy y gatillo, la información la busca el periodista.

-¿Tu vida es un flash?

Se ríe.

-Antes era un flash. Ahora, con las cámaras nuevas, ya no. En muy poco tiempo se podrán tomar fotografías totalmente a oscuras como si estuvieras a la luz del sol y sin flash. 

-¿Es indispensable la calidad de la fotografía en tu profesión?

-Siempre intenté tener lo último en tecnología, pero ahora los adelantos son tan vertiginosos que ya no se puede. Por otra parte, en un curso que hice en Córdoba, la editora en Jefe de AP en Washington nos decía: “antes mandabas cuatro fotos y todo estaba bien, a nadie se le ocurría pedirte otra. Ahora mandás 300 y te piden más y más. De todos modos, hay que darle más valor al acontecimiento que a la calidad de la fotografía. Lo que vale es el hecho, no la técnica.

-¿Cuál es la mejor foto de tu vida?

Sonrío, porque sé lo que va a contestar.

-La que voy a sacar -me dice. También él sabía que yo sabía su respuesta.

-¿Qué foto te falta sacar?

-Me gustaría ser corresponsal de guerra. No sé si en primera línea, pero en segunda línea de un frente de batalla me gustaría estar.

-¿Admirás a algún colega en particular?

-Admiro las posibilidades de trabajo de algunos colegas.

-¿Te sentís reconocido como profesional en la ciudad?

-Sí, en el ambiente sí. No uso credencial, mi credencial soy yo mismo. Además, he tenido, y tengo, buena relación con todos los medios y todos los colegas. Los reporteros gráficos somos muy solidarios entre nosotros, no tenemos problemas en pasarnos material, sin que se enteren los medios, claro. Jamás he tenido ningún problema haciendo mi trabajo. A veces entré a reuniones donde no entraba nadie, sin embargo, a mí me abrían la puerta porque sabían que entraba, sacaba mis fotografías y salía y, de verdad, ni siquiera sabía de qué estaban hablando. Por otra parte, siempre que tuve que medirme con los grandes, grandes fotógrafos de grandes medios, descubrí que todos teníamos las mismas fotos. No solo en espectáculos. Por ejemplo, cuando ocurrió la explosión de Río Tercero, tuve exactamente la misma foto que los grandes medios de difusión masiva del país. Todos habíamos plasmado la misma imagen de la destrucción.

-¿Tenés algún record en tu carrera?

-Mirá, creo que este es un récord: en un partido de fútbol en Arroyo Cabral, en ocho negativos tengo siete goles en ambos arcos. Creo que es un récord.

-¿Serías otra cosa que no fuera reportero gráfico?

Ya le hice esta pregunta varias veces y siempre salió de ella muy diplomáticamente. Esta vez no tiene opción. Se ríe.

-Me gusta todo lo relacionado con el arte. El coleccionismo también me encanta, particularmente tengo varias colecciones. Una muy interesante de frasquitos de rollos de fotografía.

-¿Mirás la vida con ojos de fotógrafo?

-No. Para nada. A veces me voy de vacaciones y me olvido la cámara. Hace unos días viajé al norte y saqué fotos con el celular.

-¿Y a tu familia le has hecho muchas fotos?

-No tantas, menos ahora, todos tienen su cámara.

-¿Qué es lo más importante en tu vida?

-¡Viajar! Hago, dejo, cambio cualquier cosa en la vida por viajar.

-¿Te irías de Villa María?

-A trabajar, sí. De todos modos, siempre volvería, debe haber pocas ciudades donde se viva como se vive acá. Soy villamariense.

Una vez más, suena su teléfono celular. Una vez más tiene que ir a cubrir una conferencia de prensa, un partido de baby fútbol, la presentación de un libro, el trabajo de los bomberos. 

Antes de despedirnos, confiesa que no tiene muchas fotografías de él mismo, en ninguna etapa de su vida. Por eso, en el momento en que me da un abrazo de esos que solo él sabe dar a sus amigos, pienso que esta nota llevará por título “Retrato de un fotógrafo” (reportero gráfico, diría él). Clic.

 

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