Kecha Soto - Teje y dona colchas a quienes las necesitan
“Hay días que veo a niños con frío y se me caen las lágrimas”
Encarnación, de 88 años, comenzó a “abrigar” a los que menos tienen desde que se inició la cuarentena. La vecina unió una actividad que hace “con gusto”, con el amor al prójimoLejos de quedarse de brazos cruzados y esperar que el tiempo pase, Encarnación Soto (88) inició desde el comienzo de la cuarentena una tarea solidaria que “abrigó” a más de uno en tiempos de aislamiento por el Covid-19.
La vecina, nacida en la zona rural de Río Segundo, que habita hace más de 50 años barrio Ameghino, pasa las horas de sus días con dos agujas en sus manos y se sumerge en un mar de lana con el fin de asistir a los más pequeñitos.
Creando chalecos y colchas, ella decidió colaborar con los niños que asisten a un espacio solidario barrial. Aquellas creaciones, que con un sentimiento enorme durante años eran remitidas a sus dos nietos, hoy van para todo aquel que lo precise. Vale la pena mencionar que todo esto también trae algo de alegría dentro de su familia ya que hubo un “parate” que la tuvo un tiempo sin realizar tal actividad.
“Estoy tejiendo desde que comenzó la cuarentena y ahora tengo pocos tejidos porque ya los he ido entregando a un comedor infantil de barrio San Nicolás”, afirmó Kecha (como le dicen sus familiares cariñosamente).
“La lana puede estar cara, pero no importa porque cuando uno hace cosas con gusto nada tiene precio; a mí me encanta tejer y cuando es invierno me quedo hasta tarde tejiendo en la noche, me gusta trabajar y no quedarme esperando que venga alguien a visitarme”.
Apuntando a la cuestión social y las bajas temperaturas que ya se hicieron presentes, la mujer subrayó que principalmente crea elementos para los más pequeños de la familia: “Esto que hago es todo para chicos, porque ellos necesitan. Hay días que veo a niños con frío y se me caen las lágrimas”, aseguró.
Siempre eligiendo colores vivos y dedicándole mucho tiempo, Kecha ha logrado realizar hasta cuatro chalecos en una semana, así como también unir otros para transformarlos en colchas de una plaza.
“Cuando tengo más ganas de tejer es cuando más me rinde el trabajo”, aseguró. Acostumbrada a salir a la calle, siempre en compañía de sus hijos, hoy las horas se dividen entre saludar a través de videollamadas a su grupo de oración y seguir las misas que brinda Leonardo Montero, un cura oriundo de la localidad de Camilo Aldao”.
“Tengo voluntad, ahora por este virus no se puede salir, así que esperaremos a que todo se tranquilice… mientras tanto hicimos una producción enorme, me gustó trabajar en esto”.
“Habré tenido 12 años cuando empecé a tejer, me enseñaron mi mamá y mi abuela. Ellas me decían cómo tenía que hacer y ahora hago el mismo punto que me enseñaron ellas”, redondeó, Encarnación, que el próximo 13 de octubre cumplirá 89 años, evocando el momento en que esta pasión (que hoy se une con lo solidario) florecía en su interior.
“Esto la mantiene activa, y mientras esto que realiza la mantenga feliz, no hay por qué preocuparse”, aseguró a este medio una de sus hijas, al momento de ser consultada por la cuestión económica que conlleva comprar la materia prima cada semana.
