Ante la inminente habilitación para volver a abrir sus locales

Los gastronómicos, con bajas expectativas por la reapertura

Propietarios de bares, cafés y restaurantes de la ciudad, consultados por este medio, coincidieron en afirmar que trabajando con una capacidad habilitada del 50% no podrán cubrir los gastos operativos, aunque algunos de ellos también aseguraron que necesitan volver a trabajar cuanto antes
lunes, 8 de junio de 2020 · 07:06

Cuando la pandemia del coronavirus irrumpió en el territorio nacional una de las actividades que primero sufrió un parate total fue la gastronómica, con el cierre de bares, cafés y restaurantes, emprendimientos que hoy, casi tres meses después de ese “cimbronazo”, y habiendo tenido que reinventarse para evitar un cierre definitivo, se encuentran expectantes de recibir la habilitación para poder volver a operar.

En Villa María son muchos los comercios de dicho rubro y para conocer cómo esperan el momento para retornar a la actividad, aunque con un protocolo que seguramente los limitará en varios aspectos, El Diario consultó a algunos propietarios del sector.

En líneas generales, los consultados coincidieron a la hora de reconocer que temen no poder cubrir los costos operativos trabajando con una capacidad habilitada de público del 50%, aunque consideraron importante volver al ruedo para ponerle fin a una crisis que podría traer muchas consecuencias económicas desagradables a futuro.

 

“No vemos un contexto muy favorable”

El primer consultado fue Rodrigo Irusta, propietario de Tressen, quien comenzó relatando: “Lo poco que sabemos, porque no hay nada formal todavía, es que para fines de esta semana se estaría informando oficialmente cuál sería la modalidad de apertura y todos los requisitos que se nos van a exigir”.

“Lo que sí sabemos es que se nos va a habilitar para trabajar a un 50% de la capacidad del local, no sabemos los horarios en los que podremos operar. Algunos protocolos ya los tenemos algo ‘masticados’, porque no creemos que varíen mucho en relación a lo que ya se viene hablando”, indicó.

En cuanto a las expectativas de ventas, fue sincero al afirmar que “la verdad es que no vemos un contexto muy favorable por una cuestión obvia de que la economía está muy resentida, lo que hace que, para determinados sectores, nuestra actividad pase a ser un lujo o algo no esencial”.

En mi caso puntual, por el tipo de clientela que nosotros manejamos, apunto a trabajar a un 50% del 50% con el que se nos va a permitir trabajar, es decir que estimo hacerlo a un 25% de una facturación normal”, añadió.

En cuanto a las medidas que tendrá que aplicar en su comercio cuando se autorice la reapertura, expresó: “Tienden a favorecer el distanciamiento social, como, por ejemplo, la ubicación de las mesas a una distancia de dos metros, la presencia de comensales con barbijo, dispensadores de alcohol en gel en cada mesa, mayor frecuencia de limpieza sanitaria en las instalaciones y en el mobiliario, utilización de varios elementos descartables, control de temperatura en el ingreso del personal y registro de todos los clientes que ingresan, entre otras”.

“A varias de esas medidas las aplicamos normalmente, por lo que suceda de ahora en adelante no va a distar mucho de eso”, aseguró.

Seguidamente contó que “hace dos semanas tuvimos una reunión con la gente del municipio, que básicamente fue provocada por nosotros, para ver si podían darnos una visión sobre cuándo se podría liberar nuestra actividad”.

“Las particularidades del protocolo se elevaron al COE Central y ellos determinarán cuáles serán las particularidades del mismo para poder operar”, amplió.

Consultado por su punto de vista sobre el tratamiento de la pandemia en lo relacionado a la actividad gastronómica, opinó: “Tratando de ser lo más objetivo posible, creo que un tiempito antes podríamos haber vuelto a trabajar con todas las medidas de prevención, porque entre facturar nada y facturar algo la cosa ya cambia”.

“Quizás podríamos haber reabierto con algo menos de un 50% de capacidad como para hacer una prueba, aunque también entiendo que es algo difícil de aplicar porque es muy complicado controlarlo. En síntesis, entiendo todas las miradas”, indicó.

A continuación relató: “Casi un mes después de que comenzara la cuarentena pudimos empezar a trabajar con la modalidad delivery, primero solamente al mediodía y después también por la noche”.

“Nos arreglamos como podemos con ese ingreso, pero no representa más de un 10% de la facturación normal”, contó.

Ampliando su análisis al respecto, sostuvo: “Hay que tener en cuenta varios condimentos que influyeron en esa merma tan importante. Primero, la mayoría de los colegas están haciendo lo mismo, también están los que hacen delivery tradicionalmente y a la vez mucha gente comenzó a hacer comida en su casa para vender por cuestiones de necesidades económicas”.

“Son un montón de condimentos que se sumaron y a ellos se les agregó una baja general en el poder adquisitivo de la gente”, opinó.

Para finalizar, contó que durante la cuarentena “no tuve que reducir el personal. Si bien hubo un acuerdo con el gremio para una reducción salarial, nosotros no la aplicamos”.

De todos modos hemos contraído deuda, porque estamos atrasados en el pago de los salarios y porque no estamos pagando servicios ni alquiler”, concluyó.

 

 “Volver a abrir las puertas no me asegura que la situación vaya a mejorar”, opinó uno de los propietarios de Ribera

“No me asegura que la situación vaya a mejorar”

Marco Balanza, uno de los dueños de Ribera, en consonancia con su colega anterior comenzó diciendo: “Todavía no tenemos información certera en relación a una posible habilitación de nuestra actividad. Con los colegas del sector tenemos un protocolo en el que se pueden esbozar las acciones que tendremos que tomar para poder habilitar los locales”.

“Dentro de lo que se ve, parece todo bastante razonable y no hay pedidos que no podamos cumplir, como en algún momento se había hablado de colocar acrílicos para separar las mesas, una inversión muy costosa que uno supone será para una sola vez y por ende será una inversión perdida”, expresó, reconociendo además que “las medidas que pudimos observar son las que básicamente se vienen hablando, como la de un 50% de capacidad en los locales, distancia de dos metros entre las mesas y sobre todo muchos elementos de higiene y limpieza a disposición”.

Luego, consideró que “por la situación que ya veníamos atravesando los gastronómicos, ningún negocio puede subsistir en las condiciones actuales”.

“En los últimos cuatro años, con el Gobierno nacional anterior, tuvimos aumentos brutales en los servicios, sobre todo en la energía eléctrica”, criticó.

Al respecto sostuvo que “la luz aumentó desproporcionalmente. Nosotros pagamos 45 mil pesos por mes por cada uno de los tres locales que tenemos, un monto que supera al valor del alquiler de cada espacio”.

“Antes lo más costoso era el alquiler y ahora lo es la boleta de la luz, que para nosotros es un servicio básico porque no podemos prescindir de tenerlos, ya que sin heladeras y freezers se nos arruinarían todos los alimentos”, explicó.

Seguidamente manifestó: “Nos parece totalmente injusto que eso suceda, porque se sabe que EPEC tiene el servicio más caro de todo el país. Además, el gas también aumentó mucho”.

“Eso fue lo que se heredó del Gobierno anterior a cuesta nuestra”, lamentó.

Volviendo a referirse a la posible inminente reapertura de locales gastronómicos, sostuvo: “Bienvenida sea la apertura de nuestro rubro, porque por lo menos vamos a poder abrir. En nuestro caso, estuvimos dos semanas sin trabajar y después pudimos comenzar a trabajar con la parte de delivery, con el cual se facturó, como mucho, un 25% de lo que deberíamos facturar normalmente”.

“Durante estos meses de la cuarentena nos dedicamos a aguantar y a perder la menor cantidad de plata posible, porque era algo inevitable”, relató.

A la vez indicó que “hemos mantenido el plantel de 18 empleados como pudimos, reduciendo jornadas laborales y sueldos y reinventándonos en nuevas funciones”.

“Por ejemplo, mozos, bartenders y hasta yo mismo salimos a hacer el delivery en bicicletas, ofreciendo un servicio de envío a domicilio sin costo”, ejemplificó.

Al respecto, indicó que “tuvimos que abarcar las nuevas necesidades y eso fue clave para poder tratar de cubrir sueldos, teniendo en cuenta que afortunadamente hemos duplicando la cantidad de trabajo del delivery”.

“El resto de los gastos están todos pospuestos. No se pagaron más alquileres, porque afortunadamente los propietarios nos están aguantando, ni servicios y el dinero que nos está ingresando ahora es solamente para pagarle semanalmente a los proveedores y para pagar sueldos”, contó, adelantando al mismo tiempo que “cuando todo esto pase, veremos cuál es el tendal que deja porque en este tiempo estamos acumulando deudas”.

Para más, consideró que “suponiendo que en los próximos días podamos volver a abrir alguno de los locales, vamos a tener que volver a pagar el alquiler nuevamente y se reactivarán gastos de luz y de gas que en estos momento están totalmente cancelados por el no uso”.

“Pudiendo abrir a un 50% de la capacidad, creo que vamos a estar en una disyuntiva bastante similar a la actual, porque vamos a poder pagar los sueldos y a lo mejor el alquiler, teniendo que seguir posponiendo, por ejemplo, las nuevas boletas de luz y gas” señaló.

En relación a ello aclaró: “Con esto no quiero decir que estoy en contra de la reapertura bajo esos términos, porque realmente sostengo que el accionar con respecto al tratamiento de la pandemia fue bueno”.

“Sería mucho peor que pudiésemos trabajar, pero que en la ciudad hubiesen dos o tres mil casos de coronavirus. La disyuntiva entre economía y salud me parece ridícula, porque creo que van de la mano”, opinó.

En continuidad con el tema manifestó que “si ahora tuviéremos muchos infectados en Villa María, la gente no saldría a comer fuera de su casa o estaríamos en riesgo de contagio”.

“El problema de la salud se traduce a lo económico, porque enfermarse cuesta dinero, ni hablar del miedo que se generaría por salir de la casa en un contexto de muchos casos confirmados en la ciudad”, remarcó.

Para seguir, aseguró que “sinceramente, no tenemos expectativas de mejorar económicamente con esta posible reapertura. De confirmarse esto, seguramente no abriremos los dos locales que ahora están cerrados, porque eso nos generaría muchos gastos que seguramente no podremos cubrir trabajando a un 50%”.

“Si eso sucede, sería generar más perdidas de las que actualmente estamos generando”, manifestó.

Ya en la recta final, expresó: “Hay que valorar que hoy no tengamos casos en la ciudad y hay que tratar de mantener ese contexto. Eso me parece más fundamental que el hecho de abrir o no nuestros locales”.

“Además, volver a abrir las puertas no me asegura que la situación vaya a mejorar, porque achicado como estoy en este momento puedo aguantar más que si abriera los locales para trabajar a un 50% de la capacidad”, comentó.

Continuó indicando que “me gusta poder volver a abrir por una cuestión personal, porque uno ama lo que hace, pero económicamente no creo que la reapertura implique un avance positivo en nuestro caso, que tenemos tres locales y muchos empleados”.

“Seguramente, en el caso de colegas que puedan volver a trabajar con el único ingreso que tienen, les sea favorable poder volver a abrir sus puertas”, comparó y finalizó su testimonio destacando que “si hoy nos estamos preocupando por lo económico y no por la salud, es porque antes nos hemos ocupado bien de la salud”.

 

“Ojalá todo vaya bien”

Mas escueto en su testimonio, Hugo Flacco, del histórico espacio La Madrileña, relató: “Vivimos una situación de preocupación durante todo este tiempo, de incertidumbre al no poder trabajar”

“Sabemos que el virus está, no estamos en contra de las decisiones que se tomaron y el Gobierno nos ha ayudado, en parte, con el pago de los sueldos de los trabajadores, pero al estar tanto tiempo con las puertas cerradas se generaron deudas de gas, agua, cable, alquiler y luz, cuyas facturas vienen altísimas. Veremos con EPEC cuál es la razón”, criticó.

A la vez, aseguró que “la única esperanza está en la posibilidad de abrir. Ojalá se dé, es la forma de tratar de salir de a poco de esta situación, con la ayuda de todos; la Municipalidad nos dará el protocolo, el cual cumpliremos, y ojalá todo vaya bien para salir entre todos de esta incertidumbre”, redondeó.

 

“Es suficiente con que estemos todos sanos”

Por último, Jimena Galera, propietaria de Vincent, comenzó reconociendo que “esta posibilidad de poder reabrir en los próximos días nos tomó un poco por sorpresa, porque pensábamos que la reapertura tardaría un poco más, al menos dos semanas, si bien sabíamos que tarde o temprano iba a pasar porque la situación se está tornando caótica, si bien entendemos que hay que tener muchos cuidados para poder volver a abrir nuestros locales”.

“Nos iremos adaptando a las nuevas disposiciones, siempre y cuando no sean exageradamente costosas de aplicar. Eso es lo que medimos después de mucho tiempo de haber estado sin actividad laboral”, aseguró.

Sobre las medidas con las que tendrán que desempeñarse al concretarse la reapertura, indicó que “ya sabemos que no podremos ofrecer la mesa fría que tanto nos caracteriza, pero le iremos buscando la vuelta para adaptarnos a las necesidades”.

“Como nunca en 23 años, al tener un negocio familiar, esta pandemia nos permitió poder compartir un asado los domingos al mediodía, pero ya estamos inquietos por volver a trabajar”, expresó.

Sobre cómo se desempeñaron durante la cuarentena hasta el momento, relató: “Nuestro sistema de viandas del mediodía siguió trabajando bastante bien durante la cuarentena y subsistimos bastante a pesar de que los ingresos no fueron los mismos”.

“De todos modos algo de pérdida económica se generó, porque nos propusimos mantener el puesto de todos nuestros empleados y afortunadamente así lo pudimos hacer”, destacó.

En sintonía con ello, continuó diciendo: “Con que estemos todos sanos, tanto nosotros como nuestros empleados, que son de fierro y han colaborado muchísimo, salgamos derecho en lo económico y podamos trabajar, para nosotros es suficiente”.

En la misma línea su colega de Tressen, comentó: “Lo más probable es que trabajando a un 50% de la capacidad permitida no lleguemos a cubrir los gastos que implica abrir el local”.

“Si eso se da, podremos trabajar con un número aproximado de 60 personas, pero otros locales son más pequeños y trabajar con pocos clientes les significará un perjuicio muy importante, porque los costos operativos son prácticamente los mismos que si se trabajara con un total de capacidad”, comparó.

Para finalizar, manifestó que “iremos viendo cómo nos adaptamos a las nuevas disposiciones. Seguramente abramos menos días de lo que lo hacíamos antes de la pandemia y estamos analizando reducir nuestra carta, que es muy amplia”.

“Al igual que todos, tendremos que reinventarnos para recibir a la gente, que tiene muchas ganas de salir”.

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