Entrevista a Fabián Gili, desde Chipre
Balance a casi tres décadas de su ordenación como sacerdote
El 2 de junio, Fabián Gili celebró el 29º aniversario de su ordenación como sacerdote. En esta entrevista cuenta cómo fue la decisión de ir al seminario y cómo vive hoy su misión en la isla de ChipreDesde tierras que son parte de la historia de la Iglesia, por la que pasaron San Pablo y San Juan evangelizando, donde está la tumba de Lázaro, el villamariense Fabián Gili celebró el 29º aniversario de su ordenación como sacerdote.
En diálogo con El Diario, desde Chipre, Gili recordó cómo fue el despertar de la vocación religiosa que lo llevó a ordenarse el 2 de junio de 1991.
“Recuerdo que estábamos haciendo cosas con mi papá por la ciudad, yendo y viniendo allá por junio del 82, cuando estaba terminando la secundaria. Yo ya sabía qué quería ser, pero se lo tenía que contar a mi familia. Me acuerdo como si fuera hoy cuando le dije: ‘Papi, quiero ser sacerdote’. El se puso contento y me lo manifestó pero, por supuesto, me aclaró que lo pensara bien para que sea una decisión madura y que si sentía realmente en mi corazón esa vocación, él me acompañaba. Lo mismo me dijo mi madre cuando se lo conté”, dijo.
“Doy gracias a Dios el acompañamiento de mi familia tanto a mí como a mis hermanos, que cada uno eligió su camino en libertad y a todos nos apoyaron. Por supuesto que no fue menor el testimonio de mis padres, la educación que nos dieron, el amor que se tenían y los valores que nos inculcaron. Ese testimonio nos permitió ver a cada uno el camino”, agregó.
Recordó que había tres profesiones o trabajos que le hubiera gustado iniciar: ser aviador, trabajar en el campo con su familia o ser sacerdote. “En una oración le dije a Dios: ‘Voy a donde vos quieras’, donde pueda ser de más utilidad”. Y así fue que tomó la decisión.
Había comenzado su participación como laico de la Iglesia desde muy joven en el grupo juvenil de la Parroquia del Luján, algo que lo fue acercando a su vocación. También fue importante algunas figuras cercanas a la familia, como la del padre Pepe, allá en La Herradura.
“Sin mayor complicación, cuando tomé la decisión pude empezar el seminario”, señaló.
Después de su formación llegó la hora de la ordenación encabezada por quien entonces era obispo de la Diócesis de Villa María, Alfredo Disandro, y así inició su recorrido como sacerdote del clero en la región.
“Le doy gracias profundamente a Dios por cómo me ha ido conduciendo. Nunca sospeché por dónde Dios me iba a llevar”, dijo.
Recordó que al comienzo, la Diócesis vivía una situación especial y no estaba más de dos años en un lugar porque había que cubrir cada pueblo con pocos sacerdotes. En ese contexto, los más jóvenes eran los que más movilizaban para asistir a las comunidades. “Comencé por la Parroquia de Lourdes, con el ahora obispo de Oberá, monseñor Bitar; atendiendo Cabral, Luque y Palestina desde Villa María. De allí a Lourdes de Río Tercero, una ciudad distinta con monseñor Martino, un cura que llevaba 25 años en la comunidad. Allí teníamos también el colegio parroquial, por lo que hubo una actividad juvenil muy intensa”, recordó.
Fue en la época de las explosiones en la Fábrica Militar de Río Tercero, donde Gili era además el capellán. “Fueron emociones muy intensas”, dijo.
En 1994 fue destinado como párroco en Villa Ascasubi, una parroquia de mucha historia y con una zona rural muy grande a la que debió asistir. Después llegó Tancacha, otra vez Lourdes de Villa María “en los años complicados que comenzaron en 2001, con un comedor parroquial que no era solo un lugar de comida, sino que era un espacio de formación, apoyo escolar y de mucho trabajo para generar herramientas para luchar y no quedarse en la mediocridad que nos quieren sumergir los intereses de este tiempo”.
“Estando en esa parroquia, monseñor Rodríguez me invitó a una tarea diocesana acompañándolo como vicario, lo que me dio una posibilidad de acompañar la vida de todas las comunidades”, señaló.
Luego le tocó la dura tarea de continuar con la misión del padre Hugo en San Ignacio, de Villa Nueva. De allí, a Leones. “Estando ahí, este deseo que hacía rato venía dando vuelta en mi corazón para servir a otra iglesia diocesana fue madurando. No para irme, sino para servir en otros lugares. Nosotros tenemos muchas necesidades, pero hay sitios donde esas necesidades son más intensas. De hecho, donde estoy ahora (Río Gallegos) somos 30 sacerdotes para dos provincias”, dijo.
“Lo puse en manos de Dios y de las tres opciones que tenía dentro de la Patagonia, opté por Río Gallegos”. Casi anecdótico, pero para tomar la decisión, puso los nombres de las tres ciudades en un papel y los colocó en el sagrario. Después de rezar una semana, sacó uno y fue la ciudad austral. “Inmediatamente le escribí al obispo, que recibió el mail justo cuando estaba en una parroquia que se había quedado sin cura”, recordó.
Ya instalado allí, comenzó con la labor parroquial en barriadas de esa ciudad patagónica, tarea a la que le agregó la capellanía en las Fuerzas Armadas.
En ese rol es que fue invitado a participar de la misión de paz de las Naciones Unidas junto a una delegación de militares argentinos.
Al ser consultado sobre la realidad que está viviendo en Chipre, donde llegó a principios de marzo de este año -antes de la pandemia- el sacerdote dijo que es una situación diferente, entre otras cosas, porque viven a tiempo completo dentro del cuartel. “Esto me está permitiendo llegar a lo más hondo de la vida de un soldado y acompañarlo lo mejor posible”, señaló.
“Vivir esta misión en un país a 14 mil kilómetros de distancia del mío, en una isla por la que pasó toda nuestra cultura occidental desde hace miles de años, es más especial aún”.
“A poco de estar en esto, nos tocó la situación de pandemia, que la vivimos de manera acotada porque, si bien hay restricciones, la isla está dividida por un conflicto bélico en tres sectores. A nosotros nos toca estar en el sector noroeste hacia el centro de la isla, casi llegando a la capital. Nuestro confinamiento es en ese sector, por lo que tenemos todo ese lugar para ir y venir, por montañas y la costa del mar, lo que nos da más oxígeno”.
“Ya en este momento, la curva de contagios declinó rápidamente, por lo que de a poco se está retornando a la normalidad, con todo el protocolo de cuidados”, agregó.
En este espacio, animando espiritualmente a soldados argentinos en misión de paz, es que el villamariense celebró los 29 años de aquel día en que se ordenó como sacerdote.
“Le doy gracias profundamente a Dios por cómo me ha ido conduciendo. Nunca sospeché por dónde Dios me iba a llevar”.
