Villamariense en India
[Vídeo] “Gracias a Dios no hemos visto a ningún argentino infectado”
La instructora de yoga y trabajadora social local Natalia Cardielo, que se encuentra varada en el país asiático, se sumó al operativo médico de la Embajada argentinaEn el vídeo: Natalia salta el Laxman Jula, uno de los principales puentes de Rishikesh, que estaba cerrado en ese momento, luego de una día de operativo sanitario.
La instructora de yoga y trabajadora social villamariense Natalia Cardielo se encuentra varada en un hotel en Nueva Delhi, la capital de la India, desde el 22 de marzo junto al doctor Sergio Lais Suárez, cónsul general de la India en Argentina, además de otros coterráneos y una mexicana.
Allí, tras anoticiarse de la cancelación de varios vuelos de repatriación, emprendieron distintas actividades recreativas y formativas. Lais Suárez desarrolla workshops sobre la medicina tradicional de India (el ayurveda) y Cardielo realiza clases de yoga en vivo por redes sociales. Así mismo, el doctor comenzó a hacernos chequeos de ciertos parámetros clínicos, con ficha médica incluida, para que “todos nos quedáramos tranquilos”, contó Natalia. Luego pidieron ser chequeados los empleados del hotel y al poco tiempo la experiencia llegó hasta los despachos de la Embajada argentina en India. Finalmente se conformó un equipo de trabajo para chequear a los argentinos varados, en el que se encuentran: Lais Suárez, Cristina Balanian de Lago Puelo como asistente del doctor para desinfectar el instrumental médico que se utiliza para los controles y Natalia como profesional de trabajo social.

En diálogo con El Diario, la villamariense comentó de qué manera resulta su nueva labor humanitaria en el país asiático.
-¿Cómo se sustentan diariamente?
-En un principio cada uno se sustentaba por sus propios medios. Hasta que desde el Gobierno de nuestro país avisaron que no iba a haber más vuelos de repatriación y que deberíamos quedarnos aquí por tiempo indefinido. Pero se nos ayudaría con recursos. Así que luego de llenar algunos formularios, muchos a los que se nos estaban acabando los fondos solicitamos la ayuda de emergencia. Y desde los primeros días de abril comenzamos a recibir esa ayuda. La Embajada arregla directamente con el hotel el hospedaje y una comida diaria, que es lo que estamos haciendo. Generalmente se desayuna o almuerza y la comida fuerte es la cena, así llevamos más de 40 días. Para buscar algunas provisiones fuera tenemos que salir con una autorización especial, barbijo y cuando regresamos desinfectar todo con sumo cuidado, bañarnos y lavar toda la ropa. Solo podemos salir de a dos personas. Desde el domingo 3 se ha flexibilizado un poco la cuarentena (que se extenderá hasta el 17 de mayo), ampliándose la franja horaria para poder circular de 7 a. m. a 7 p. m. Entonces ahora se ve más gente en la calle. Pero el barbijo y el distanciamiento social sigue siendo obligatorio. También el país se dividió por zonas: roja, anaranjada y verde, según la cantidad de infectados y el riesgo.
-¿Saben si se han avanzado gestiones para el regreso de argentinos a nuestro país?
-Hacia finales de la pasada semana tuvimos información de que la Embajada y Cancillería argentina están viendo la posibilidad de que se habilite un chárter para los 250 argentinos varados en India. En el sudeste asiático somos unos 3 mil. Pero aún no hay fecha posible ni nada seguro. Están trabajando y estamos a la espera de novedades.
“Nos esperan con comida y regalos”
-¿Cómo está siendo la experiencia de colaborar con la Embajada?
-En un principio el operativo médico lo comenzamos a desarrollar en Delhi, pero luego la información empezó a correr en las redes sociales y nos empezaron a solicitar de otras ciudades, tal es el caso de Rishikesh donde estuvimos atendiendo a unas 80 personas. La Embajada nos facilitó los salvoconductos y un auto diplomático para poder llegar hasta allí, ya que había que pasar tres estados para llegar a esta ciudad, ubicada a los pies del Himalaya y en las calles hay mucho control policial. El punto es que cuando llegamos allí muchos nos esperaban con comida y regalos. Tuvimos una grata bienvenida por nuestros compatriotas. Tal es así que fuimos en principio por tres días y nos terminamos quedando seis para poder atender a todos los que se iban sumando en cada sitio que visitamos. Caminábamos 10 km diarios para buscar los hoteles y hospedajes enclavados en distintas partes de la montaña. En subida, calles de tierra y minipasadizos donde solo puede entrar una moto o una vaca. Las jornadas comenzaban a las 10 a. m. y terminábamos a las 10 p. m. A veces no era tanta la gente, pero sí mucha la distancia que había que caminar de un lugar a otro, en zonas cerradas para el desplazamiento de vehículos por la misma cuarentena y con pocas referencias para llegar a cada locación, que no aparecían en Google Maps y tampoco había gente en la calle para poder preguntarle. Al caer la noche había tramos que teníamos que hacer a oscuras, solo con la luz del celular.
-¿Qué tareas están llevando a cabo puntualmente?
-Ya hemos atendido a unas 140 personas, entre argentinos y latinos (se sumaron las embajadas de Ecuador, de Chile y de México). A todas las personas se les ofrece la atención que es sin ningún costo, ya que todo lo que hacemos es un servicio humanitario y solidario. Para darles tranquilidad a las familias, el doctor Lais junto con la persona que está siendo atendida, filman un videito de menos de un minuto explicándoles que el paciente chequeado se encuentra en buen estado de salud. Por ello, recibimos a diario muchos mensajes de agradecimiento. A cada persona se le entrega un certificado médico de salud que sirve para presentar en el hospedaje, ante un control policial, para movilizarse y para tomar el eventual vuelo de regreso. Es “casi” un pasaporte.
-¿Tienen que continuar dichas tareas hasta que termine la cuarentena?
-Queremos seguir atendiendo a todos los argentinos que se encuentren por aquí. Gracias a Dios no hemos visto a ningún argentino infectado. Sí hubo personas con sintomatologías particulares relacionadas a otras patologías, pero no COVID-19. El problema más sobresaliente que hoy encontramos en los varados tiene que ver con la salud psicológica y emocional. El lidiar con el encierro, la incertidumbre de no saber cuándo poder volver a casa, el manoseo que muchos han tenido de parte de algunas aerolíneas que no se disponen a reconocer pasajes cancelados, ni dan respuestas; además de la situación económica y familiar de algunos que están con serios problemas en Argentina. Se suma la convivencia en muchos casos con personas y culturas desconocidas para uno. Es un reto de resiliencia, el mundo se paralizó y a algunos nos tocó quedarnos lejos de casa. Quizás donde tenía que ser por alguna razón. Me gusta pensar que todo se da por algo y para algo.
