Reinventarse en tiempos de COVID-19

“Estamos haciendo algo ante una cuestión de necesidad extrema”

Un tradicional restaurante céntrico decidió dedicarse al rubro de verdulería hasta que finalice la debacle económica desatada por el aislamiento. Carlos Figuera, quien forma parte del espacio gastronómico, valoró la respuesta de los vecinos ante tal emprendimiento
viernes, 29 de mayo de 2020 · 10:45

Al atravesar la puerta los productos tal vez son otros, pero la calidez y el empuje familiar siguen siendo los mismos. Grecco, el tradicional restaurante ubicado en Buenos Aires y 25 de Mayo, en pleno centro de nuestra cuidad, es desde el martes pasado una verdulería y frutería.

Tal metamorfosis tiene un solo fin: sobrevivir en tiempos de aislamiento ante la pandemia de COVID-19. Bien sabido es que los locales gastronómicos se vieron severamente afectados desde que toda la vorágine comenzó a ser parte de cada día, y la llegada de soluciones fue la búsqueda de alternativas.

Carlos Figuera, quien forma parte de ese negocio familiar, dialogó con El Diario y comentó el porqué de tal acción: “La decisión la tomamos hace más o menos un mes. La situación ya no daba para más por los grandes gastos que teníamos: la luz, que venía más que en los meses de mayor consumo de verano y el gas también... estamos agobiados por los costos fijos. Como veíamos en aquel momento que no había perspectiva, tomamos la decisión y tuvimos que adaptar el negocio a las medidas que solicita el municipio”.

“Fuimos, preguntamos los requisitos, presentamos todo y cuando nos aprobaron, abrimos. Esto fue el martes pasado”, comentó Figuera.

El local, que ya va camino a los 38 años de historia, hoy se encuentra con las mesas y las sillas apiladas a un costado y llevando adelante una función completamente distinta. Seguramente la adaptación no fue fácil, y con respecto a eso, Figuera comentó: “Nosotros somos familia gastronómica desde siempre. Lo que tiene que ver con el rubro verdulería uno lo conoce por ir al Mercado y hacer las compras. Estuvimos analizando varios rubros, y dijimos ‘vamos por la verdulería’. Esto es todo un tema, más allá de la experiencia en atención al público, uno no sabe pormenores particulares, como la conservación, y vamos aprendiendo poco a poco”. Vale destacar que la inversión hubiera sido mayor en el caso de haber optado por la panificación o el expendio de carnes.

“Gracias a Dios, la respuesta de la gente es muy buena: el primer día pensábamos que no íbamos a hacer ninguna venta. A las 11 de la mañana del martes, mi papá me dijo que abriéramos otro día, pero lo hicimos esa misma jornada como estaba y empezó a ingresar gente”, remarcó el gastronómico con alegría.

“El miércoles, que fue el segundo día, estuvo mejor y hoy (por ayer) también nos está yendo bien”, agregó.

“La gente sabe que uno está haciendo algo por una situación necesidad extrema. Hay muchos que te vienen a comprar como dándote una mano y eso se agradece, pero también hay otra gente que ve los precios, viene y compra”, especificó.

 

“Hay nostalgia”

Si bien el primer paso fue difícil, la fuerza de la circunstancia fue contundente. “Lo resistimos”, refirió Figuera, y se explayó: “No lo queríamos hacer, es algo momentáneo, pero hay una nostalgia de tener que correr las mesas y ver todo a un costado: las mesas apiladas, amontonadas, y del otro lado hemos armado la verdulería... Uno que trabaja todo el día, o mi papá también, tener que llegar a esto, pero bueno, era esto o que la crisis nos terminara de comer”.

En el sector actualmente trabaja el grupo familiar y un grupo de empleados que se van rotando. Esta decisión también se debió a que la comercialización en modo delivery no era la más factible. 

“No teníamos estructura para ese servicio. Trabajamos más con el salón de venta, por ahí en otros lugares en el transcurso de cuatro o cinco años han hecho una clientela grande, pero lo nuestro es atención al público. Un restaurante tradicional, con menú ejecutivo, para venir y comer”, señaló.

Mirando a futuro, sobre una posible vuelta del ramo, afirmó: “Siempre, antes que nada, es preferible que nos autoricen a abrir con un 30% o 40% de ocupación, pero no sé si dan los números con esa capacidad, no me senté a ver”.

“Comparándolo con este momento, con esto armado, habría que tener las heladeras con mercadería, los freezers y las luces para que entren 10 personas”, estimó.

“Pero no solo eso, hay otros dos puntos: la confianza de que las personas salgan, por más que tengamos todas las medidas de seguridad y protocolo, por un lado, y por el otro, que la gente pueda salir por el tema económico. Es otro gran aspecto, porque a lo mejor abrís y la pregunta es cuánta gente está dispuesta a gastar 500 o 700 pesos un sábado a la noche”, resumió.

El local, actualmente dedicado a la venta de frutas y verduras, proyecta sumarle anexos en panadería y algunas pastas secas.

 

La electricidad y el gas, en foco

Tal como en otros sectores gastronómicos, la facturación tal vez no habría sido acorde a los gastos reales. Figuera, refiriéndose a los gastos de gas y energía eléctrica, indicó: “En el caso del gas, la factura es algo estimativo, pero vino más consumo que en julio del año pasado, cuando más frío hace. Está bien que es estimativo y cuando vengan a medir tendré dinero a favor, pero hay que pagarlo ahora, cuando estamos complicados”.

“De luz me vino igual que en los meses de consumo, cuando tenía los aires acondicionados encendidos, y hace dos meses que el negocio está parado. No hablo de la última factura, sino de la primera que llegó después que se inició la cuarentena. Tal vez agarró un poco el negocio abierto, pero la mayor cantidad de días estuvo cerrado”, agregó.

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