La desprotección de quienes reparten
Reflexiones y entrevistas de dos docentes universitarias en relación a las aplicaciones por las que se hacen pedidosLa politóloga Vanesa Villarreal y Susana Roitman, licenciada en Filosofía, ambas docentes de la Universidad Nacional de Villa María, retrataron en una nota la vida cotidiana, las trayectorias laborales y las condiciones de trabajo de las y los repartidores mediante plataformas - aplicaciones, subrayando que en la ciudad de Córdoba se ha duplicado el número de trabajadores en menos de un año, pasando de mil a dos mil.
“Aunque algunos autores, como Guy Standing, se refieren a este mundo heterogéneo de modalidades de trabajo flexible, como una nueva clase social que han denominado precariado, de lo que se trata es de una intensa flexibilización del trabajo asalariado, aunque se disfrace. La fuerza de trabajo se vende como una mercancía que produce más valor para la clase capitalista en su conjunto, si consideramos cadenas extensas que incluyen producción, distribución, comercialización y suman ahora el reparto a domicilio”, describieron las autoras.
“Aquí se entrelazan los trabajos y los días de millones de trabajadores del mundo entero y a lo largo de la cadena la irrupción de las aplicaciones, desplaza sus nodos. La fuerza de trabajo del mensajero la paga el cliente, la ganancia de la aplicación el local proveedor”, advirtieron.
“Esto es; en el extenso y abigarrado espectro de la clase-que-vive-del-trabajo, según la afortunada expresión de Antunes, el proletariado de aplicaciones, resulta una de sus regiones, por cierto muy vulnerable y desprovista de protecciones jurídicas”, acotaron.
En un pasaje de la nota, las profesionales hacen referencia a una entrevista publicada en Infonegocios, en la que un gerente de aplicación “cuyo nombre queda en el anonimato, dice sin pudor respecto a la posibilidad de imponer alguna regulación laboral: ‘La Argentina no es un mercado tan importante como para que las empresas adapten todo su modelo de negocios y tengan empleados. El punto de partida tiene que ser la flexibilidad del repartidor porque ese es el modelo, si no, estas plataformas van a sacar su inversión de estos países y se van a ir absolutamente todas. El número de trabajadores de delivery es impreciso’”.
Las docentes universitarias señalaron que “es incierto el cálculo de cuántas y cuántos trabajadoras y trabajadores de la Argentina se movilizan diariamente y ponen en riesgo su cuerpo en sus propios vehículos -bicis, motos y autos- para cumplir con los pedidos”, y en ese sentido tiran algunas conjeturas. “Un estudio de Cippec ubica el número de trabajadores de plataforma en el 1% de la población ocupada, lo que, de acuerdo a los valores de la Encuesta Permanente de Hogares del segundo trimestre 2019 (31 aglomerados urbanos), implica un total de 120 mil trabajadores. Sin embargo, el análisis considera que de ese número impactante, corresponden a las más importantes de reparto, Rappi y Glovo, cerca de 11 mil. Por su parte, La Voz estimaba en septiembre de 2018, mil trabajadores en la ciudad de Córdoba, mientras que en junio de 2019 estiraba el número a dos mil, ¡se duplicó en nueve meses! La distribución es fluctuante entre Glovo, Rappi, Pedidos Ya y Uber. Según La Voz, menos de la mitad factura como monotributista”.
Y dicen las autoras del texto: “Si estimamos que la franja etaria predominante en el sector oscila entre los 20 y los 30 años, podemos calcular que al menos el 2% de la población ocupada de los jóvenes del Gran Córdoba se dedica a esta tarea. Pero los cálculos se complican más aún, si atendemos al señalamiento de un trabajador acerca de que actualmente hay 1.500 bloqueados, un eufemismo para no hablar de despidos en este mundo llamado cínicamente de economía colaborativa. Esto es, las cuentas en suspenso son un número similar a las activas”.
Los repartidores fueron noticia días atrás a partir de una asamblea reprimida por la Policía, lo que luego derivó en un paro con caravana en la capital provincial.
En el trabajo efectuado por las citadas docentes, en primer término captan las trayectorias laborales y las condiciones de trabajo de estos trabajadores, y anticipan que en una segunda entrega se acercarán a las formas de resistencia cordobesa.
De la charla con distintos entrevistados surgieron datos contundentes sobre la realidad que atraviesan (ver recuadros).
“Las oficinas funcionan como panóptico electrónico que controla vía celular y GPS la trayectoria del repartidor, los minutos que tarda y la eficacia del recorrido. Todo algoritmizado en la definición de los puntajes”, advirtieron las profesionales.
Otro fragmento del texto de las autoras dice: “Proyectos de regulación de la flexibilización que van, vienen, y se cajonean frente a la firmeza del lobby del capitalismo cognitivo. Como eco se escucha el coro de alabanzas del empresario de sí mismo, que acompañó a la subjetivación neoliberal, que ya mostró sus cartas, como lo muestran las revueltas prepandemias que deben retomar su fuerza, con nuevas razones”.
“El discurso edulcorado no confunde a uno de nuestros entrevistados que señala con claridad: ‘La verdad, somos dependientes, no colaboradores independientes, pero estamos en un gran abismo, no sé si legal o judicial. Tenemos cuestiones que hacen los trabajadores dependientes como cumplir horas, cumplir condiciones de vestimenta, cumplir con el trabajo. Si llega a pasar algo malo con el pedido, nos tenemos que reportar a la oficina. Tenemos obligaciones de trabajadores dependientes que si fuéramos independientes, no tendríamos que tenerlas”.
“Si pasa algo, nadie se hace cargo”
Una de las entrevistadas por las docentes fue Romina: “Nosotros no tenemos ART. Muchos pibes y pibas sacan seguros de vida, obras sociales mejores que las del monotributo, como para tener algún tipo de as bajo la manga para resguardarse, pero son poquitos, las obras sociales buenas están carísimas.
Si llegamos a sufrir algún accidente, el asunto es ver cómo seguimos laburando. A mí me han chocado con la moto ya dos veces y cuando laburaba en bici me chocaban todavía más. Y lastimada o con el vehículo roto, me tenía que parar y seguir laburando, porque si no, no cobraba.
Al choque lo llamamos el bautismo, si no te chocan no sos de la aplicación. Lamentablemente es algo medio naturalizado en el sector. Por suerte, en Córdoba ninguno ha llegado a ser fatal. Si nos enfermamos, igual tenemos que salir a laburar. Nos podemos tomar un día, como mucho dos, pero no más.
No laburar es menos facturar y tenemos cosas que pagar. Estamos en riesgo del coronavirus y nosotros laburando. Si pasa algo en medio de un contagio, la empresa no se hace cargo. Nadie se hace cargo”.
El cobro es por quincena
Otra de las consultas que efectuaron las autoras del texto se hizo a Rodrigo. “La metodología de cobro es por quincena, aunque siempre nos dejan hacer un retiro diario, pero el resto lo cobramos al finalizar los 15 días.
La cantidad del pago depende de la cantidad de horas trabajadas. Yo trabajando ocho o nueve horas por día cobro 1.600 pesos, aproximadamente.
En este sector la mayoría de los compañeros les facturan a varias aplicaciones porque cada uno elige con qué empresa trabaja al mes. De este modo no pasa como relación de trabajo encubierta”, dijo Rodrigo.
