Educación y cuarentena - La realidad de una escuela rural
Fray Chianea: cuando lo virtual nunca puede ser una opción
La directora del establecimiento educativo ubicado en cercanías del aeropuerto local revela los obstáculos con los que se enfrentan en épocas de aislamiento para poder seguir enseñando. Lejos de ser solo de conectividad, también son socioculturalesEscribe Damián Stupenengo
De nuestra Redacción
Mucho se habla por estos días de lo que está sucediendo con la educación en tiempos de cuarentena. Que los colegios envían tarea para hacer en casa, o que utilizan plataformas en Internet para dictar clases, o que ponen en marcha distintos tipos de herramientas para acortar las distancias y poder seguir con la tarea educativa, pero en la modalidad virtual.
Muy lindo todo. Pero, ¿qué pasa cuando la comunidad escolar no posee computadoras en sus hogares, cuando hay solo un celular en toda la familia, o cuando es muy escasa la conexión a Internet y la cobertura de datos móviles?
Todos estos interrogantes son los que tienen que afrontar las escuelas rurales. Y los responde a El Diario, Alicia Isaia, la directora de la Fray Chianea, una de las instituciones de este tipo más cercanas al núcleo urbano villamariense.
“De 21 familias, hay un par que directamente no tienen conectividad de ningún tipo, otros que solo tienen celular, pero no tienen siempre señal, algunos que a veces tienen datos como para consultar algo en Internet, y otros que tienen pero es un solo aparato para tres niños y no pueden usarlo todo el día o están los que tienen un aparato viejo en el que no pueden ni descargar un word”, describió sobre la realidad que existe en la entidad educativa que está situada en inmediaciones del Aeropuerto Regional y que dibuja un panorama de los obstáculos que se le presentaron al momento de encarar el abordaje de la continuidad escolar en tiempos de cuarentena.
La docente dijo que buscaron todas las estrategias posibles, y que terminaron optando por preparar actividades desde sus hogares, confeccionar cuadernillos y hacérselos llegar a las familias. “Nos manejamos de esa forma, día por día, con distintas actividades. Los cuadernillos se los enviamos o los cito a los padres un día en la escuela y en 20 minutos se los entregamos a todos”, reflejó.
Los cuadernillos guardan las actividades para toda la semana. Incluso también “desafíos” que suman los profes de música, inglés, educación física y arte “que a ellos les encanta, porque hacen otro tipo de actividades que no son las meramente pedagógicas como Matemática o Lengua”.
Casi con resignación, Isaia reconoció que “es la única estrategia que nos funciona a nosotros”. Los niños que asisten a los niveles iniciales y primario de la Escuela Rural Fray Chianea son 40. Allí también comen, por lo que en este contexto el Paicor le está acercando los módulos alimentarios “y aprovechamos también cuando tienen que ir a buscarlos para darles los cuadernillos de actividades”.
No todo está resuelto
Los cuadernillos son una parte de la solución que encontraron, porque en realidad existen otros obstáculos, que no tienen nada que ver con la accesibilidad a las tecnologías de la comunicación, sino con la realidad que atraviesa a las familias.
“Tenemos que desarrollar estrategias y material de manera tal que lo puedan entender los niños y también los padres. Porque ese es otro tema, por ahí las mamás y papás se ven desbordados o sobrepasados y me llaman diciéndome que ellos no entienden lo que los niños deben hacer”, reveló la directora de la institución.
Ante este tipo de situaciones, la respuesta de la educadora deja ver su lado más humano: “Les decimos que preserven el vínculo que tienen con sus hijos, que no se peleen con ellos porque se enojan. Que dejen pasar un momento, que nos llamen para ver si podemos ayudarlas, pero que si no lo pueden hacer, que no lo hagan, cosa de no generar más malestar dentro de la familia”.
En general, según nos dijo, en todas las escuelas rurales se están manejando de forma similar. “Somos un grupo de maestros rurales que estamos comunicados siempre, somos de la misma zona y trabajamos juntos más o menos de la misma forma”, contó.
-¿Qué piensa del hecho de que se esté hablando tanto de la educación virtual en estos tiempos, cuando la realidad de ustedes y de las escuelas rurales, es otra?
“Desde un principio nosotros sabemos que no estamos en igualdad de condiciones. Dentro del ámbito de la escuela quizás sí, con Internet y conectividad. Pero ahí, en el centro educativo. Cuando ellos van a sus casas la realidad cambia, y es totalmente distinta a lo que veo en otras escuelas donde los chicos pueden tener clases virtuales, contestan preguntas en una plataforma y tienen la respuesta al instante… estamos muy lejos de eso”.
Finalmente, Isaia, quien lleva más de tres décadas enseñando en la ruralidad, consideró que junto al grupo de docentes que la acompaña en la Fray Chianea “estamos en el medio” en el sentido de que “tratamos de que puedan incorporar herramientas de la conectividad, lo que sea desde el punto de vista tecnológico, pero por otro lado sabemos que tienen muchas limitaciones”.
Claro está que la desigualdad entre las escuelas rurales y de las otras es un estigma que está presente siempre, incluso dentro de las aulas (la Fray Chianea hasta hace un año solo tenía un aula para nivel inicial y primario). Pero ese flagelo no es solo entre las instituciones, sino que, en estos casos, queda reflejado que también es sociocultural, acarreando limitaciones profundas cuando de recursos -en este caso tecnológicos- se trata.
