Después de la cuarentena - La situación de los niños en medio del aislamiento

“Se visibilizará en niños algo que ya existe”

Susana Amblard, licenciada en Psicología, destacó la importancia del panorama actual para poder visibilizar el desarrollo cognitivo de los más pequeños. Asimismo, recalcó la importancia del docente y de un ámbito escolar que hoy no está como algo vital para su construcción
sábado, 25 de abril de 2020 · 08:00

Durante las últimas horas, un texto de la licenciada en Psicología por la Universidad Nacional de Córdoba y docente de la Universidad Nacional de Villa María, Susana Amblard, ha puesto en foco la situación de las interacciones, conductas, formas de relacionarse y el aprendizaje en los miembros más pequeños de la familia en el contexto del aislamiento obligatorio por la pandemia por COVID-19; es decir, su desarrollo cognitivo.

El artículo titulado “Después de la cuarentena”, responde el interrogante acerca de “cómo suponemos que impactará en los chicos este aislamiento” y su relación con la futura vuelta a clases (que aún no tiene una fecha firme).

La especialista dialogó con un periodista de El Diario y ratificó que “existen dos conceptos claves que se desarrollan, pero nada de lo que ocurra con los chicos va a ser nuevo, lo que va a hacer el coronavirus o el encierro es visibilizar algo que ya está” y detalló: “De todos los fenómenos que veníamos viendo en nuestras investigaciones, de los niños que estaban en dificultades nos preguntamos ¿cuáles se acentuarán?, pienso siempre en el aspecto que tiene que ver con esto la escuela; al mismo tiempo pensamos en cuáles aspectos positivos, que ya se venían viendo en los chicos sin dificultades, van a ser los que se van a potenciar o beneficiar, en el sentido de que el ocio y el tiempo libre o la falta de horarios y de agenda, los beneficia. Entonces, se enriquecerán en creatividad e imaginación”.

 

El texto

Citando partes del texto compartido por la investigadora, la  licenciada define que “lo novedoso no es solo estar con la familia todo el tiempo, hacer un corte en las múltiples actividades que desarrollan en el afuera, desde las obligatorias como la escuela, hasta las recreativas, sociales y extracurriculares, sino estar adentro en tiempos que no son precisamente de fiesta y en los que parte de la energía psíquica disponible habitualmente para tareas de esfuerzo como las escolares, por ejemplo (esfuerzo para el hijo y los padres). Hoy, un porcentaje de ellas están destinadas a procesar los sentimientos angustiosos que la situación nos genera”.

Al mismo tiempo afianzó que “nada de lo bueno o malo que acontezca será del todo causa de la pandemia, en todo caso tendremos que considerar lo que surja, lo que se manifieste, como algo que ya estaba y ella posibilitó que se evidenciara”.

Evitando caer en generalizaciones, Amblard especificó que para tal texto se toma la franja etaria de 3 a 8 años, “por ser la que concentra mayor cantidad de factores que impulsan o inhiben el desarrollo”.

Siempre con una perspectiva a futuro, respecto a los niños y su capacidad de interpretación y adaptación al ambiente, aseguró que “parece ser que aquellos que han ido logrando mayor independencia con el adulto, o sea capacidad de entretenerse a solas, prescindir de su asistencia para hábitos personales (bañarse, vestirse, dormir o hacer tareas), han incrementado de manera exponencial su capacidad de juego y despliegue de fantasía y creatividad, cuadro en el que, sabiéndose cuidados con adultos disponibles en la casa, pero sin la atención sofocante sobre ellos, disfrutan de estar en su mundo”.

“Seguramente, veremos en este sector… lo mismo que advertimos en las escuelas luego de las vacaciones, o sea, un avance significativo en su capacidad de aprendizaje y conducta social”, estimó.

“La eficacia pues, del juego, el ocio y la liberación de agendas completas, da lugar a la expansión de aspectos subjetivos sin los cuales los aprendizajes escolares, entre otros, resultan frágiles y efímeros”, indicó.

“A la inversa, aquellas situaciones de dificultad que se vienen arrastrando desde el jardín tal vez, serán las que más habrá que atender, además de considerar un serio análisis de las mismas, para rastrear sus causas y crear dispositivos de intervención tanto escolares como familiares”, apuntó.

De igual modo, subrayando el hecho de la utilización de dispositivos tecnológicos como celulares, advirtió un “alerta roja… El exceso en su uso es nocivo en general. Pero en estos momentos de encierro tanto peor por cuanto no existe el antídoto que atenúe el daño. No hay deporte en clubes, no hay juego con amigos, no hay escuela con sus exquisitos recreos, no hay cumpleaños y particularmente la adicción que generan roba tiempo al juego creativo”.

“Con la vuelta a clases, estaremos muy atentos a una problemática acuciante que parece crecer como otro virus. Me refiero a los chicos que no quieren ir a la escuela. Este tema es complejo y profundo y lo analizaremos en otro momento”.

“Solo tomo de dicha complejidad un miedo recurrente de ciertos alumnos, a un peligro sin forma y sin nombre. Siniestro en el sentido de que, aquel ámbito en el que debieran sentirse de modo intangible las garantías de cuidado, a la hora de estar en el aula desaparecen (las garantías)”, manifestó.

 

El niño como sujeto en construcción

“La desaparición de la idea de que el niño es un sujeto en construcción, lo pone en un lugar de adulto en miniatura, del que se espera que tenga, respecto de sí mismo y del mundo, una idea acabada”, comentó la profesional.

“Esto es peligroso -sostuvo- porque desde este ángulo se le habilita tomar decisiones, prescindir de las referencias adultas y en muchos aspectos cuidarse solo. Esto aterra. Un chico necesita saber que el maestro o maestra, sabrá qué hacer cuando tenga un berrinche, cuando se niegue a entrar al aula, cuando no quiera copiar. Esto es un niño, el que alguna vez hace todo esto. Y el docente lo sabe, y sabe qué hacer, pero no está seguro de que su hacer no le traiga problemas con la familia, la inspección, la Justicia...”.

“Como si fuera poco y en el contexto planteado no se puede ir a la escuela porque apareció otro peligro. “Quédate en casa”, metáfora tramposa para una cabecita que todavía no puede entender el múltiple significado de las palabras y que ya había llegado a la conclusión de que el mundo externo no es confiable”.

En la misma entrega, la especialista destacó el trabajo que se encuentran realizando los docentes en este momento crucial para el mundo. 

(N. de la R.: por su extensión, el texto ha sido parcialmente segmentado, respetando cada concepto emitido).

 

Perfil. Licenciada en Psicología por la UNC; especialista en Psicología clínica y psicología educacional.

Desde 2002 y hasta 2020 es responsable de los espacios académicos de las cátedras en la carrera de Psicopedagogía de la UNVM, “Seminarios en Psicopedagogía de la Niñez y Psicopedagogía de la Adolescencia” y “Seminario en Psicopedagogía de la Adultez”

Investigadora con subsidio entre 2002 y 2015 sobre temáticas relacionadas con la cultura, infancia y educación.

Ha publicado cinco libros, artículos y capítulos en textos relacionados con la temática siendo los más recientes y de su autoría “Aquello de la crianza que no debe cambiar” y “Más ingenioso que ingenuo, estudio sobre juego”.

 

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