Faró y Ferreyra - Testimonios de la guerra

“Soy veterano, fui soldado...”

jueves, 2 de abril de 2020 · 08:47

Escribe Luciano Pereyra

ESPECIAL PARA EL DIARIO

El 2 de abril de 1982 se produjo el desembarco del buque Cabo San Antonio en las Islas Malvinas, la recuperación del territorio usurpado desde 1833 y la posterior guerra contra la tercera potencia bélica mundial y sus aliados de la OTAN. El conflicto de Malvinas está muy presente en la vida cotidiana de la ciudad de Villa Nueva, fundamentalmente en el ámbito escolar y social. Las 124 viviendas que construyó el Gobierno provincial de facto, luego del conflicto bélico de 1982, se denominaron barrio Malvinas Argentinas.

Cada año el acto en homenaje a los veteranos y caídos en la guerra reúne a todas las fuerzas vivas e instituciones de la ciudad, transformándose en un evento que marca el sentido de pertenencia de los villanovenses. Este año, por la pandemia de COVID-19, no habrá actos oficiales, pero sí manifestaciones patrióticas de una sociedad que no olvidó a sus héroes.

El documento oficial de 1982 denominado “Fondo Patriótico” que se encuentra en el Archivo Histórico Municipal de Villa Nueva nos muestra el apoyo que brindó la sociedad villanovense a la causa Malvinas, el patriotismo aletargado quedó manifestado en la contribución económica del pueblo.

Aquel 2 de abril, el soldado villanovense Carlos Daniel Ferreyra, del Batallón de Infantería de Marina Nº 5, participó del desembarco y la recuperación de las islas. En carta a su madre escribió:

“...Ahora paso a contarles algo que nunca pensé vivir... Estuve en las Islas Malvinas por el conflicto con los ingleses. Desde aquí hasta allá fuimos en buque y demoramos cinco días para llegar... Desde el buque desembarcamos en tanques de guerra... Apenas llegamos a la playa nos empezaron a tirotear... Entonces bajamos enseguida de los tanques y nos pusimos cuerpo a tierra y empezamos a tirar nosotros también... El tiroteo duró más o menos una hora o dos. Después ellos, los ingleses y el gobernador, subieron la Bandera argentina. Entonces se rindieron...”.

Horacio Faró nació en Las Perdices el 17 de abril de 1963. Es un villanovense por adopción. Un par de años después de la guerra formó su familia con Noemí Somale y tuvieron dos hijos: Betiana y Elián, quienes les dieron tres nietos: Alfonsina, Brunella y Felipe. Fue soldado en el RIM 25, Compañía B. Es un promotor cultural de la causa Malvinas en las nuevas generaciones. Hoy, a 38 años del conflicto en el Atlántico sur, nos cuenta su historia.

“...Fui al Servicio Militar en el año 82, con 18 años. Desde Las Perdices, el 2 de febrero me incorporé en Sarmiento, Chubut, que está en el límite con Santa Cruz, a 150 kilómetros de Comodoro Rivadavia. Ahí me instalé en el campo de instrucción, donde tuve un percance al clavarme espinas en la mano. Me dieron el alta de la enfermería justamente el día 1 de abril. Cuando llegué al dormitorio, al lugar donde dormía toda la Compañía B, ya no había nadie, no había ningún soldado... Me encuentro con todo el armamento, los cascos, los cargadores todo preparado en cada cama de cada soldado y empecé a los gritos pidiendo hablar con un jefe... Salió un jefe mío y me obligó a que no le preguntara nada y me mandó a cuidar la puerta de entrada... Al ratito llegaron todos al comedor... Desde ahí me manda a la casa del barrio de oficiales a llevar unas cosas y me dijo que le limpiara el patio. Cuando volví, como a las seis de la tarde, no encontré más a nadie... Pero en el viaje de vuelta vi los camiones y los colectivos. Bueno, fueron ellos los que llevaron como primera tropa al aeropuerto de Comodoro y los trasladaron en avión hacia Malvinas...”.

“...En el caso mío, terminé yendo como una compañía de refuerzo. Llegué a Malvinas el día 11, con un montón de soldados que fueron reincorporados de la clase anterior, que era la 63... Los primeros días paramos en un lugar en Malvinas que era como una especie de laboratorio que estaba a la entrada del pueblo, después nos llevaron caminando como 10 kilómetros, nos instalamos y de ahí nos llevaban todos los días hacia el campo donde iba a ser nuestro lugar de combate. Así fuimos haciendo cada uno su pozo de zorro...”.

“...Cada pozo era para dos soldados, yo tenía un compañero que era de Comodoro Rivadavia. Ahí tuvimos un tiempo juntos y después lo vinieron a buscar para ser el asistente de un jefe... así que me quedé solo varios días. En un momento tuve un problema de estómago, empecé con vómitos de sangre y me llevaron el pueblo, cerca del rancho donde hacían la comida para alimentarme un poco más… Ya estaba bastante flaco...”.

“...El primero de mayo fue el primer ataque de los ingleses con vuelos rasantes de aviones y tiraban desde los barcos… Todo eso me agarró en el pueblo. Tiraron bombas bastante cerquita, ráfagas de ametralladora. Nos metimos en una zanja hasta que pasó el primer ataque y después todos los días tuvimos bombardeos navales y aéreos. Cuando yo me mejoré un poquito al cabo de cinco días en el pueblo, me volvieron a llevar al pozo, a mi pozo, a mi lugar y ahí me banqué toda la guerra hasta el 9 de junio… unos cinco días antes de que se rindieran. Me trajeron porque no camine más, no podía caminar, no sentía más los pies, tenía principio de ‘pie de trinchera’. Me llevaron al hospital… Y cada vez que me llevaban hasta el aeropuerto para que me trajeran al continente, cantaban el alerta roja, ataque aéreo y entonces me pegaba la vuelta. Hasta que de tantos viajes que hice, enganché un avión y me trajeron hasta el continente, a Río Grande, en Tierra del Fuego, y después a Comodoro, donde estuve internado dos días, para entonces partir hacia Buenos Aires, en Campo de Mayo… Estuve como 20 días más hasta que me empecé a recuperar de nuevo de los pies, empecé a sentir y empecé a caminar…”.

“…Hay una historia clínica mía que dice que yo venía con desnutrición, pie de trinchera y una úlcera en la rodilla derecha… Que esa úlcera no sanaba y me tuvieron que enyesar toda la pierna… Tengo un certificado que me dio el Ejército qué indica que yo soy veterano de guerra, que fui soldado…”.

“…Después hay una esquirla de una bomba que la conseguí cuando volví a Malvinas en 2010. La pude traer medio escondida; una punta de una bala de FAL (Fusil Automático Liviano) que era el fusil que yo manejaba y una maquinita de afeitar que la encontré en mi pozo de zorro… Yo no me quise traer nada de los pozos de mis compañeros, porque si algún día llegan a volver a las islas quiero que ellos se encuentren con sus cosas… Lo que no es mío no me lo traje y, bueno… Había muchas cosas hay un poco de todo tirado en el campo de batalla...”.

 “…La supervivencia, las bombas, las cosas que se ven en el hospital cuando volvés, los tipos mutilados, quemados, ¡es cosa de locos!… Ver mil personas destruidas a los 18 o 19 años… Es para toda la vida, después, así que es complicado… Pero, bueno, es una etapa de la vida que ya fue… Y hay que tratar de llevarlo lo mejor posible…”.

           

Dedicado a los veteranos villanovenses: José Daniel Esparza, Walter Daniel Suárez, Walter Marchetti, Hugo Daniel Ferreyra, Bernardo Rodríguez, Erico Polliotto, Severo Bodart, José Gambino, Horacio Faró, Jorge Minué, Carlos Goycochea y a la memoria de los fallecidos Reyna, Alzugaray, Ballses y Carlos Daniel Ferreyra. Y a todos los veteranos de nuestra región y del país.

 

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