Pandemia - “...Un hombre muerto solo tiene peso cuando se lo ha visto muerto”
¿Qué hacemos en las calles?
Preocupan algunas leves historias cotidianas que, sumadas, nos pueden conducir a uno de esos callejones sin salida...Escribe: Sergio Vaudagnotto
De nuestra Redacción
Quería compartir inicialmente el sencillo gráfico con el que el ingeniero Germán Cassetta viene siguiendo la evolución de la pandemia en Argentina. Con una sencillez extraordinaria, demuestra que para el 22 de marzo se duplicaban los casos confirmados de coronavirus en el país cada cuatro días; para el 28 de marzo, cada cinco días, para el 4 de abril, cada siete días... Y así hasta el martes último, 14 de abril, cuando le pedí que me lo actualizara y gentilmente accedió. Duplicamos ahora los casos cada 11 días. Debajo de sus trazos, el coordinador de Gabinete de la UNVM escribía solamente: “Con aislamiento lo estamos frenando” y formulaba el llamado #QuedateEnCasa.
Le pedí a Raúl Olcelli, quien se encarga de las infografías en El Diario, que lo trabajara y también lo hizo como una contribución al cuidado de la salud de todos. Realizó la imagen que están viendo bajo el título.
Dicho esto, quiero contar solamente dos casos de los cientos que se producen cada día en nuestra ciudad y en otras muchas localidades. Uno sucedió el lunes, en bulevar Italia/Cárcano, donde dos hombres paseaban cada uno a su perro... ¡a más de 20 cuadras de sus hogares! Fueron detenidos por la Gendarmería. El segundo episodio, en la cola de un banco, frente a plaza Centenario, donde una señora comentó a quien la quisiera escuchar que iba “a ver si tenía suerte para renovar el plazo fijo”.
Y hay más, lamentablemente hay muchas más situaciones que resultan incomprensibles cuando se procesan mentalmente las imágenes que nos llegan desde países que amontonan cadáveres en pasillos de hospitales y hasta en las calles, otros que sepultan a las víctimas de la pandemia en fosas comunes...
Sé que un altísimo porcentaje de la población tiene conciencia sobre la situación en la que estamos inmensos (todos, la humanidad, digo), y no interrumpe la cuarentena más que por razones justas y contempladas por las reglamentaciones vigentes. Pero, por el modo en que se da el contagio de esta peste, también sé que esa minoría desprejuiciada puede contagiarse y contagiar; hasta matarse y matar. Y lo pongo en estos términos porque de eso se trata.
Albert Camus publicó en 1947 su novela La Peste, en la que cuenta la historia de unos doctores que descubren el sentido de la solidaridad en su labor humanitaria en la ciudad argelina de Orán, que estaba siendo azotada por una plaga. En uno de los primeros pasajes, Camus, que había trabajado como voluntario en medio del caos, escribió: “...un hombre muerto solo tiene peso cuando se lo ha visto muerto; cien millones de muertos, sembrados por guerras y pestes a través de la historia de la humanidad, no son más que humo en la imaginación... La peste de Constantinopla, según Procopio, causó 10 mil víctimas en un día. Diez mil personas es la población de cinco salas de cine en un sábado por la noche. Esto es lo que hay que hacer: reunir a la gente a la salida de cinco grandes cines, conducirlas a una playa de la ciudad y hacerlas morir en montón para ver las cosas claras. Además, habría que poner algunas caras conocidas por encima de ese amontonamiento anónimo”.
Terrible imagen literaria. Parece tan actual, después de más de siete décadas... Es eso lo que está pasando en muchos lugares y es lo que puede llegar a pasar si continuamos con las leves y no tan leves historias cotidianas, porque hasta cumpleaños se están festejando como si nada (con todo). ¿Qué hacemos? ¿Una montaña de cadáveres como propone el escritor? ¿Se entendería? O de todas maneras seguiría primando eso de que “son alarmistas”, “nos mienten”, “a mí no me va a tocar”, “eso pasa lejos de acá”. ¡Tenemos 23 casos confirmados en Villa María, Villa Nueva y la región! ¡Acaba de producirse la primera muerte entre nosotros! Los médicos y todo el personal de la salud, como el de algunos otros rubros ligados a nuestra supervivencia, se la juegan todos los días... Pero no hay caso. Hay quienes se sienten inmunes o con permiso. La sociedad, a su alrededor, no existe.
La novela de Camus conlleva una reflexión de tipo filosófico: el sentido de la existencia, el ser humano que no tiene control sobre nada, la irracionalidad de la vida... Así, la peste revela el absurdo.
Algunos estudiosos de la obra del autor francés dicen que nos hace ver lo absurdo de todo, para que imaginemos que las nuevas razones de la existencia serían las que vayan ligadas a valorar la vida humana y el apoyo mutuo, la cooperación..., todo lo contrario a la indiferencia. Que así sea.
Y mientras tanto, hacé el favor, #QuedateEnCasa.
