“El peor virus para una sociedad democrática es el olvido”
La Mesa de Trabajo por los Derechos Humanos de Villa María y Villa Nueva comparte este documento a 44 años de la última dictadura militar, que fue sostenida e institucionalizada por sectores de la Iglesia y civiles de nuestras ciudades, cómplices por acción y omisión de este proyecto criminal. Muchos de ellos eran amigos y con mucha frecuencia compartían reuniones amistosas con el teniente coronel Fornari, titular de la Fábrica Militar de Villa María.
El 24 de marzo de 1976 fue el más cruel e inhumano genocidio de la historia argentina, produjo incertidumbre, miedo y múltiples violaciones a los derechos humanos más sensibles. En nuestra región, muchas de las detenciones irregulares, los secuestros, la tortura y la desaparición de personas se decidían en amenas reuniones entre militares y un nefasto entorno de colaboradores, quienes tuvieron un rol relevante en la conformación de las “listas negras”. Hoy, con algunos de ellos nos encontramos compartiendo nuestras calles, son “ilustres ciudadanos” que juegan el rol de “democráticos”, pero son cómplices pusilánimes y peligrosos de la mayor tragedia que azotó al pueblo argentino.
El golpe militar de 1976 produjo fisuras y desequilibrios profundos en la sociedad y en las instituciones fundamentales del sistema democrático, en el Estado, la Justicia, el sistema educativo y en el modelo de desarrollo económico, que a pesar del tiempo transcurrido no han sido revertidas. De a poco, transitamos un proceso doloroso de recuperación de una democracia plural, donde el humanismo sea el eje de una nueva sociedad igualitaria. La “Noche de los Lápices” es el ejemplo contundente de la irracionalidad aplicada por estos criminales a nuestros jóvenes, con la pretensión de establecer una sociedad dócil, silenciando cualquier reclamo.
Nuestra acción política durante todos estos años, aún en tiempos de la dictadura, tuvo un recorrido histórico, comprometido, en busca de la verdad, y a través del tiempo se fue fortaleciendo en la medida que perdíamos el miedo y la sociedad tomaba conciencia de los sucesos trágicos que padeció la Patria.
Los golpistas de América interpretaban localmente un proyecto pergeñado por el imperialismo que, ataviado con el funesto nombre de “Plan Cóndor” persiguió y masacró a un activismo comprometido que soñaba con que la Patria Grande pudiera cobijar una administración independiente de la CIA y la Casa Blanca.
Fue la lucha y la obstinación por recuperar la dignidad la que puso fin al estado terrorista y al primer ensayo neoliberal que persiguió y sumió en sangre a los mejores hijos e hijas de esa noble generación. Retomando su compromiso histórico, los sobrevivientes y un floreciente activismo democrático abrieron el camino de la justicia, esa misma huella sobre la que caminamos para darle profundidad y dotarla de solidaridad y justicia a la democracia que recuperamos en 1983.
En los primeros tiempos, nuestro reclamo de Memoria, Verdad y Justicia tuvo como objetivo principal la búsqueda de homenaje y reparación de las víctimas de la noche genocida, nuestros torturados, desaparecidos, ejecutados, asesinados y exiliados. Hoy, portamos las mismas banderas que ellos enarbolaban en la resistencia a las estrategias de dominación política y económica que amenazan nuestro futuro. Nuestra consigna de Memoria, Verdad y Justicia tiene para nosotros otra dimensión, la de la libertad como país, la de los derechos sociales y humanos, la de la libertad y la democracia profunda, sustentada en la dignidad de las personas.
La democracia se transforma en un dispositivo que nos reclama caminar juntos si pretendemos avanzar en la conformación de una sociedad más justa, evitando divisiones que nos debiliten y nos empujen como comunidad a un mañana sombrío, con una sociedad egoísta, carente de empatía, con sitio para unos pocos. El desafío es ver de qué manera podemos articular nuestros intereses con los del pueblo, que están por encima de los proyectos sectoriales y las miradas individuales.
Señala el juez español Baltazar Garzón: “La sociedad se fortalece a sí misma reconociendo lo que aconteció en un momento de su historia, así como los hechos que propiciaron su ruptura y la sumisión a la voluntad del dictador. Y en ese sentido, no son el silencio, ni el olvido, ni la impunidad surgidos de esa impúdica unión los que deben prevalecer en la memoria de un pueblo, sino las decisiones que hicieron posible la verdad, la justicia y la reparación de quienes sufrieron la represión y el dolor de quienes tenían la obligación de protegerles y no lo hicieron”.
A la Mesa de Trabajo por los DD.HH. de Villa María y Villa Nueva la integran las municipalidades de ambas ciudades, Concejo Deliberante de Villa María, UNVM, Inescer, GESTA, UEPC, Apuvim, Cispren, Centros de Estudiantes del IAP de Ciencias Sociales y del ESBA, Fuvima, DD.HH. en la cárcel con INCAA VM, comunidad boliviana, entre otras organizaciones sociales y culturales.
