Villamariense en Andorra - El relato de Denise Valera desde Europa
“Piden repatriarse, pero hoy no podemos volver”
Están por expulsarla y no tiene forma de regresar por la pandemia. A los argentinos que trabajan allí les finalizaron los contratos y se vencen las visas y permisosDenise Valera es una mujer villamariense de 28 años que viajó hace seis meses a Andorra para trabajar durante la temporada de invierno europea.
Si bien hasta hace 10 días la vida transcurría normalmente, el principado que limita con España y Francia endureció las medidas a la par del resto de los países de Europa ante el avance del coronavirus.
Esto desencadenó que a los extranjeros que trabajaban allá se les rescindieran los contratos, dejándolos sin fuentes de ingreso. Además, la tarjeta verde que permite vivir allí legalmente se vence en un mes, y no hay medidas adoptadas para que aquellos que no puedan salir del país se puedan quedar.
“Somos cientos de argentinos y varios de Villa María”, contó Denise a El Diario.
“Andorra tiene convenio con Argentina y nos hacen contratos de trabajo por seis meses para cubrir la temporada. Este año encima vinieron muchos más que el promedio. Pero la semana pasada nos finalizaron el contrato antes. Yo tenía trabajo hasta el 13 de abril y ya nos liquidaron todo. Estamos sin trabajo y a algunos ni siquiera les han pagado”.
El Gobierno les hizo llenar un formulario para aquellos que se quisieran repatriar, pero si no tenés ya el pasaje comprado, las fronteras, tanto de España como de Francia, no te dejan pasar: “El Gobierno andorrano nos envía mensajes todo el tiempo que sugieren repatriarse y el retorno a nuestro país de origen, pero al no poder comprar el pasaje no podemos salir”.
Andorra es un principado ubicado entremedio de las montañas de los Pirineos y no tiene aeropuerto ni trenes, solo se puede llegar en colectivo o auto: “No podemos salir, estamos sin trabajo y muchos sin dinero porque no les han pagado lo que les adeudaban. Debían liquidarnos los días que faltaban hasta finalizar el contrato, vacaciones y el finiquito, como se paga acá. A mí por suerte me pagaron y con eso puedo vivir estos días, pero qué va a pasar con todos los que no pueden. El tema también es que mi tarjeta verde, que es el papel que me permite estar acá legal, lo tengo hasta el último día de abril. Nos pueden expulsar, pero ¿a dónde?”.
“Todos en la misma”
Valera señaló que no está en contacto con otros villamarienses, pero sabe que hay muchos, viviendo y por temporada: “Hablo con muchos cordobeses de varios lugares y estamos todos en la misma. Queremos volver y lo estamos intentando desde hace varios días, pero no hay forma por el momento. Estos días vamos a hablar con la inmobiliaria para pedir por lo menos que nos reduzcan el precio del alquiler”.
Denise envió mensajes a Cancillería argentina y sus amigos han hablado por teléfono, pero por el momento les pueden dar respuesta a los que ya tienen un vuelo comprado: “Estoy esperando al 31 de marzo a ver si se regulariza esto, si se abren las fronteras o Aerolíneas Argentinas suma más vuelos. El tema es que si hoy sacamos un vuelo en una aerolínea y después quedamos varados en el medio de la escala es peor porque es más peligroso para todos”.
Hoy en Andorra no hay cuarentena obligatoria, pero sí se les solicita a los ciudadanos quedarse en sus casas: “Como no es obligatorio hay gente que todavía se va de excursión, se va a la montaña, sale, va a esquiar. Eso es un problema porque, si bien no hay muchos infectados, el virus se puede empezar a desparramar más. Igual es un país muy consciente y se ven muchos autos, pero poca gente circulando. Se respetan los metros de distancia”.
“Ya llevo ocho días de confinamiento por voluntad propia”, confesó Denise.
El país chico
Denise contó, además: “Andorra es un país muy chico, es un principado, superpequeño. En temporada alta contratan a los argentinos porque hay más puestos de trabajo que habitantes. Nos contratan porque somos mano de obra barata, nos pagan mucho menos que si fueras andorrano. Está compuesto por valles, que serían como provincias. Viven básicamente del turismo, de los centros de ski. Yo trabajaba en un spa de aguas termales muy grande, en el centro”.
