Octavo día de toma de tierras en el barrio Nicolás Avellaneda - El asentamiento refleja vidas desiguales y los dramas de muchas familias
La angustia de quienes no tienen un techo bajo el cual vivir
Varias familias abandonaron las tierras mientras muchos otros continúan en el lugar. Todos cuentan que no quieren quedarse con esos lotes, sino que el Gobierno genere planes habitacionalesEscribe Diego Bengoa
Fotos: Victoria Araujo y César Carballo
DE NUESTRA REDACCION
Aunque con la deserción de numerosas familias, persistió ayer la toma de tierras en barrio Nicolás Avellaneda y en su límite con barrio San Nicolás de Villa María.
El campamento lleva ocho días y menguó el viernes y ayer a la mañana, por una confluencia de distintos factores, en algunos casos por las imputaciones que dispuso la fiscal Silvia Maldonado por “usurpación” de terrenos privados.
Pero también incidió la postura de uno de los grupos, que en la mañana de anteayer emprendió la retirada del lugar por un posible diálogo con referentes sociales de la Nación. Tal como informó El Diario en la víspera, poco después esas familias decidieron retornar al asentamiento y la mayoría ya no pudo reinstalar sus cosas, ante la intervención policial, que se dio sin incidentes.
Hubo otras razones más. “Hoy se fueron varias familias que estaban acá a nuestro lado. Es muy jodido esto, hay muchos niños, lo pasan mal, mucho calor, insectos, comemos mal, no tenemos baños. Tenemos que estar pidiendo agua a los vecinos”, narró Pablo ayer a la siesta, cuando este diario recogió diversos testimonios en lo que fue el octavo día de toma.
Pablo dijo que hace diversas changas, de albañilería y jardinería. Remarcó que “la situación es muy jodida para todos”.
“Nadie está acá porque le guste. Todos estamos en un momento muy difícil, muy malo. La plata no alcanza para nada. Ponele un día que ganas mil pesos, ¿crees que podés alimentar a los hijos? La comida está muy cara”, declaró.
Dijo que ayer pidió ayuda en una carnicería y una pollería. En la carnicería lo recibieron mal, y él se retiró “tranquilo, sin decir nada”, en cambio en la pollería le prometieron comida.
Este medio estuvo en diversas carpas (siguen siendo muchas) en la tarde del sábado, para recibir distintas visiones. Los que estaban, ratificaban la toma, pero la mayoría contó que ayer a la mañana “muchas familias decidieron irse”.
Todos, sin excepción, se encargaron de recalcar, nuevamente, que lo que buscan no es que les “regalen” tierras sino que el Estado brinde planes de vivienda con cuotas accesibles. “La mayoría que está acá labura todo el día. Vos has visto en estos días cómo van y vienen, muchos con sus changas. Pero no alcanza, no alcanza para nada”, dijo un joven.
Una señora planteó que el Gobierno tiene herramientas tanto para discernir quién necesita una vivienda y quién no, y también mecanismos para luego quitársela a quienes no paguen.
Pablo contó que cuando llegaron a estos terrenos desconocían su propiedad. “No sabíamos que eran privados. No queremos puntualmente esta tierra. Nosotros estamos acá porque se dio así, y es una forma de mostrar que estamos mal, que estamos necesitando”, resumió.
De acuerdo a lo que pudo ver y escuchar este matutino, claramente hay diversos grupos, que solo se relacionan a través de los delegados que eligieron y en las asambleas. Muchos no se conocían hasta que se inició la ocupación, o solo se tenían “de vista”.
También surge que hay familiares de quienes están en la toma que se acercan a pasar horas para respaldar el reclamo, pero que luego retornan a sus hogares. “Yo estoy acá por mi hija”, confesó un señor mayor.
Siempre hay muchos niños. Hay ollas populares y comidas comunitarias. Abundan los fideos y las lentejas.
Es palpable la buena convivencia con efectivos de la Policía de la Provincia, que se han desenvuelto con profesionalismo en un cuadro por demás delicado.
La mayor parte de los ciudadanos valoró a los policías y se recalcó que desde la toma no buscan conflictos.
“Nos rebuscamos la moneda”
Días atrás, un señor entregó una carta que está escrita de puño y letra.
“La mayoría somos padres de familia, y no es como muchos comentan: no queremos que se nos ceda un lote, sino que se fije una cuota mensual no muy alta para así poder construir y a la vez poder pagar los impuestos”, dice el escrito. “Necesitamos que nuestros hijos tengan una vivienda digna, somos gente trabajadora y el que no tiene uno fijo hace changas o sale a cirujear. Nos rebuscamos la moneda día a día, no todos recibimos planes”, precisó. “Y como todos sabemos, está todo muy caro, ya no se puede más, la mitad más uno alquila, imaginénse entre pagarlo y los impuestos, poco alcanza para la comida”, advirtió.
El hombre escribió que están en el campamento “no porque nos guste estar en estas condiciones y exponer a nuestros hijos al riesgo, pasando calor, frío, mosquitos o que nos pique algún bicho o contraer alguna enfermedad”. “No nos queda otra”, afirmó. Apuntó que “muchos estamos registrados en el Instituto de Vivienda hace años, como otros también han sido acomodados”.
Mencionó los casos “de vecinos que están hacinados, hasta dos familias con 10 o 12 personas en dos piezas y el baño, incluso con personas con discapacidad”. Finalmente criticó al intendente en licencia, Martín Gill.
“Dormía en la costanera”
Melania Pereyra tiene 19 años y está a punto de dar a luz a mellizos. Tiene fecha de parto para mañana o pasado.
Ya es mamá de un nene de 4 años y dijo estar en la calle.
“Me sacan de acá y me voy a la costanera”, aseguró, contando que ya estuvo viviendo dos semanas “debajo de los quinchos” de la calle Entre Ríos, en la ribera.
“Pido que me den una mano, quiero un terreno para mí y mis hijos, lo pagaré”, declaró.
Estuvo varios días en la toma, desde el domingo pasado, junto a su pareja. “Lo he pasado mal, dormimos mal, pasamos frío, nos picaron todos los mosquitos”, describió.
Contó que antes convivió con su suegra, hasta que fueron desalojados todos. Se fue a vivir con su papá “y a la semana me sacó”.
“Pido ayuda, sobre todo por mis hijos”, dijo la chica de barrio Los Olmos, que ante preguntas confió que le gustaría terminar los estudios secundarios.
“Con mi marido cirujeamos”
María Soledad Cufré lleva tres meses y medio en la calle.
“Ando cirujeando, no tengo trabajo, estoy enferma, tengo EPOC. He ido al municipio, al MuniCerca, pero no hay posibilidades de un terrenito”, declaró.
Contó que está en la calle desde el 25 de noviembre, y le teme a la llegada del invierno en estas condiciones.
¿Cómo llegó a esta situación? “Mi cuñado ocupaba una casa hace más de 20 años atrás, tenía una habitación al lado que estaba sin levantar, yo la levanté, pero luego él la quiso alquilar y me sacó, estamos en juicio”, relató. Explicó que tiene todos sus muebles allí y no los puede retirar porque lo denunció y tiene restricción de contacto.
“Me da vergüenza decirlo, pero mi marido también cirujea”, reveló. Hasta llegar a estos terrenos dormían “en casa de amigos o en otros lados”. “Cuando me enteré de la toma me vine, pero ahora viene al invierno”, dijo con mucha tristeza.
“Vivo de prestado”
“Desde que me junté con mi pareja, hace un año y medio, estoy en la calle”, contó Estela del Prado, una joven de 29 años que se encuentra en silla de ruedas.
“Ahora vivo de prestado en Villa Nueva, en lo de un pariente de mi pareja, pero en cualquier momento sacan a esta persona y nos quedamos en la calle”, indicó.
Es de la vecina ciudad, dijo que concurrió a aquel municipio “pero no pasa nada”.
Desde que conoció que había una toma de tierras en Villa María, ha estado varias jornadas en el campamento.
Está enferma de un riñón y lleva un tratamiento con diálisis.
Pidió que el Estado acompañe la posibilidad de acceder a un techo digno a quienes lo necesitan.
“Me prestaron un lugar, pero no tengo...”
Embarazada y con una niña de 1 año y 8 meses, Rocío Escalzo (26) llegó a la toma de tierras también en una situación particular muy complicada. “Estoy en la calle”, le comentó a El Diario.
Espera ser nuevamente mamá en cuatro meses, y aguarda algún programa habitacional del Estado para poder anotarse.
“Actualmente estoy en un lugar que me prestaron pero ya no tengo adónde ir, por lo que de acá (del campamento) me voy a la calle”, aseveró.
“Estoy acá para luchar con todos por una vivienda”, dijo.
Es de barrio San Martín. “Estoy sin trabajo pero mi marido tiene, es albañil”, le contó a este matutino.
