En nuestra Redacción, Fernando Giménez solicitó que la Senaf y la Justicia profundicen el estudio del caso
Pide la tenencia de su hijo y dice que su palabra no es escuchada
Su chiquito está a cargo de su hermana, la tía del pequeño“Quiero estar con mi hijo, quiero cuidarlo, es mi derecho y mi deber”.
Las palabras pertenecen a Fernando Giménez, quien luego de diversos contactos con periodistas decidió concurrir a nuestra Redacción para exponer su caso, “cansado de no tener respuestas” de distintos organismos.
Hoy, su hijo B. de 4 años está bajo la tenencia de su hermana, tía del pequeño.
Giménez sostuvo que es “muy injusto” que esto sea así y viene rogando reencontrarse con su pequeño y vivir con él.
La historia
De acuerdo a todo lo que narró al ser entrevistado por El Diario, confirmó que B. era su hijo cuando el nene tenía 9 meses, y se sometieron a pruebas de ADN.
Fernando contó que tuvo un corto vínculo con la mamá del chiquito, que dio a luz a mellizos, uno de los cuales (B) es su hijo.
“Apenas tuvimos los resultados de ADN, hice todo lo necesario para conseguir un régimen de visitas, que cumplí a rajatabla. Hasta cuidé a los dos hermanitos”, afirmó.
Aseveró que en un par de ocasiones, encontró a B con lastimaduras. “Una vez se cayó de la cama y se golpeó con la mesa de luz, mientras dormía con la mamá. Estuvo internado una semana”, narró.
En otra ocasión -según su relato- lo llamaron desde la guardería para avisarle que habían detectado que el chico tenía “una pequeña quemadura”.
“Al verlo, me encontré conque tenía todo el pie izquierdo quemado”, dijo Fernando. “La madre me comentó que metió el pie en la sopa”.
“Lo veía muy flaquito”, añadió.
De acuerdo al régimen de visitas acordado, el progenitor se quedaba con el niño los lunes, miércoles y viernes, y fin de semana por medio.
Según su testimonio, un domingo a la noche, cuando llevó a B. con su mamá, discutieron con su expareja. “Me rasguñaba, me golpeaba y gritaba”, expresó en referencia a ella. “El nene lloraba”, contextualizó.
Decidió entonces denunciarla. Concurrió a la sede policial, en donde lo “aconsejaron” de no hacerla, “porque se iba a complicar el régimen de visitas” y demás.
Giménez aseveró que después de ese episodio, la madre de B. lo denunció. “Me acusó de golpearla y a ella sí le tomaron la denuncia. Inmediatamente que lo supe, me fui a la Policía, en donde presenté lo que había sucedido, aunque nunca me dieron una constancia”, comentó.
La historia continuó con un episodio más doloroso aún. Una tarde, Fernando fue avisado por la Policía de una grave situación de salud de la mamá del nene. “Desde ese entonces me hice cargo de B.”, explicó.
Varias semanas después, al enterarse de que la progenitora y la abuela y abuelo maternos del chiquito concurrieron a la guardería, Giménez decidió tramitar la restricción de contacto de la familia materna con B. “Me dijeron que el juez iba a resolver, pero hasta ahora no tuve respuestas”, graficó.
Siete meses convivió con su hijo, lapso en el cual dijo haber ido en varias ocasiones a distintos estamentos del Estado, como Tribunales, la Secretaría Nacional de la Niñez, Adolescencia y Familia (Senaf) y la Policía.
En ese período, según sus palabras, el chico “estaba feliz, cambiadito, impecable”.
Pero nuevamente la compleja historia familiar se iba a complicar y el nene otra vez sufriría las relaciones de adultos.
Fernando narró que un domingo en el que fue a comer a la casa de su hermana (tía de B.), mientras su hijo lloraba cuando él lo “estaba cambiando”, llegó su hermana y lo acusó de golpearlo. “Nada que ver, totalmente falso”, marcó. Ante eso, ambos hermanos y el nene terminaron en la Policía, “en donde el médico policial constató que no tenía ninguna lesión”, aunque la triste historia continuaría al día siguiente en la Senaf.
“Cuando fui a la Secretaría con el nene, ya estaba mi hermana. Cuando salgo de la entrevista, B. estaba llorando y ahí me informan que él se quedaba con mi hermana”, relató.
“Al mes me empecé a enterar que B. estaba de casa en casa, que lo había mordido un perro, luego apareció con el bracito vendado porque se cayó de la cama y se esguinzó el codo. Nunca lo cuidó”, acusa él.
En Tribunales, él señala a su hermana por violencia, “pero allí la defienden”. Recientemente supo que la Justicia está buscando a una familia sustituta.
“Hasta hice tratamiento psicológico. Tengo seis certificados y el propio psicólogo me dijo que no entendía a qué iba, porque no tengo nada que tratar”, afirmó.
“Hace más de dos meses que no puedo ver a mi hijo. No tengo derechos en ningún lado. Por ser varón, mi palabra parece no valer. No puedo más. Quiero estar con B.”, manifestó Fernando, quien se dedica a la construcción y hoy vive con su padre.
