Las repercusiones de la pandemia - El género de autoayuda registró un auge
Hubo “mucha faltante” de libros
El año 2020, tanto para las librerías como para otros tantos rubros fue “complicado”, según Gustavo Caleri, de Libre Libro. En su caso, sin embargo, señaló que el balance fue “positivo”“Para el sector en general, el de los libros, fue un 2020 complicado. Hubo mucha faltante porque las editoriales se vieron un poco comprimidas para seguir editando el mismo nivel que tenían”, dijo Gustavo Caleri, el dueño de Libre Libro, ubicada en calle Mitre 280, en el Centro sur de la ciudad.
Sin embargo, aclaró que su librería, que atiende con la hermana, a pesar del “mal año” por la pandemia hace un balance “positivo” porque, en primer lugar, afortunadamente, no debió mantenerla cerrada durante mucho tiempo. “Hemos tenido un nivel de ventas bastante bueno considerando el contexto general y en estas fiestas realmente nos ha sorprendido”, sostuvo. Para el año próximo deseó que no llegue la segunda ola porque ello posibilitará que se “despegue”.
En los primeros días de aislamiento, recordó que trabajaron a través de la modalidad take away. Y en esta dirección hizo hincapié en que tuvo que aggiornarse, como tantos otros, a la venta online y al manejo de las redes sociales, plataformas a las que antes no les prestaban tanta atención. “Fue un canal de ventas muy importante”, destacó.
Por otra parte, se refirió a los libros escolares, que habitualmente representan un porcentaje “importante” de los ingresos. Al respecto dijo que, si bien las perdieron, se registró un incremento en la comercialización de otro tipo de obras.
Esto último, comentó Caleri, cree que puede atribuirse a que al producirse el confinamiento algunas personas -y principalmente a las que más les gusta leer- contaron con más tiempo para dedicarse a la lectura. Además indicó que parte del público, al no gastar, por ejemplo, en salidas, ropa o nafta, dispuso de plata que permitió que “la invirtiera, o la gastara, en libros”.
Acercamiento a los libros
“El que es lector, que es cliente nuestro, que es asiduo, sabe lo que quiere, viene, elige, lo busca”, contó el librero acerca de uno de los perfiles de lectores que con frecuencia encuentra en su local. Pero, por otra parte, también son muchos los que llegan y dicen: “Quiero leer algo”. En este sentido, Caleri mencionó: “Tenían esa iniciativa y hubo un trabajo más fino de orientar esas lecturas para que después siguieran, para que no se quedaran”.
Para orientar al lector, el librero dijo: “Dependemos mucho del feedback”. Y agregó que sus años en el lugar facilitan, de alguna manera, la tarea para guiar a los clientes, a través de “preguntas esenciales”. Pero, al mismo tiempo, hizo alusión a que en ocasiones, cuando se topa con alguien que no lee asiduamente, se puede correr un riesgo de que la recomendación no sea la que el cliente esperaba.
Las elecciones
Quienes no leen con frecuencia, de acuerdo con lo señalado por Caleri, se inclinan por “algún tipo de biografía, de libro espiritual, algún thriller, alguna novela light”. Y añadió: “No son personas de introducirse en algún tema específico. También el humor siempre es una buena salida para esos casos: (Roberto) Fontanarrosa, (Pedro) Saborido, son autores que siempre van bien”.
Los libros de autoayuda forman parte de un género que registró un auge. “Hubo libros puntuales cuya venta explotó”, dijo. Entre ellos, hizo referencia a “El hombre en busca de sentido”, de Viktor Frankl; “Los cuatro acuerdos”, de Miguel Ruiz; o “El poder del ahora”, de Eckhart Tolle.
Asimismo, la pandemia reflotó clásicos como la novela “La peste”, de Albert Camus. “Se agotó, se reeditó ahora en estas épocas, así que se ha vendido muchísimo”, precisó.
Respecto del libro más vendido del año dijo que en su caso, “sin lugar a dudas”, fue la saga de Harry Potter, de J. K. Rowling. “Se ha vendido como el pan”, describió. En contrapartida, “El señor de los anillos”, de J. R. R. Tolkien, no registró tantas ventas. “No tiene el mismo marketing que Harry Potter”, manifestó Caleri, pero a la vez destacó que los libros de la autora británica son buenos e, incluso, se han convertido en “un clásico de la literatura infanto-juvenil”.
En relación a este tipo de literatura, cuyo público tiene entre 13 y 18 o 19 años, el librero expresó que ninguna editorial dejó de mirar ese nicho porque conlleva “ventas muy fuertes”. Y puntualizó: “Todas las editoriales tienen ya autores que se destacan dentro de ese nicho y, de hecho, todas las librerías hemos tenido que hacer algún sector específico”.
Posteriormente, destacó: “Hay muchos chicos que leen, contrariamente a lo que uno le parece, que están todo el día con el celular”. Y sobre el celular mencionó que es una herramienta más para promocionar ese tipo de literatura. Luego, en esta línea recalcó que cuando llegan a la librería, “todos los chicos saben muy bien qué autor quieren, qué título quieren”.
El día de un librero
Caleri atiende, como se dijo, la librería con su hermana: generalmente ella está por la mañana y él, por la tarde. La atención al público es sólo una parte del trabajo.
Después, también hay otras labores más “burocráticas”: cargan los libros en stock, los acomodan, arman las vidrieras. Estas tareas, contó Caleri, consisten un poco en “ejercer la crítica”. A ello se le suma lo administrativo: la relación con las editoriales, los correos electrónicos que se envían, la rendición de lo consignado por mes, las presentaciones que llevan adelante las editoriales de las novedades.
Todo ello, aunque tenga una cara “engorrosa”, también tiene otra cara que Caleri disfruta “cuando llegan las cajas de las editoriales que nos gustan, abrir esas cajas y encontrar esos libros que son verdaderas joyitas que estábamos esperando”, concluyó.
