13 de diciembre - Día del Optico - Una labor gratificante - El placer de las satisfacciones diarias

Cuando la profesión es la vida

Osvaldo Juan Bucchioni hace 54 años que trabaja como óptico en la ciudad. Calificó a su labor como “muy noble” y destacó el vínculo que, a lo largo de los años y gracias a su trabajo, estableció con los vecinos de Villa María. Además habló de sus días en el marco de la pandemia
domingo, 13 de diciembre de 2020 · 08:30

Osvaldo Juan Bucchioni, villamariense, tiene 73 años, es óptico desde hace cincuenta y cuatro, y trabaja en un local ubicado en San Martín 76, local 2, en el centro de la ciudad.

Cuando tenía 17, sus suegros y pareja le ofrecieron trabajar con ellos en lo que, en su momento, era óptica Santa Teresita, una de las primeras de Villa María. “Empecé así mi relación comercial y lo que hoy sigue siendo mi relación matrimonial”, dijo.

Las primeras tareas que hizo eran administrativas: compras, ventas. Con los años, el Instituto Rivadavia inauguró la carrera. La cursó y se recibió: fue de la primera promoción.

 

Un trabajo “muy noble”

Por otro lado, calificó a la profesión como “muy noble” porque, a través del trabajo, establece vínculos que perduran: cuando está en la calle, contó, que se cruza con gente que lo saluda, que lo recuerda no solo por haber sido cliente, sino incluso por solo haber hecho una consulta. “Siempre me gustó. Desde el momento en que me inicié con esto. No me fui para otro rubro”, señaló después y dijo que nunca se hizo preguntas del tipo ‘¿Cómo no hice esto?’ ‘¿Cómo no me dediqué a lo otro?’.

 

Un año perdido por la pandemia

En relación a la pandemia de coronavirus, sostuvo que más allá de la rutina de trabajo, fue un año perdido. Respecto del aislamiento, manifestó que mantuvo cerrado su local durante unos quince días, desde el 20 de marzo cuando el presidente Alberto Fernández anunció que la enfermedad se instalaba en el país y los peligros crecían.

“El flujo de gente no es el mismo, pero yo seguí trabajando”, expuso y aclaró que, de todos modos, en términos económicos su labor se vio afectada. Y relató que, a la vez, pudo continuar, tomando precauciones, con algunas de las tantas actividades que le gustan: caminar, andar en bicicleta, viajar en moto.

Sobre la pandemia expresó que, si bien es fundamental utilizar barbijo, alcohol en gel y respetar el distanciamiento, “no podés parar una vida”.

Y planteó: “Un anteojo se compra, se hace porque se necesita. Un anteojo para sol, si no lo comprás ahora, lo comprás el mes que viene o no lo comprás, de última. Pero un anteojo de receta lo necesitás para trabajar, para estudiar. No podés estar esperando dos o tres meses para ver si alguien te hace un anteojo”. De este modo, habló de estos productos como “indispensables”.

Asimismo habló del panorama general y dijo que observa una paralización. Por tal motivo, explicó que, en ciertos casos, al trabajar menos, los ingresos, consecuentemente, también son pocos, lo que lleva a que la gente deba reacomodar sus gastos en función de las prioridades que cada uno determine.

“El anteojo de consulta lo tenés que hacer sí o sí, no podés estar seis, siete u ocho meses esperando”, volvió a insistir. Y agregó: “Entonces no te comprarás un jean o, si te comprás dos, te comprarás uno. Pero la parte económica se ha sentido en los gastos que se puedan eliminar. Yo calculo que hay mucha gente que los ha eliminado y se le ha dado prioridad a lo que es salud, a lo que es alimentos”.

Finalmente, brindó algunas palabras acerca de su profesión y sobre el momento en que le entrega el producto a un cliente: “Cuando se lo hacés, lo prueba y ve que la situación ha cambiado totalmente, es muy gratificante, ¿no? Poder colaborar en un eslaboncito para que esa persona se sienta bien, vea bien, pueda ver televisión, pueda manejar. Eso es muy lindo. Te da satisfacciones diarias”.

 

66%
Satisfacción
33%
Esperanza
0%
Bronca
0%
Tristeza
0%
Incertidumbre
0%
Indiferencia