El 11 de diciembre de 2019 comenzaba el segundo mandato del intendente de licencia

Un año de gobierno, sin Gill y con COVID

viernes, 11 de diciembre de 2020 · 07:00

En un día como hoy, un año atrás, el intendente Martín Gill asumía su segundo mandato tras haber conseguido la reelección con cerca del 54% de los votos. Comenzaba un ciclo impensado, primero por su controvertida licencia para aterrizar en el Gobierno nacional, y luego por la pandemia de coronavirus.

Gill estuvo pocos días en la ciudad. Al día siguiente de la Navidad, arrecieron los rumores sobre su salida, hecho que finalmente se concretó. Así, quedó a cargo de la Intendencia el por entonces presidente del Concejo Deliberante, Carlos De Falco. A fines de febrero llegaría otro edil al Ejecutivo, Pablo Rosso, quien en la sesión legislativa preparatoria fue ungido como presidente del órgano parlamentario, lo que inmediatamente lo colocó en el Sillón de Viñas de manera interina.

Fue con polémica, y sin consenso: quedó al frente del cuerpo legislativo con sólo tres votos del oficialismo, y el suyo propio. Los concejales accastellistas y el bloque opositor se abstuvieron.

 

Lo que sucedió

Todo lo pensado para 2020 quedó pulverizado por la irrupción, en marzo, de la pandemia de coronavirus en la Argentina.

Pocos días antes de decretarse el aislamiento social a nivel nacional, Gill estuvo en la localidad y junto con Rosso compartió sencillos actos en La Calera y Las Acacias, desde donde se prometieron un Salón de Usos Múltiples (ya inaugurado) para el primero de esos barrios y un playón deportivo para el otro, y para el Ramón Carrillo. El actual secretario de Obras Públicas de la Nación había adoptado la modalidad de venir cada sábado a la ciudad, recorrer espacios con Rosso y mantenerse visible en medio de la controversia por su licencia. Esto, hasta que llegó el COVID, que pasó a ocupar gran parte de la agenda estatal.

Las restricciones dispuestas a nivel nacional y provincial fueron adoptadas por la Municipalidad, lo que le valió a la gestión enojos y hasta protestas callejeras de algunos de los rubros más golpeados por la cuarentena y el posterior distanciamiento social.

La enfermedad tardó en llegar a Villa María. Luego de algunos casos importados en marzo, la localidad tuvo tranquilidad hasta fines del invierno y proximidades de la primavera, cuando el COVID-19 golpeó con mucha fuerza, y en unos meses se llevó la vida de casi un centenar de personas. Fueron tiempos de luto y mucho dolor.

En lo que hace al abordaje sanitario, por medio de gestiones realizadas en conjunto con Gill, se sumaron 12 camas de terapia intensiva con su equipamiento en el Hospital Regional Pasteur, y 10 camas en el sector privado, a la par de que llegaron diversos insumos de bioseguridad.

En cuanto a la asistencia económica a los sectores más afectados por el parate, el municipio creó el Programa Especial de Asistencia a Sectores Económicos, que contempla fondos no reembolsables de hasta $100 mil para diferentes rubros, eximiciones del pago de la contribución y otras medidas económicas.

En ese marco, los reembolsos comenzaron en el último bimestre, entre ellos la asistencia a jardines maternales y academias por un monto de alrededor de los $600 mil para 21 establecimientos, y a las agencias de turismo, con un total de más de $850 mil -para una veintena de locales-.

Lo de los jardines maternales fue un capítulo aparte, ya que luego de meses de cierre, el Concejo Deliberante los autorizó a abrir con una modalidad diferente, pero el Ejecutivo no reglamentó la ordenanza. La posibilidad de apertura llegaría recién en el tramo final del particular ciclo lectivo.

La crisis socioeconómica que ya era grave previo a la pandemia se fortaleció con el COVID-19. Desde el Gobierno se indicó que se incrementó la cantidad de familias que acudieron al municipio en busca de asistencia económica, ayuda social o contención.

Según datos oficiales, la comuna compra mensualmente dos mil módulos alimentarios con productos de la canasta básica que son distribuidos de acuerdo a las demandas, y se dan 250 bolsones con complementos de carne y verdura, para quienes tienen riesgo social o se encuentran aislados. Más allá de esto, hubo quejas desde el concurrido comedor comunitario de La Calera por la demora en la ayuda estatal.

En lo institucional, Gill estuvo en el ojo de la tormenta al pedir licencia, al hacer a mitad de año un pedido para extenderla, y al ser imputado por una fiscal en julio por violar la cuarentena.

Mientras, el oficialismo vio dividirse a sus ediles, con la separación del accastellismo. Y el balance económico anual nuevamente no fue tratado.

Diego Bengoa

 

Obras: lo hecho, lo adeudado y lo previsto

En cuanto a las obras, lo más trascendente es el inicio de los trabajos para la circunvalación, la variante de paso de ruta nacional 158, que permitirá sacar de la zona urbana a los más de 1.500 camiones que la cruzan a diario.

La inversión prevista equivale a tres presupuestos anuales.

En tanto, la gestión municipal tiene en carpeta 43 frentes de obras, aunque la mayor parte está por empezar en las primeras semanas de 2021, como las obras en los Centros de Atención Primaria de la Salud (CAPS), en la Asistencia Pública, la remodelación de nueve plazoletas y de la plaza Alba Rava de Pizzorno, la refuncionalización de plaza Centenario y la obra de recuperación de parte del túnel Hermanos Seco.

En este marco, cabe recalcar que en el proyecto de Presupuesto 2021 hay más de 700 millones de pesos que ingresarán desde el Estado nacional para obras públicas prometidas. Entre ellas, la remodelación de cinco Centros de Promoción Familiar, la obra de desagües pluviales de calle Seydell, los dos nuevos jardines de infantes en barrios Lamadrid y Botta; la culminación de las 47 viviendas de barrio Evita, con su correspondiente infraestructura urbana; la puesta en marcha de un Centro Ambiental en el actual vertedero municipal; y el centro comercial a cielo abierto. Durante el año marcado por la pandemia, siguieron adelante -con vaivenes- obras financiadas por el Estado provincial cuyo inicio se dio en el primer mandato de Gill, como las dos escuelas PROA y el nuevo puente en barrio Santa Ana. Siguió su marcha el nuevo Salón de los Deportes, que estará listo en enero, mientras que continuó paralizada la remodelación del Parque Pereira y Domínguez. Y se finalizó la obra de desagües pluviales que evita los anegamientos por escorrentías rurales en barrios La Calera y Roque Sáenz Peña.

No se terminaron las últimas 47 de las 250 viviendas de barrio Evita y no se efectivizó la entrega de terrenos Lo Tengo adjudicados en 2016. Lo habitacional sigue siendo una deuda pendiente, y en ese marco, en febrero hubo una masiva toma de tierras en el San Nicolás, que volvió a poner de relieve el déficit estatal en la materia. Tampoco hubo viviendas Eva Perón. El municipio marcó que se ayuda de manera permanente en el pago de alquileres a familias vulnerables.

Por otro lado, Villa María cuenta, por primera vez, con dos plazas de frutales, una en el Vista Verde y otra en el límite de barrios Belgrano y Parque Norte. Y, desde marzo, se plantaron más de 1.300 árboles en diversos sectores, una muy buena noticia ambiental.

Por su parte, se hizo la pavimentación integral de medio centenar de cuadras en diferentes barrios, con forestación, iluminación led en la vía pública y señalética.

Además, en cinco barrios se finalizaron las obras de gas que permitieron alcanzar el 100% de posibilidad de cobertura, y, por ende, la red ya abarca a la totalidad de la localidad.

 

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