La Iglesia Católica realiza la Jornada Mundial de los Pobres

“Es la ocasión propicia para despertar la conciencia social”

Gustavo Gatto, sacerdote de la Diócesis local, señaló a El Diario que este día “es una invitación a escuchar el grito de la tierra y el grito de los pobres”
domingo, 15 de noviembre de 2020 · 07:30

“Es hora de romper las barreras de la indiferencia y del individualismo y de descubrir que tendiendo la mano al pobre y al que sufre no solo seremos un poco mejores, sino que podremos hacer concreto el sueño de una verdadera cultura del encuentro y de la fraternidad universal que es el anhelo más profundo del corazón humano”.

La frase pertenece al sacerdote de la Diócesis villamariense, Gustavo Gatto, licenciado en Teología Fundamental y delegado Episcopal de Catequesis.

El cura, hoy párroco de James Craik y con larga presencia en iglesias de Villa María, compartió su parecer con El Diario de cara a la Jornada Mundial de los Pobres, que se desarrolla hoy por cuarta vez.

“No se trata de un elogio ingenuo o ideológico de la pobreza, ni siquiera una actitud de conformismo o de complicidad con los factores que generan las situaciones de pobreza, sino que se trata de redescubrir el valor sacramental del pobre, es decir de encontrar la presencia misteriosa de Dios en el pobre, el desnudo, el preso, el enfermo, el hambriento”, aclaró el pastor. “Es una invitación a escuchar el grito de la tierra y el grito de los pobres. Es una jornada que quiere provocar en nosotros gestos concretos de misericordia en busca de la paz y la justicia social”, marcó.

 

Sus palabras

Gatto entregó a este matutino una carta, que se comparte a continuación:

“Cuenta la historia que cuando al diácono San Lorenzo, allá en los inicios del cristianismo, le dijeron que traiga el tesoro de la Iglesia, mostró un grupo de personas pobres e indigentes. Los pobres, enfermos y afligidos son el tesoro de la Iglesia y esto es lo que cada año nos vuelve a recordar el Papa Francisco con la Jornada Mundial de los Pobres.

Es interesante no olvidarse que esta jornada surge como uno de los frutos del Jubileo de la Misericordia de 2016. En la carta apostólica Misericordia et misera, expresa Francisco que esta jornada ‘será la preparación más adecuada para vivir la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, el cual se ha identificado con los pequeños y los pobres, y nos juzgará a partir de las obras de misericordia (cf. Mt 25,31-46). Será una jornada que ayudará a las comunidades y a cada bautizado a reflexionar cómo la pobreza está en el corazón del Evangelio y sobre el hecho que, mientras Lázaro esté echado a la puerta de nuestra casa (cf. Lc 16,19-21), no podrá haber justicia ni paz social. Esta jornada constituirá también una genuina forma de nueva evangelización (cf. Mt 11,5), con la que se renueve el rostro de la Iglesia en su acción perenne de conversión pastoral, para ser testimonio de la misericordia’.

Las motivaciones son claras y contundentes, no se trata de un elogio ingenuo o ideológico de la pobreza, ni siquiera una actitud de conformismo o de complicidad con los factores que generan las situaciones de pobreza, sino se trata de redescubrir el valor sacramental del pobre, es decir de encontrar la presencia misteriosa de Dios en el pobre, el desnudo, el preso, el enfermo, el hambriento. Es una invitación a escuchar el grito de la tierra y el grito de los pobres. Es una jornada que quiere provocar en nosotros gestos concretos de misericordia en busca de la paz y la justicia social.

 

La pandemia evidencia las desigualdades

Para cada año el Papa escribe un mensaje enmarcando la celebración de la misma, este año eligió como lema ‘Tiende tu mano al pobre’ (Ecl 7,32). La jornada de este año es especial ya que se da en el contexto de la pandemia del Covid-19 que azota el mundo y evidencia las desigualdades sociales existentes y las enfermedades de nuestra sociedad. Una vez más somos invitados a ‘poner la mirada en lo esencial’, a no separar oración a Dios y solidaridad con los pobres y los que sufren, a dejarnos interrogar e interpelar por tantas situaciones de injusticia y pobreza en un país que tiene casi la mitad de su población en un estado de pobreza. La Jornada Mundial de los Pobres es la ocasión propicia para despertar la conciencia social y acrecentar la responsabilidad y el compromiso por el otro, en primer lugar como comunidad eclesial, pero abriendo la invitación a toda la comunidad. Francisco una vez más hace sonar su voz para que encontremos gestos que den sentido a la vida.

He tenido el regalo de participar en Roma de las tres jornadas anteriores y poder ser testigos de cómo durante varias semanas esos gestos abundan y se multiplican: la plaza San Pedro se convierte en un literal hospital de campaña para que las personas en situación de calle sean atendidas por los mejores servicios sanitarios, Francisco celebra con ellos la Misa y luego comparte un abundante almuerzo donde se hace carne ese pasaje del Evangelio que dice: ‘Cuando des un almuerzo o una cena, no invites a tus amigos ni a tus hermanos ni a tus parientes ni a los vecinos ricos, no sea que ellos te inviten a su vez, y así tengas tu recompensa. Al contrario, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los paralíticos, a los ciegos. ¡Feliz de ti, porque ellos no tienen cómo retribuirte, y así tendrás tu recompensa en la resurrección de los justos!’. (Lc 14, 13-14)

Es hora de romper las barreras de la indiferencia y del individualismo y de descubrir que tendiendo la mano al pobre y al que sufre no solo seremos un poco mejores, sino que podremos hacer concreto el sueño de una verdadera cultura del encuentro y de la fraternidad universal que es el anhelo más profundo del corazón humano”.

 

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