Javier López - Dicta desde hace varios años un taller de automodelismo y aeromodelismo
“Los protagonistas son los chicos”
Cinco años atrás, López comenzó enseñándole a su hijo su hobby; hoy coordina talleres y brinda un espacio de contención en barrio San NicolásEscribe: Daniel Rodríguez
De nuestra Redacción
Ya van cinco años desde aquel día en el que Javier López comenzó a dictarle clases de automodelismo y aeromodelismo a su hijo Lucas.
Más tarde, junto al pequeño también se sumarían otros amigos y cuando López cayó en la cuenta, ya eran más de 30 niños los que se agolpaban y aguardaban su turno para conducir los automóviles. “Esto trajo muchas cosas más, además de que los chicos aprenden a manejar”, confiesa.
López, en diálogo con El Diario, comentó un poco la historia que arrancó hace tiempo y que hoy lo encuentra dictando clases de tal temática en el MuniCerca Nº 1 y en diferentes barriadas.
“En marzo sabremos qué barrio tendremos asignados, este año (aparte del MuniCerca) los talleres fueron en Las 400 Viviendas y en Las Playas”.
El nacimiento
Rememorando el surgimiento, el entrevistado recordó: “Mi esposa, en un inicio, me dijo que podría enseñarle a mi hijo algo de aeromodelismo, pero era mucho lío llevar a los chicos y los aviones al Aeroclub, esa era la excusa”.
“La cosa cambió un día que vi en Internet los autos a control remoto. Ahí podríamos entonces ir a cualquier lugar. Hice un canje de dos aviones por dos autos y en el primer día del taller, hace cinco años, recibimos los autos y ellos empezaron”.
Lo que comenzó como un minúsculo grupo de chicos fue creciendo.
“En aquel momento íbamos frente al hipermercado sobre ruta 158, donde había una carpeta de pavimento porque todavía no había acá en el barrio, entonces nos íbamos allá ya que los autos podían andar mejor”.
De este modo, el hombre comenzó a coordinar a un grupo de niños que aguardaban por su turno para conducir tales elementos soñados. “Ahí ellos aprendieron a compartir y descubrimos que no solamente era a jugar: aprendieron a tolerarse, a esperar su turno y a respetarse: fue una bendición porque a eso no lo planeamos, vino solo”.
El trabajo el equipo, el compañerismo y la solidaridad comenzaron a florecer en aquel espacio que sería un lugar de contención y experiencias para muchos; si hasta recorrieron los museos de la capital provincial y tuvo la posibilidad de llevarlos a desayunar en conjunto a la conocida Peatonal, algo inédito para muchos. Al momento de ser visitado por este medio, López se encontraba planeando también un campamento que llevarían adelante, donde habría también lanchas en miniatura que serían utilizadas.
“Las cosas individualmente no funcionarían, por eso es importante el compañerismo”, repite.
Al momento de unirse a las actividades municipales, López se mostró reacio y no quiso “hacer política con los chicos”, algo que dejó bien en claro desde un inicio y que jamás sucedió.
“Este año estuvo medio flojo porque tal vez no había mucho dinero para comprar repuestos, baterías o combustibles. Nosotros utilizamos una mezcla de alcohol metílico, aceite de ricino y nitrometal, que cuesta 600 pesos el litro”.
El espacio, sin dudas, ha posicionado y le ha cambiado la percepción sobre el mundo a muchos. Los chicos también aprenden a leer planos y hasta consiguieron becar a muchos para que aprendan inglés (ya que muchos planos vienen en tal idioma).
En alusión al paso del tiempo, López reflexionó que “los más grandes ya están de novios o se van a los boliches y por ahí dejan de venir, pero de vez en cuando se dan una vuelta a charlar o a tomar algo... ha nacido una amistad”.
En los tiempos que corren, alejar de las pantallas a los más chicos y darles un lugar de contención sin duda es una virtud.
Mientras conversa y saca infinidad de elementos, herramientas y aviones o autos de los estantes, el hombre destacó: “Esto parece un juguete, pero no lo es”.
“Los chicos aprenden también mecánica. Y yo también pude gracias a esto encontrar una fuente laboral, ya que trabajo arreglando diferentes autos que muchos vecinos de la ciudad, e incluso de la región, dejaron parados porque no tenían a quién llevarlo para que los arregle”.
Tal es la emoción que embarga a este hombre que creció leyendo la revista Lupín y armando cada una de las ideas, que se emociona al recordar el inicio de muchos niños y los beneficios que la tarea ha tenido para con ellos. A saber: la historia de un niño que sintió una caricia en el alma ante los aplausos del público, la anécdota de un hombre de 77 años que quiso también aprender a volar con el control de radio y el hecho de que los mismos asistentes puedan explicarle a sus pares cómo funciona cada vehículo en cuestión.
Por eso mismo, en las charlas que brindan, él afirma que “los protagonistas son los chicos”, cediéndoles terreno para que ellos mismos les cuenten todo a sus pares (y a todo el que se interese).
