Opinión - Una mirada sobre la licencia de medio año del intendente villamariense
Gill a la Casa Rosada, una decisión que daña el contrato con la gente
Escribe: Diego Bengoa (de nuestra redacción)
Varias veces en medio de la efervescencia que causó el proyecto que comprendió la entrega de Plaza Manuel Anselmo Ocampo, el intendente Martín Gill fundamentó, entre otras cuestiones, que esa iniciativa no fue oculta durante la campaña que lo llevó nuevamente a la Intendencia en el año que acaba de terminar.
El mandatario se amparaba en ese y otros argumentos para defender el canje que originó la polémica más grande de su primer mandato, y era en referencia a que la Ciudad Deportiva estuvo en la plataforma electoral, más allá de que en ese marco se hablara poco y nada del destino de la Canchita de Ejercicios Físicos.
Vale ese ejemplo para ilustrar la pesadumbre que causó en buena parte del electorado su decisión de tomar licencia por medio año a poco de asumir su segunda gestión, algo nunca evidenciado con anticipación.
Ayer miércoles comenzó el período de licencia por 180 días, justo a tres semanas de su reasunción, concretada en la tarde del miércoles 11 de diciembre en un acto desarrollado en la explanada del Palacio Municipal.
La noticia explotó hace hoy siete días, pero recién hubo confirmación oficial el lunes 30 cuando el Concejo Deliberante trató su pedido. En el medio se explicaba desde el Palacio Municipal que el jefe comunal estaba “evaluando” la propuesta que vino de Nación. Muchos elementos indican que eso no es cierto. Distintas fuentes coinciden en marcar que la decisión estaba tomada desde hacía varios días, por lo no se comprende el silencio y el letargo para comunicar una situación institucional extraordinaria, que impacta en toda la ciudadanía.
Martín Gill protagonizó durante más de un año una larga guerra fría con su antecesor Eduardo Accastello disputándose la posibilidad de sentarse en el máximo sillón ejecutivo de la ciudad a partir de diciembre de 2019. No hubo otros nombres que se barajaran como conductores del municipio por parte del peronismo. Y Gill era el líder natural del proyecto.
La localidad lo apoyó a través de las urnas en junio pasado con irrebatible holgura: alcanzó el 54% de los votos emitidos.
Los comentarios en la calle y en las redes sociales permiten inferir que una buena porción de ese indiscutible apoyo popular se sintió estafada por su rápida partida hacia el Gobierno de la Nación.
Con los hechos de esta semana, deriva en una candidatura testimonial, que pese a la versión instalada desde hace meses en distintos sectores de la ciudad respecto a su eventual salida, no dejó de sorprender. Es que Gill siempre repitió que su compromiso era con la localidad, y que aquí se quedaría, más allá de la evidencia de que tenía las puertas abiertas en el Gabinete del presidente Alberto Fernández. Además, su licencia aparecía como algo inverosímil mirado desde la óptica en que hay que mirar en primer término, la del acto democrático de las urnas.
No se puede soslayar así el compromiso asumido en 2019 para seguir gobernando la ciudad, ni tampoco relativizar el mandato popular surgido a través de los comicios de junio. Hay un contrato entre el pueblo y el mandatario que se ha dañado, así lo sienten muchas y muchos de quienes lo votaron, y también los que no.
Es preocupante cómo una sustancial porción de la dirigencia política pasa por alto esta situación, algo que quedó reflejado el lunes en el órgano parlamentario.
Allí, en el recinto, se dijo por ejemplo que este proyecto político viene administrando Villa María con muchos más aciertos que desaciertos, y con la venia de los habitantes. No es eso lo que está en discusión. Más de la mitad revalidó al peronismo -justicialismo en las elecciones de junio tras dos décadas en el poder. Y es precisamente también por ese crédito popular que no se puede reducir ese respaldo en los términos que se lo ha hecho. Se menoscaba esa confianza, ese contrato preciado, con una licencia tomada a menos de un mes de gestión, producida para colmo en medio de cuatro jornadas de suspenso en las que no hubo ninguna palabra oficial, y encima con una conferencia de prensa en la que no se dio certidumbre sobre lo que ocurrirá más allá de junio, porque se declaró que es algo que se evaluará en su momento, como si todo se circunscribiera a una mera cuestión particular.
Una significativa fracción de la ciudadanía descree de los y las actores políticos, sea del signo partidario que sea. Es una realidad palpable a diario. Está claro que muchas veces hay construcciones interesadas de otros poderes y sectores para lastimar la credibilidad de dirigentes partidarios, pero otras veces son ellas y ellos mismos los que se distancian de quienes les depositaron su confianza.
Es alarmante que esto no sea advertido. Hubo pocos integrantes del oficialismo que, en estos últimos días y en off, admitieron que Gill se estaba equivocando. Un justicialista con años en el poder y con temor a las consecuencias de esta decisión recordó que “los radicales también creyeron que no se irían nunca” de la conducción de la ciudad, y un día la perdieron.
A menudo se puede constatar cómo muchas vecinas y vecinos generalizan a la dirigencia política, piensan que “son todos lo mismo” y trasladan esas sensaciones a los principios y preceptos de los movimientos políticos. No separan los hombres de las ideas. Termina dañada la ideología.
También es palmario cómo hechos detestables o cuestionables de los hombres y mujeres de la política afectan al sistema democrático, instalándose la peligrosa idea que relativiza la importancia de la participación electoral de la ciudadana y el ciudadano de a pie.
Lo que acaba de ocurrir en Villa María también aflige a la democracia, a la credibilidad en la dirigencia y a los partidos políticos. Es preocupante que quienes ocupan lugares de poder no lo adviertan.
De Falco, en acción
Aunque ya está como intendente interino desde ayer, el presidente del Concejo Deliberante Carlos De Falco tendrá hoy su primera jornada con agenda de actividades habituales a la de un Departamento Ejecutivo. A las 9.45 inaugurará la temporada de verano en la pileta comunitaria Eva Perón de barrio San Juan Bautista.
