Entrevista al concejal Romeo Benzo
“Debemos unirnos para diseñar la educación vial como política de Estado”
El concejal cree que la educación vial es una herramienta fundamental para prevenir riesgos, accidentes y lesionados por esa causa, y consideró que quienes están en la función pública deben sumar ideas para lograr una política preventiva que perdure en el tiempoEl concejal Romeo Benzo, de Vamos Villa María, prometió que dedicará su paso por el Concejo Deliberante a trabajar sin descanso en iniciativas que promuevan la educación vial.
El edil dijo que quedó impactado tras presenciar un accidente vial protagonizado por un niño y considera que debe implementarse la educación vial como una política de Estado, a largo plazo, que trascienda las gestiones y los signos políticos. Para él, la educación vial es “una herramienta fundamental para bajar los altos índices de accidentes y de mortalidad por esa causa”.
“Creo que los hechos que acontecen diariamente en nuestra ciudad, en materia de comportamiento vial por parte de los ciudadanos, hace rato que trasvasó todos los límites. Desde hace 30 años, nuestra urbe fue creciendo en población e infraestructura, pero no nos prepararon para conducirnos y comportarnos de acuerdo a esa realidad. El parque automotor villamariense es de los más densos del país, y en ciclomotores las estadísticas hablan de números elevados. O sea, hay muchos automóviles, muchas motocicletas, pero sus conductores forman parte del elenco anárquico que es el tránsito vehicular y el mal comportamiento de nosotros al volante de los rodados”, señaló.
“Esa realidad nos ha hecho retroceder en un aspecto importantísimo de los villamarienses, y que antes era un orgullo: nuestra calidad de vida. Nuestros hijos no están seguros al conducir una bicicleta, los peatones sortean el arrebato de los automovilistas, escapes libres de motos en todos lados, vandalismo sobre ruedas, autos con buffers alterando sueños en barrios tranquilos, picadas clandestinas, y el horror de la mala conducción diaria donde no se salvan ni los que conducen los móviles policiales, ni los de Seguridad Ciudadana”, agregó.
“Los viciados de la conducción podremos palear nuestras conductas gracias a que nuestros hijos pequeños nos han hecho usar cinturón, esperar el verde en los semáforos, y nos están tirando de las orejas por cualquier detalle que pasamos por alto. Nos exigen llevar los papeles en orden, el seguro y que cumplamos con lo que la maestra les enseña a ellos”, agregó.
“Creo que estos años fuimos malos ejemplos, por eso estimo que mi generación está ante la oportunidad histórica de dar un enorme salto de calidad. Quienes tenemos la responsabilidad de la función pública local debemos unirnos para diseñar la educación vial como una política de Estado. Estoy altamente persuadido de que es por allí donde podremos comenzar domar la problemática, ya que una política así, pensada a 10 o 15 años, dará fructuosos resultados porque las metas superan cualquier gestión política de turno”, consideró el concejal de la UCR.
“No tengo dudas que de que al secretario de Gobierno le debe preocupar este tema, accidentes y caos es lo que hereda, y yo soy un soldado dispuesto a trabajar en serio para que juntos resolvamos este flagelo en el que estamos metidos. La seguridad vial es un tema que nos involucra con nuestra vida misma, y cuando ocurren los accidentes y la ambulancia de los Bomberos debe asistir a los heridos, no tienen identificada su pertenencia política. Ahí solo cuenta el factor humano, la vida, el valor más importante del hombre”, remarcó.
Con el compromiso de todos
“Avanzar sería disponer la creación de una Escuela de Seguridad y Educación Vial, direccionada con gente idónea en la instrucción y la docencia, con experiencia, y fundamentalmente dispuesta a regirla de modo autónomo. Tomando el compromiso de todos los responsables de la función pública, tanto oficialistas como opositores, solo así le garantizaremos al objetivo reglas claras, largo plazo de trabajo y resultados positivos”, afirmó.
“Todas las medidas de rigor que puedan tomarse desde Tránsito, como multas o controles, serán solo paliativos y nunca terminarán con los vicios que traemos quienes hoy somos conductores. Solo la educación vial formará ciudadanos responsables y apegados a la ley, y eso debería comenzar con las nuevas generaciones, entre los 16 y 18 años. Las licencias debe otorgarlas una institución con características formadoras, y no recaudadoras. Cada vez que se habilita a una persona para conducir, es como entregarle un arma. Hasta ahora, así lo marcan las estadísticas, porque los accidentes de tránsito son la principal causa de defunción en los niños y jóvenes de 5 a 29 años. Es por eso que la ONU lanzó un programa para bajar estos índices”, indicó.
“Es nuestro deber erradicar este espanto, que es peor que una plaga, empezando en nuestra ciudad. En el marco de la seguridad vial, la educación vial constituye una de las herramientas fundamentales para la prevención de riesgos, accidentes y lesiones relacionados con la circulación de vehículos, porque con ella se pretende favorecer el desarrollo de la persona, de la colectividad y del medio ambiente, mediante la adquisición de conocimientos, procedimientos, actitudes y valores que consigan una movilidad más segura. Hay ejemplos de eso en numerosas ciudades que bajaron esos riesgos con el proceso de educación vial, y una licencia que cueste una sólida instrucción y forme una cultura en este aspecto”, apuntó.
Confío en el secretario de Gobierno, y que tomará nota de mis dichos sobre la dimensión de esta temática. Vivimos en la misma ciudad, nos toca llevar los niños al mismo colegio, es decir, padecemos los mismos problemas, al igual que con todos mis pares concejales, por esa razón apelo a que acoplemos ideas todos juntos para llevar adelante la primera política de Estado de la ciudad que podamos decir que trascendió lo político partidario, perduró en el tiempo, recuperó nuestra calidad de vida, y terminó imponiendo un modelo que otras sociedades quieran copiar. A partir de lo muy malo, a veces comienza lo muy bueno”, concluyó.
