Entrevista a Carlos Baradello

Por “gratitud”, villamariense becará a jóvenes que estudien Ingeniería

Es ingeniero, nació en Villa María y hoy es uno de los pilares del centro mundial donde se impulsan y desarrollan las nuevas tecnologías. Por gratitud y para dejar un legado, es que ayudará a jóvenes con una beca universitaria
miércoles, 4 de septiembre de 2019 · 09:00

Carlos Baradello es un ingeniero villamariense -egresado de la Universidad Católica de Córdoba (UCC)- que está radicado en los Estados Unidos y es uno de los exponentes del mundo en materia de innovación y soluciones tecnológicas.

En su último viaje a Argentina, realizado hace un mes atrás, firmó un acuerdo con las autoridades de la Universidad que le dio su título de grado, a través del cual el profesional entregará becas a estudiantes que sean de Villa María y San Francisco -y localidades circundantes- y que deseen hacer su carrera de Ingeniería en la Católica de Córdoba desde el año próximo.

¿Cómo surge ese gesto de generosidad? Para encontrar la respuesta a esa pregunta entrevistamos a Baradello, quien, vía telefónica desde su oficina en Sausalito (California, USA), habló de la gratitud que siente por esta localidad y la ciudad natal de su esposa, Ana.

“Soy de Villa María y tengo una gran gratitud a mi ciudad. Mi esposa de San Francisco y mi suegro fue un ingeniero civil que tuvo mucho que ver con la identidad de esa ciudad, por lo que la ingeniería atraviesa nuestras vidas”, comenzó diciendo. Y también la UCC entrelaza sus historias, a punto tal que los casó un jesuita de esa casa de estudios.

Por eso hoy resolvió que aportará por cada beca -dos por año, una para cada ciudad- el 120% del costo total de las cuotas y matrícula a estudiantes que reúnan esa condición geográfica y cuyas familias necesiten una ayuda económica. “La beca está pensada para seis años, siempre que conserven un promedio de siete o más”, especificó Baradello.

Como tendrá continuidad, el sexto año podrían ser 12 los estudiantes becados por Baradello.

 

Raíces

El ingeniero que hoy es uno de los pilares de Silicon Valley, la cuna de la tecnología mundial, nació en Villa María.

Comenzó sus estudios primarios en el Instituto San Antonio antes de la edad establecida, porque sus mayores veían la sed de aprendizaje que tenía desde su primera infancia. Luego pasó al José Ingenieros y el secundario lo hizo en el Bernardino Rivadavia.

“Hice el Perito Mercantil porque mis padres no sabían si me iban a poder mandar a la universidad. Y esa opción te permitía insertarte en el mundo laboral”, recordó.

Cuando estaba en el último año del secundario, le comunicaron que sí iba a poder cumplir el sueño de estudiar Ingeniería. Corría el año 1966.

Así fue como aprobó el examen de ingreso, pese a que tenía materias que no había visto en su Perito Mercantil, y con 22 años logró su título de Ingeniero con las máximas calificaciones.

“La universidad fue un cambio extraordinariamente positivo. Era dos años más chico que mis compañeros, porque empecé el colegio antes y, si bien en el primario no tuve problemas, en el secundario esa diferencia de edad se acentuó. Pero cuando llegué a la universidad fue como si todo se hubiera normalizado. En esos años, la UCC era relativamente joven y había un clima extraordinario de construcción”, remarcó.

El destacado alumno fue propuesto para una beca que ofrecía el Gobierno de Holanda y allá fue, con sus 22 años, a realizar una maestría con 28 ingenieros de todo el mundo. “Fue una experiencia global cuando de la globalización aún nadie hablaba”, dijo.

Esa maestría le abrió muchas puertas y al año y medio, cuando regresó, tuvo otra oportunidad de formarse en el extranjero, concretamente, la de hacer el doctorado en los Estados Unidos.

“Con quien entonces era mi novia tuvimos que decidir: o seguíamos el noviazgo por correspondencia o nos casábamos”, contó. Y eligieron el segundo camino.

El mismo día de la boda, en medio de una crisis económica que pasó a la historia como el “Rodrigazo”, la pareja viajó a el país del norte a iniciar su nueva vida en común.

 

En el lugar y el momento justos

Al llegar a los Estados Unidos “tuve la gran fortuna de que fue justo cuando aparecieron en la escena de la ingeniería electrónica los chips, los microcomputadores. Hice mi tesis doctoral sobre el uso de estas tecnologías para aplicaciones industriales y pude ver, desde el principio, cómo la tecnología ha ido acelerando los cambios”, señaló.

“Imagínese esta conversación que estamos teniendo -por WhatsApp-, es gratuita. Cuando llegué acá hablaba con mi mamá a Argentina por 3,50 dólares el minuto”, dijo, para graficar los cambios disruptivos que introdujo la tecnología en las telecomunicaciones, unos de sus primeros campos de especialización.

Hoy es invitado por universidades y organizaciones de todo el mundo a hablar de innovación y de lo que se viene para el futuro en materia tecnológica.

Es tal el reconocimiento que tiene en la materia, que trabaja para un grupo de inversores con los que financian proyectos tecnológicos. “Buscamos esos proyectos disruptivos, el futuro Google o el futuro Facebook y lo financiamos”, señaló.

“Es que esta disrupción ha sido parte de mi vida y hoy invierto en empresas disruptoras que van a tener un enorme impacto y que van a descolocar a lo que está establecido. Esto va a ocurrir en  todas las áreas”, dijo.

El primer fondo fue hace casi 10 años y lo lanzaron en Córdoba, apoyando a siete empresas cordobesas.

“El segundo es el que estamos poniendo en marcha ahora y es relativamente chico para Silicon Valley, porque es de 20 millones de dólares. Ya tenemos a 16 empresas prometidas de Córdoba, Buenos Aires y de países de Latinoamérica”, planteó.

“Buscamos grandes ideas y grandes sueños, porque eso es lo que nosotros financiamos”, concluyó.

 

“Los próximos 10 años van a ser extraordinarios”

Desde su oficina en Sausalito, un idílico poblado ubicado en la costa oeste de Estados Unidos, el ingeniero villamariense lleva a cabo gran parte de su actividad. Es docente universitario y el resto de “las 70 a 80 horas semanales de trabajo” las desarrolla tanto para el grupo inversor Alaya Capital Park como en la empresa propia denominada Sausalito Ventures.

Los cambios son una constante, asegura: “En los últimos 5.000 años se han dado cambios, lo que es diferente es la velocidad que le imprime la introducción de las tecnologías digitales. Por eso, los próximos 10 años van a ser extraordinarios”, aseguró.

La “revolución industrial 4.0” es la que viene de la mano de un mundo interconectado, “donde la parte más importante será la captura de información”.

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