Charla de Peressutti ante futuras diseñadoras que se forman en Bellas Artes
“No vayan a talleres textiles donde la ropa esté manchada con sangre”
Convocada por la Escuela Superior de Bellas Artes “Emiliano Gómez Clara”, la auditora general y especialista en cuestiones de trata de personas hizo un serio llamado a las alumnas de la Tecnicatura Superior en Diseño de Indumentaria y Complementos“El horror de los talleres cladestinos. Pensar el trabajo decente en la industria textil”, fue el título establecido para la charla que Alicia Peressutti brindó a futuras diseñadoras de ropa y complementos, con el auspicio de la Subsecretaría de Promoción de Igualdad y Calidad Educativa del Ministerio de Gobierno de la Provincia de Córdoba.
Convocada por la directora del establecimiento, Fabiana Romano, y por la profesora Claudia Ceballos, Peressutti fue creando un clima que cimentó el interés de las alumnas en la temática hasta el punto de convertirlas en aliadas dentro del mismo campo en el que se produce aquel “horror”.
“Es muy posible que algunas de estas chicas vayan a ser contratadas como diseñadoras y no lleguen a saber que están trabajando para alguien que realiza su actividad en la clandestinidad”, dijo inicialmente Peressuti en diálogo con El Diario.
Para la auditora general de la ciudad, autora de libros en los que aborda descarnadamente el tema de la trata y la explotación de personas, fue “muy importante” la iniciativa de las autoridades de esa casa de estudios. “Por lo que pude ver, allí se forman personas que vienen de distintas localidades y pueblos de nuestra provincia, pero también desde otros puntos del territorio nacional, o sea que el mensaje esta vez se multiplica mucho más allá de Villa María”, manifestó.
Hay 300.000 personas esclavizadas
Peressutti recordó que “las cifras de entidades involucradas y comprometidas en la lucha en esta temática hablan de 300.000 personas esclavizadas en talleres textiles”.
“Con esas entidades fuimos al Parlamento por una ley que penalice no solamente al dueño de esas fábricas del horror, sino también a sus clientes, a quienes adquieren las prendas que allí se confeccionan. Pero, después de caminar mucho los pasillos del Congreso, no conseguimos que fuera bajada al recino”, recordó, para señalar que “ahora intentaremos ir por la positiva con otra legislación...”.
Nuevamente a la carga en el Congreso
Consultada acerca de cómo sería esa nueva estrategia, respondió que “se está pensando en que la ropa debe llevar una etiqueta que indique que es libre de trabajo esclavo”.
“De esa forma, el Estado tendrá otra responsabilidad. Para dar tal número de etiquetas, esa fábrica deberá demostrar dónde fabrica tal cantidad de prendas, qué capacidad real tiene, cuántos empleados tiene en blanco y, si terceriza, dónde están los talleres que trabajan para la marca... Luego, habrá que ver que la etiqueta tenga unas medidas de seguridad determinadas, un holograma, porque esta gente es capaz de cualquier cosa”, explicó.
Además, consideró que “una ley de esta naturaleza, por el solo hecho de abordar la cuestión, ya visibiliza el problema, ya lo pone sobre la mesa...”.
Ante la pregunta de cómo se le puede pasar “por alto” al Estado semejante industria paralela y clandestina que cuenta con la mano de obra barata de 300.000 personas, algunas sometidas a condiciones de vida inhumanas, la mujer dijo que “hay intereses muy grandes que se juegan en la materia”.
Comentó que “uno normalmente se cree que en esos talleres clandestinos se hace la ropa que luego se vende en La Salada, pero una buena parte es ropa de marcas consagradas como Kosiuko, Mimo, Cheeky..., y no son nombres al azar, sino que han sido expuestas por la Fundación La Alameda, a la que respetamos”.
Peressutti manifestó que “se han comprobado casos en los que una prenda por cuya confección se paga $50, está expuesta en grandes superficies comerciales en $4.000 o más”.
Tela fabricada en barcos fondeados en aguas neutrales
“Pero ahí no termina la cosa, porque existen muchos casos en los cuales la tela fue fabricada en barcos que se encuentran fondeados en aguas neutrales, donde no hay legislación que regule la actividad y donde el trabajo esclavo está a la orden del día. Entonces, yo les dije a las chicas que pregunten, que analicen las propuestas que les lleguen para desarrollar la profesión que eligieron, que no vayan a trabajar para talleres textiles donde la ropa esté manchada con sangre”.
Cuando se le preguntó acerca de cómo tomaron sus palabras las alumnas de la Tecnicatura Superior en Diseño de Indumentaria y Complementos, la auditora indicó que “ellas están de acuerdo, hasta hubo alguna que se animó a decir que conocía algún caso de explotación laboral”.
“Creo que nos van a acompañar a difundir este nuevo proyecto de ley que queremos impulsar, además porque el trabajo esclavo en los talleres clandestinos es una modalidad que quiebra a la industria y perjudica también a los diseñadores pequeños”, concluyó Peressuti.
Revelaciones tras un viaje a Buenos Aires - “Van por los hostels buscando a los venezolanos recién llegados al país”
En el último viaje para realizar gestiones en Buenos Aires, la auditora se tomó dos horas para recorrer hostels y hoteles de pocas estrellas de la zona de Constitución.
Peresutti confió al periodista de El Diario que los responsables de tres de los establecimientos le reconocieron que “vienen de los talleres textiles y preguntan si hay venezolanos alojados”.
La titular de la Auditoría general, que en esta ciudad funciona a la vez como una Defensoría del Pueblo, indicó que “se aprovechan de esta gente que viene escapando de una situación muy difícil en su país, para tomarlos como mano de obra barata”.
“Eso sería en el mejor de los casos, ya que lo más común que se está dando es que los tomen para explotarlos, contraviniendo toda la normativa laboral; haciéndolos pasar un sinúmero de horas sentados a una máquina de coser... Y en la mayoría de los casos, como decía, no están cosiendo prendas que van a ser vendidas en La Salada, sino en grandes centros comerciales”, añadió.
“Uno normalmente se cree que en esos talleres clandestinos se hace la ropa que luego se vende en La Salada, pero una buena parte es ropa de marcas consagradas como Kosiuko, Mimo, Cheeky...”
