Homilía del presbítero Alberto Bustamante en la misa por el aniversario de la muerte de José Manuel de la Sota

Cuestionó a los “apoltronados” que le piden “al pueblo que siga sufriendo”

La homilía en la misa por el exgobernador tuvo condimentos de actualidad
miércoles, 18 de septiembre de 2019 · 11:30

El domingo último, el vicario de la Diócesis de Villa María, presbítero Alberto Bustamante, fue el encargado de celebrar la misa en la Catedral de Córdoba para pedir por el eterno descanso del exgobernador José Manuel de la Sota.

La presencia del candidato a presidente del Frente de Todos, Alberto Fernández y del gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, entre todos, hizo que el eje de la información pasara centralmente por lo político.

Sin embargo, desde El Diario quisimos rescatar el mensaje del sacerdote en su homilía, en el que citó a autores como Leopoldo Marechal, poetas y hasta el mismo Juan Domingo Perón.

Tras saludar afectuosamente a la familia del gobernador -con la que mantiene una relación de amistad-, Bustamante expresó que ofrecían esa misa por “José Manuel el hijo, el esposo, el padre, el abuelo, el político apasionado. Porque en definitiva lo que nos realiza no es la posesión de las cosas, no son los gozos truchos de los becerros de oro, ni las inmolaciones de los principios ante el Dios dinero los que nos dan vida, sino los vínculos serviciales y amorosos”.

Pidió poner en práctica la fe en la sociedad: “A esta fe no la podemos relegar a la intimidad secreta de las personas, debe influenciar en la vida social y nacional. Una auténtica fe siempre implica un profundo deseo de cambiar el mundo, de transmitir valores, de dejar algo mejor en nuestro paso por la tierra. José Manuel dejó mucho”.

Rescató de las lecturas del día la que refiere a Moisés, un líder de su tiempo que logró la unión de las tribus de Israel. “Es llamativo cómo Moisés no llega a la tierra prometida. Pero su pueblo sí. No se puede ser dirigente apoltronado en los disfrutes de la tierra prometida y pidiéndole al pueblo que siga sufriendo en el desierto. Hay que caminar con la gente, en medio de la gente y para la gente”.

“No sirve para ser nación un proyecto de pocos y para pocos, de una minoría iluminada o testimonial, que se apropia de un sentido colectivo. Es un acuerdo de vivir juntos. Es una experiencia de pueblo en marcha en la historia, con las dificultades y contratiempos, con los gozos y las penas, con los dolores y las alegrías”, agregó.

En otro tramo señaló que es indispensable “escuchar a todos, no al que me dice lo que quiero oír. Es imposible encontrar caminos de solución a la compleja diversidad de problemas y demandas sin este indispensable hábito del espíritu: escuchar y escucharnos, porque la realidad, como nos dice el Papa Francisco, siempre es superior a la idea. Y no hay persona más peligrosa que la que se enamora de una idea y nunca se enamora de su pueblo. Son las típicas personas, los típicos dirigentes que, parados sobre los escombros de la comunidad destruida por la idea, celebran que salvaron la idea. Las ideologías prepotentes y autoritarias tienen este origen. Dios nos libre de emborracharnos de la sordera de los prepotentes y soberbios que solo generan violencia y rompen la amistad social”.

Habló con consonancia con el mensaje de la Iglesia que hay que caminar hacia una “cultura del encuentro”. “Solo así podremos renovar la confianza en nosotros mismos como sociedad y en nuestra dirigencia política, social, académica, religiosa, empresarial, sindical y de las organizaciones sociales para corregir el rumbo del individualismo hedonista”.

En ese tramo de su homilía, citó a Juan Domingo Perón, quien cuestionó el individualismo y la pérdida de los lazos espirituales entre los hombres. “‘Todo este proceso se funda en una falacia: la de creer que es posible la realización individual fuera del ámbito de la realización común’. Nadie tiene el monopolio de las soluciones, nadie tiene le monopolio del origen de los problemas”, dijo el sacerdote.

Rescató, finalmente, el camino de De la Sota en el tramo final de su vida, en el que estuvo “creando puentes” inspirado “en el humanismo cristiano”.

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