Día del Abogado
Trabajar con responsabilidad
“Creo fervientemente en el compromiso, la dedicación, la vocación y la valentía de los miles de abogadas y abogados que ejercemos tenazmente la profesión honrando los intereses que nos confían nuestros asistidos”Escribe Sebastián Elía
Es frecuente que para esta fecha se traigan a la memoria los abogados y abogadas que han hecho una contribución trascendente en la construcción de nuestro Estado de derecho. Sin embargo, en esta oportunidad me permito rendir homenaje y destacar la labor de todos los abogados y abogadas litigantes que trabajan día a día desde el anonimato, ejercitando los derechos de sus asistidos a lo largo y a lo ancho de nuestra Patria.
Esa labor, que con tanto compromiso y vocación llevan adelante miles de colegas, tiene una gravitación decisiva en el mantenimiento de la cohesión social, en la conquista de derechos y la vigencia de la Constitución.
En el ejercicio de la profesión uno ve ejemplos cotidianos en los que, gracias a la intervención responsable y eficaz de un abogado, la vida de un ciudadano se ve transformada: pensemos en un trabajador que logra ser reincorporado a su puesto de trabajo del que fue ilegalmente apartado; el paciente que, amparo mediante, logra una cobertura vital para su salud; la familia que consigue revincularse, pese a sus diferencias, privilegiando las necesidades de los niños, niñas y adolescentes; la víctima de un delito a la que se le reconoce el acceso a la justicia; el ahorrista que percibe la justa reparación cuando un banco o el Estado se devora el esfuerzo de toda una vida; vecinos que dirimen sus diferencias en una mediación...
Esa labor invisible, desplegada por innumerables profesionales, garantiza una red de contención que hace viable la vida en sociedad, más aún en momentos como el actual, de crisis y tensión social, enmarcada en un generalizado descreimiento de las instituciones, pero particularmente de la Justicia. Tan es así, que el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Carlos Rosenkrantz, en su primer discurso de apertura del año judicial habló de “superar la crisis de legitimidad de la Justicia”.
En este marco, es vital que los abogados y abogadas sigamos trabajando con creatividad y responsabilidad, trasmitiendo a la ciudadanía en general y a nuestros asistidos en particular que la resolución de conflictos no puede descansar exclusiva y excluyentemente en la administración de Justicia.
Judicializar todas las controversias que surgen en una sociedad conduce al caos, sobre todo -insisto- en el contexto de una administración de Justicia que se ha vuelto (al menos a los ojos de la sociedad) ineficiente y poco confiable.
Es claro, en este punto, que los abogados en tanto somos auxiliares de la Justicia, debemos ser parte de la solución. Por eso los colegios y federaciones de abogados debemos actualizar permanentemente el debate acerca de qué perfil de abogado está necesitando nuestra sociedad y cómo garantizar el ejercicio eficaz de la profesión en la coyuntura actual.
Por ese camino seguiremos ampliando esa red imperceptible de contención social, compuesta por abogadas y abogados sensibles y comprometidos con la realidad.
Creo, en definitiva, en la abogacía como herramienta indispensable para la vida en comunidad y creo fervientemente en el compromiso, la dedicación, la vocación y la valentía de los miles de abogadas y abogados que ejercemos tenazmente la profesión honrando los intereses que nos confían nuestros asistidos.
Va mi saludo fraterno, entonces, para todos los colegas que, de manera anónima, trabajan día a día poniendo todo su empeño y dedicación para resolver o evitar un conflicto o garantizar el reconocimiento de un derecho. A todos ellos, que no son noticia simplemente porque es lo que hacen a diario.
