Día del Abogado

No podemos perder de vista el ideal de justicia y el “deber ser”

Más allá de un defensor del Derecho, el abogado debe pregonar siempre la conciliación de intereses y evitar, en la medida de lo posible, litigios en vano
jueves, 29 de agosto de 2019 · 11:30

Escribe Julieta M. Delfino

En el día de la conmemoración del natalicio de Dr. Juan Bautista Alberdi es menester recordar el rol principal que ocupa la Abogacía dentro de nuestra sociedad; esto es, ser la encargada, por excelencia, de auxiliar a la Justicia.

Si bien estamos frente a una profesión de base privada, donde prevalece en primer lugar el asesoramiento jurídico que cada colega realiza a sus clientes en base a problemáticas concretas, lo cierto es que posee otra faz -no por menos importante- de entidad pública, ya que enmarca como fin último la búsqueda de la verdad y la justicia, actuando de manera constante en la evolución social y en la formación del bien común de la misma.

La Abogacía como profesión, y el abogado como instrumento necesario de la misma, actúan como puente a los fines de acercar a los magistrados posturas concretas que defiendan los derechos e intereses que entiendan viables y que se encuentren controvertidos.

Esta facultad es la que dignifica nuestra profesión, la posibilidad de auxiliar en la resolución de conflictos en base al derecho vigente, enmarca un compromiso social de relevancia, donde no podemos perder de vista el ideal de justicia y el “deber ser” que nos convoca, es decir, verificar -en términos de razonabilidad- la legitimación de las pretensiones en las que somos llamados a asesorar e intervenir. Y en base a ello, entablar una postura acorde que tenga como fin último la búsqueda de justicia.

Además, sin olvidar que más allá de un defensor del Derecho, el abogado debe pregonar siempre la conciliación de intereses y evitar, en la medida de lo posible, litigios en vano.

Decía Alberdi en su obra maestra “Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina”… “La ley, la Constitución, el Gobierno, son palabras vacías si no se reducen a hechos por la mano del juez, que, en último resultado, es quien las hace ser realidad o mentira”.

Si bien el magistrado es quien, en última instancia, decide sobre la resolución de un conflicto, es el abogado el que, con su labor, debe instar a formar la convicción del juez para que éste resuelva conforme a derecho.

 

“La Abogacía y el abogado actúan como puente a los fines de acercar a los magistrados posturas concretas que defiendan los derechos e intereses que entiendan viables y que se encuentren controvertidos.”

 

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