No podemos, como profesionales del Derecho, mirar para otro lado

Todos los abogados tenemos el deber de defender y divulgar para su conocimiento los derechos ciudadanos, consagrados en la Constitución Nacional, nuestra ley suprema, que tan vapuleados y amenazados están en estos tiempos
jueves, 29 de agosto de 2019 · 11:30

Escribe María Laura Rüedi

El 29 de agosto se instituyó el Día del Abogado en memoria de Juan Bautista Alberdi, nacido ese mismo día de 1810, abogado y redactor de las “Bases” de nuestra Constitución, aunque a mí, personalmente me conmueve más otra fecha -el 7 de julio- instituida por Ley 27.115 del 14 de diciembre de 2014 como el Día del Abogado Laboralista, en homenaje a los abogados asesinados, en la que se conoció como “la noche de las corbatas” y de todos los letrados que, por luchar por la democracia y la República, sufrieron el mismo destino.

En esa fatídica noche del 6 y madrugada del 7 de julio de 1977 fue secuestrado y asesinado después, entre otros, el abogado laboralista Norberto Centeno, redactor de nuestra Ley de Contrato de Trabajo, mientras volvía de trabajar de su estudio jurídico.

De manera que, desde mi visión de abogada laboralista, es que escribo esta nota.

Así es como creo que el abogado cumple un doble rol: uno es individual, el de mero prestador de servicios, y otro de carácter social, el de defensor y divulgador de derechos.

Este segundo rol configura una obligación moral ineludible -máxime si ha obtenido su título de la universidad pública nacional-, que es la de defender los derechos adquiridos por la sociedad, producto de largas y penosas luchas populares, debiendo bregar para que ese espectro de derechos se amplíe aún más, siempre en beneficio de los ciudadanos.

Para que se entienda bien: quienes litigamos, no siempre lo hacemos en pos de la justicia (aunque a veces el resultado coincida con lo que es justo), sino procurando defender los intereses de quienes nos contratan.

Sin embargo, creo que todos los abogados tenemos, además, el deber de defender y divulgar para su conocimiento esos derechos ciudadanos, consagrados en la Constitución Nacional, nuestra ley suprema, que tan vapuleados y amenazados están en estos tiempos.

Podremos dedicarnos a cualquier especialidad del derecho en defensa de los intereses de nuestros clientes, pero lo que no podemos, como profesionales conocedores del Derecho, una disciplina esencialmente humanista, es mirar para otro lado o convalidar con nuestro silencio los zarpazos que los poderosos dan a nuestra Constitución Nacional, vigente desde 1853.

En su última reforma de 1994, se incorporaron en su artículo 75, inciso 22, tratados, declaraciones y convenios internacionales, llamados “bloque internacional de los derechos humanos”. Esos derechos deben ser difundidos, respetados, defendidos y conocidos por todos, sin distinción, y solo así lograremos vivir en una sociedad más sana y más justa.

De lo contrario, si incumplimos ese segundo rol o misión, devenimos en simples negociantes, sin necesidad de otro conocimiento que el del primitivo trueque.

Mariano Moreno, otro abogado y enorme humanista argentino, dijo: “Si los pueblos no se ilustran, si no se vulgarizan sus derechos, si cada hombre no conoce lo que vale, lo que puede y lo que se le debe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas y después de vacilar algún tiempo entre mil incertidumbres, será tal vez nuestra suerte mudar de tiranos sin destruir la tiranía”.

Por eso, frente a los embates sufridos últimamente por parte del presidente de la Nación a nuestra dignidad, estigmatizando nuestra profesión con el término “mafias”, especialmente a los abogados laboralistas, con el solo propósito de instalar la idea de la reforma y la consecuente precarización laboral y demonizando al sindicalismo en general, con el fin de generar el odio de la clase trabajadora hacia las organizaciones protectorias de sus derechos, violentando flagrantemente desde el propio Poder Ejecutivo las garantías y derechos consagrados en nuestra Carta Magna (artículo 14 bis), es necesario, imperioso y un deber de los abogados repudiar tales conductas y bregar para que no se naturalicen estas violaciones constitucionales.

Así lo han entendido numerosas asociaciones de abogados en nuestro país, que públicamente han repudiado sus dichos descalificatorios.

Un saludo a todos mis colegas en este día.

 

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