Entrevista - Padres de víctimas contaron sobre su largo trabajo para que las muertes de sus hijos no queden impunes

Cuando el dolor moviliza la lucha por la justicia

Para Nilda Gómez y Alberto Lebbos la necesidad de que la impunidad y la corrupción no queden sin castigo fue el impulso que los motorizó
lunes, 26 de agosto de 2019 · 11:38

El dolor los ha fortalecido de tal manera que, a pesar de él, pueden hablar con vehemencia sobre la muerte de sus hijos y de su lucha diaria para que no queden impunes, para que no hayan sido en vano. Nilda Gómez, mamá de Mariano Benítez, un pibe de 20 años víctima de Cromagnón, se quiebra cuando habla de su hijo. Ella dice que ese hecho es “indefectible”, que no lo puede dominar aunque lo intente, aún así, su relato va adquiriendo fuerza a medida que avanza en los detalles de su lucha en busca de justicia.

“Jamás voy a poder hablar de Mariano sin llorar, pero adquirí la habilidad de poder seguir hablando. A pesar de las lágrimas me permite comunicar lo terrible que es la pérdida de un ser tan amado como un hijo y la necesidad de seguir porque si yo no lucho, nadie lo hace por mí”, asegura.

Alberto Lebbos lleva desde 2006 un incansable reclamo para dar con los asesinos de su hija Paulina 

Alberto Lebbos, papá de Paulina, una joven de 23 años que desapareció a la salida de un boliche en Tucumán en febrero de 2006 y 13 días después fue encontrada asesinada a la vera de una ruta, confiesa que el dolor no se supera nunca.

“Lo que se supera es correrse del abatimiento, de la desesperación, que las emociones que nos embargan, de las dudas, no tenés alternativas, tenés que salir a luchar por tus derechos”, afirma.

Tanto Gómez como Lebbos coinciden en que ponerse a luchar por sus hijos, a pesar del dolor, fue una decisión por la necesidad de encontrar justicia para que la impunidad y la corrupción no queden sin castigo.    

 

Desde el alma

“Ese dolor que no se supera nunca, se transforma en fuerza para luchar por Justicia, es una decisión que nace del alma, de lo profundo del ser y que te dice que tenés que ir a marchar. A pesar del desaliento de la gente que te pregunta para qué lo hacés, hace 700 martes que marcho así caiga piedra, llueva o haga 45 grados de calor o dos grados bajo cero”, señala Lebbos.

“Soy de la Comisión de Familiares de Víctimas de la Impunidad en Tucumán, un grupo de familias unidas espontáneamente que hacemos marchas en la Plaza Independencia todos los martes, y hace 13 años que voy todos los días a los Tribunales”, agregó.

“Mi hija no va a volver, pero no puede ser que los asesinos y los encubridores estén libres y haya un poder político corrupto que los proteja. A Paulina la mató alguien muy allegado al clan Alperovich-Rojkés, el exgobernador de Tucumán ahora usa el Senado como una guarida para destruir la verdad y huir de la Justicia, y su esposa ha sido tercera en el orden presidencial durante el Gobierno de Cristina de Kirchner”, dijo Lebbos al recordar que el crimen de su hija siempre fue relacionado con el matrimonio. Incluso el hijo menor del exgobernador, Daniel Alperovich, y la esposa del actual senador, Beatriz Rojkés, debieron declarar en el juicio por el asesinato de Paulina Lebbos.

“Las pruebas fueron destruidas, cabellos encontrados sobre el cuerpo de Paulina que no eran de ella no fueron preservados, las actas fueron adulteradas”, enumeró.

“El juicio llega gracias a un fiscal héroe que investigó, llamado Diego López Avila. Fue condenada la cúpula de seguridad de Tucumán durante el gobierno de Alperovich y ahora comienza el juicio oral contra el fiscal Carlos Albaca, acusado de 11 delitos, entre ellos encubrimiento agravado. Este fiscal tuvo la causa paralizada durante siete años, pero la Legislatura permitió que se jubile sin hacerle juicio político, todos hacen una conjunción perversa de delincuentes disfrazados de políticos metidos en el Poder Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial”, remarcó.

“Roberto Gómez, cuyo padre dijo públicamente que tiene una relación muy estrecha con los Alperovich, era el único acusado por el homicidio, fue quien usó su chip en el teléfono de Paulina mientras estuvo desaparecida, pero está libre porque no se pudo probar su participación en el homicidio porque destruyeron pruebas. Sigue bajo investigación y ahora está acusado de falso testimonio y encubrimiento, pero hoy no hay nadie preso por el asesinato de mi hija”, subrayó Lebbos, quien añadió que la causa prescribe en el año 2022.

“Hay 28 personas imputadas por falso testimonio, de las cuales 11 salieron detenidos después de declarar. En Tucumán, en los 9 de julio iba la presidenta Cristina de Kirchner, que no nos daba la audiencia que le pedíamos, pero en el palco estaban Alperovich y toda la cúpula de seguridad que hoy está presa, sin embargo, ante mi reclamo de justicia, decían que yo hacía campaña política”, enfatizó.

 

Para seguir respirando

“Para que este dolor que paraliza, nos movilice y se transforme en acción hace falta una decisión, como la de todos los días de seguir viviendo, porque la idea es siempre encontrarme con Mariano, verlo. Es todos los días decidir vivir porque tengo otros hijos, porque tengo una lucha”, admitió Gómez, por su parte.

“Presido la Asociación Civil Familias por la Vida que incluye a muchas familias de víctimas de Cromagnón y de otros delitos, para nosotros formar la asociación y trabajar en conjunto fue un elemento importante para darnos fuerza para bajar los pies de la cama y pararnos, porque el dolor no se supera, te acompaña de manera permanente”, agregó.

“Tuve que ponerme al frente de mi lucha personal, no solo para seguir respirando, sino para que la impunidad no termine con su memoria. Cuando te dicen que tu hijo está muerto es el dolor más grande que pueda atravesar el cuerpo, el alma y la mente de una persona, volver a construirse es muy difícil, pero la necesidad de justicia y el hecho de que la impunidad no triunfe te mantiene viva”, sostuvo Gómez.

“También es para que esa muerte no sea en vano, porque si no pasa nada es como si hubiese sido un accidente, cuando en realidad él fue a un recital y terminaron asesinándolo, debido a que estaba todo mal”, manifestó.

“Si bien no hubo una necesidad de matar, no fue un accidente. Aníbal Ibarra tenía 36 alertas de que eso podía suceder y el boliche no fue clausurado. Tenía un sistema de inspectores de 300 personas, se dio cuenta de que había corrupción porque no le llegaba la plata de lo que cada uno coimeaba, decidió desarticularlo y quedarse con 12 inspectores a cargo de Fabiana Fiszbin, una maestra jardinera amiga de Vilma Ibarra, pareja de Alberto Fernández, entonces jefe de Gabinete de Néstor Kirchner”, precisó.

“El único mérito de esta persona para hacerse cargo del control de habilitaciones de todos los boliches de Capital Federal era ser la amiga de la hermana de Ibarra, eso pasó por corrupción”, señaló.

“Comprender que la corrupción mata fue lo que movilizó en cada uno de nosotros para que no vuelva a suceder. Fuimos a pedir la destitución de Ibarra por corrupto, porque lo contempla la Constitución de Buenos Aires, y tuvimos que soportar a organismos de Derechos Humanos encabezados por Estela de Carlotto haciendo una contramarcha, abrazada a Ibarra, y llamándonos golpistas y madres vengadoras”, subrayó.

“Esa lucha sin cuartel movilizó en cada uno de nosotros la necesidad de que hubiera justicia y se conociera la verdad. Estábamos pidiendo justicia porque nos habían matado a nuestros hijos y tuvimos que soportar el embate del poder, que era como matarlos de nuevo”, insistió.

“La corrupción mata, la impunidad también mata y en el camino la gente se muere de tristeza si no hay justicia, la única forma de reparar a una víctima es la justicia”, remarcó.

“Todo lo que se avanzó fue costa de los 194 muertos de Cromagnón, de los 17 sobrevivientes que se suicidaron, más los 46 padres de víctimas muertos de tristeza y de dolor”, afirmó.

“Yo era docente y durante el juicio, por la necesidad de comprender, estudié Derecho y me recibí de abogada”, contó Gómez.

“Después de Cromagnón la lucha por justicia fue inmediata, porque después de enterrar a mi hijo, sus compañeros, con los ahorros de Mariano y su último sueldo cobrado, compraron un bafle y un equipo de sonido para que en la marcha se pudiera llamar a todos para conocernos. Yo quería morirme y encontrarme con Mariano, pero mi hija me preguntó si me iba a quedar de brazos cruzados o si iba a luchar y me decidí. La necesidad hizo que me parara al frente de la gente para que me escucharan”, concluyó.

Gómez y Lebbos militaron para que se aprobara la Ley de Víctimas 27.732, realizaron aportes a la norma, e integran el Observatorio de Víctimas, creado a partir de dicha legislación. La ley pone el foco en la persona damnificada y crea mayores garantías y derechos para ella, algo sobre lo que disertaron la semana pasada en el Colegio de Abogados.

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