El futbolista tomó los apellidos de sus padres adoptivos

Pase magistral de Diego, que pone la verdad de cara al gol

Diego Acosta, reconocido jugador de Alem, es ahora Diego Balcarce Coyos. Luego de un trámite judicial que se demoró más de la cuenta, pudo cumplir con el homenaje a su papá Gregorio Arturo y a su mamá Estela, quienes lo adoptaron cuando tenía cuatro años
viernes, 19 de julio de 2019 · 08:44

Escribe Sergio Vaudagnotto
De nuestra Redacción

“Desde el comienzo, desde que tuve uso de razón, mis padres me hicieron saber la historia verdadera. Y creo que la verdad fue fundamental y tuvo mucho que ver con el amor que fue creciendo en mí hacia ellos; más allá de que siempre me hicieran sentir su hijo y me dieron todo el amor que se puede dar”, comentó inicialmente Diego en su charla de ayer con un periodista de El Diario.

El futbolista, quien además realiza trabajos metalúrgicos en su propio taller, allá donde se funden los barrios Florida y Los Olmos, de Villa Nueva, contó que a la decisión de llevar los apellidos de los padres adoptivos la tomó hace mucho tiempo: “Iniciamos los trámites correspondientes en la Justicia, pero el expediente se empantanó más de una vez...”.

“Lo retomábamos, pero nos íbamos desalentando y lo dejábamos ahí, porque nosotros siempre valorábamos más el amor que nos teníamos”, dijo Diego, ante la atenta mirada de su mamá Estela y de su hija Jazmín, las que lo acompañaron hasta nuestra Redacción.

Recordó luego que fue en 2013 cuando decidió dar los pasos necesarios para ganar definitivamente “el título” de su vida. “En una oportunidad tuvimos que viajar para hacer trámites en el lugar de origen... Fue un momento particulamente duro, de sentimientos encontrados, pero había que hacerlo para llegar a la paz que sentimos todos ahora, una paz definitiva, que se complementa con el amor que nos tenemos”, afirmó.

 Al año siguente, 2014, murió su papá. “Menos mal que se fue sabiendo que yo iba a hacer todo lo posible por llevar su apellido”...

“Mi viejo, Gregorio Arturo Balcarce, merecía esto y mucho más, igual que ella, mi mamá, Estela Coyos”, afirma.

La mujer, que seguía atentamente la charla, señaló entonces que, en un determinado momento, la falta del padre también trabó el trámite de filiación. Pero la voluntad de Diego y los suyos, era inquebrantable.

Y en 2017 se hizo justicia. Aquel niño que llegó a Villa Nueva en abril de 1989, este deportista, este hombre, padre de Jazmín y de Lautaro, eligó el momento de hacerlo público.

“Yo ya estaba tranquilo porque había conseguido lo que tanto quería. No sentía vergüenza por mi historia y fui viendo cómo futbolistas daban a conocer cosas profundas a través de las redes sociales. Entonces me animé y lo estoy haciendo, para que todos sepan lo que no se sabía”, explicó.

A poco de llegar a Villa Nueva, Diego hizo primaria entre  los colegios Belgrano e Inmaculada Concepción. En este último establecimiento educativo  cursó dos años de la secundaria, otros dos en la Escuela del Trabajo y los dos finales “en uno de las mejores instituciones de la capital provincial, cuya matrícula le pagaba la Agencia Córdoba Deportes, por ser parte de la Selección Juvenil cordobesa  que dirigía Héctor Tocalli”, según narró mamá Estela.

Con la camiseta tricolor de Alem levantó copas de la Liga Villamariense, también vistió la casaca de Colón de Arroyo Cabral, entre otros clubes, y con su clase de jugador se alzó con la admiración del público propio y del adversario... Pero ahora es la persona, Diego Balcarce Coyos, quien ganó el trofeo que le ofrenda a la familia que le dio cobijo. Una salida limpia desde el fondo, un pase magistral que pone a la verdad de cara al gol.

 

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