Un accidente lo dejó cuadripléjico a los 20 años. El amor de sus padres y los masajes de sus amigos fueron el primer empujón. Hoy es él quien empuja
Un canto a la vida, en clave de rock and roll
“Yo ya fui noticia en el diario”, dice al comienzo de la charla. Alude a un hecho ocurrido en 2007. Tenía entonces 20 años, se tiró de cabeza a una pileta en una casa de familia y el agua no alcanzó para amortiguar el golpe de su cabeza contra el fondo. Se quebró el cuello y quedó cuadripléjico
Escribe Sergio Vaudagnotto
De nuestra Redacción
Martín Galdeano te atiende el teléfono, al rato abre la puerta de su casa allá por el 1300 de la calle Ituzaingó, en barrio San Justo. Te pregunta si querés tomar mate y va... Te quedás mirando alrededor: la computadora, la impresora 3D, las guitarras, el amplificador, los cuadros, todo expuesto por la tenue luz que deja ingresar la ventana entreabierta. En un par de minutos regresa en la silla de ruedas, con el termo de agua caliente sobre las piernas y se pone a cebar...
“Yo ya fui noticia en el diario”, dice al tiempo que extiende el primer amargo y se mete de lleno en el relato de aquel accidente, como para que su interlocutor sepa que ahí se puede hablar de todo.
-Quedaste cuadripléjico...
-Sí, muy mal. Estuve siete u ocho meses en la cama sin mover prácticamente nada. Mis viejos y mis amigos fueron fundamentales. El amor de mi familia y los masajes que solamente te pueden hacer los amigos, por horas y horas, me devolvieron la movilidad en los brazos. Y una fisioterapeuta, Claudia Trento, claro, que señalaba el camino.
-Vine porque una persona que se siente muy agradecida con vos me contó lo que hacés con las sillas de ruedas, cómo las adaptás a las necesidades de cada uno y... ¡les ponés un motor!
-Somos un equipo. Yo detecto a las personas, veo sus necesidades, estudio su silla y preparo una idea, el diseño. Entonces, sé los fierros que se necesitan y entran a jugar bicicleteros, torneros, herreros... Ya entregamos 3 bicicletas eléctricas que cada usuario se pudo ir pagando.
-¿Cómo es básicamente el trabajo, el sistema?
-Generalmente, el cuadro de la silla, sus ruedas, no son lo suficientemente sólidas como para salir a rodar por las calles impulsadas por un motor. No tienen los caños del grosor necesario, tampoco los ejes; las soldaduras son muy débiles... hay que reforzarlas. Aunque algunas son tan débiles que directamente son inviables. Cuando conseguimos armar el cuadro, le agregamos el acople para que se le pueda adaptar la rueda delantera, con el manubrio, los frenos. Y sí, funciona como una bici eléctrica, con el motor de un taladro Dewalt, de 20 voltios. Esa es la parte en la que entra a tallar el tornero, el Negro Ceballos, que con el cabezal de una amoladora hizo la transmisión... Pero, ojo, que en el equipo hay otros torneros, que son Juan Quinteros y Luis Ferrato, éste con sus hijos, Nicolás y Gabriel; como también un bicicletero, que es Matías Colombetti, que fue mi compañero de primaria y también pecha con las ideas. Lo mismo que el Yiyí Aprile desde su taller de herrería en Villa Nueva, soldando los cuadros.
-Toda una obra de ingeniería, que funciona en base a una polea que mueve solidaridades...
-Sí, se podría decir que así funciona. Yo coordino. La batería de mi silla-bici es de 3 amperes y me da autonomía como para ir hasta la Municipalidad, desarmar mi bici, tomar el ascensor y subir hasta la oficina 209.
-¿A qué vas a la Municipalidad?
-La primera vez, en enero del año pasado, fuimos con Ceci Lépori, los dos motorizados, a ver al intendente Martín Gill, para informarle lo que estábamos haciendo y pedirle su apoyo.
-¿Y cómo resultó el encuentro?
-Y... dio la orden para que me hicieran lugar en una oficina para redactar y diseñar el proyecto de bicicletas adaptadas a sillas de ruedas para todos los villamarienses que las necesitaran. Y pidió en la oficina 209 que fueran saliendo los pagos para los torneros, los herreros, los que ponemos todo para que esto avance. Estuve un tiempo ahí, detectando a posibles usuarios, pensando en sus sillas, sus posturas, sus posibilidades de andar en la calle, pero soy un creativo y me salen mejor las cosas andando en la calle, visitando los talleres y acá, en mi casa. Voy a la Muni para seguir conectando; seguimos trabajando y pensando en el otro... Esto es un proceso de adaptación, pero la verdad es que, a pesar de las dificultades, van cumpliendo. La primera compra de materiales me la hicieron ellos.
-¿Y ahora?
-Está complicado. Empezamos con un presupuesto de 20 mil pesos por cada bicicleta terminada. Hoy solamente el taladro del cual usamos el motor vale esas 20 lucas. Pero ahí estamos, lo pensamos mejor y la idea fuerte que no deja de avanzar es la del pedal. Estamos ideando la quinta silla, que puede llegar a ser la primera bici pedal para mi amigo Ezequiel. Creo que va a funcionar, porque años atrás ideamos una bici pedal en base a una que tenía Federico Giraudo.
-Decís que la próxima será la quinta...
-La primera fue la mía. Todos los nombrados apoyaron la iniciativa y la fabricamos. Es mi silla actual y le adapto la bicimoto que había ideado. Después llegó la de Cecilia Lépori. Con esas dos llegamos a la Muni a hablar con el intendente. La tercera fue la de Juan José González, que debe ser quien te llamó para que me hicieras la nota, porque es buena gente y no hace más que agradecer. La cuarta silla adaptada fue para Fernanda Lépori. Miramos todo, estudiamos, creamos. Ahora me compré una impresora 3D.
-¿Para qué es la impresora?
-Aprendí a usarla haciendo animalitos, pero la idea es trabajar con ella para los demás. Ahora estoy modificando una mano que descargué de la web para Ezequiel, el chico que vende El Diario en la parada de taxis frente al Automóvil Club. Con suerte le va a servir. Quiero que con una sola mano pueda sacar el ejemplar y entregárselo a sus clientes (actualmente usa dos brazos para realizar el movimiento). Es un proceso lindo que me toca; con los chicos cada vez avanzamos un poco más. Todo a prueba y error, pero ahí está el aprendizaje más puro.
-¿Y esas guitarras?
-La música. Sí, compongo canciones, canto y toco la guitarra. Armé una banda.
-¿Tenés una banda? ¿Cómo se llama?
-Martín Yo y Los Forritos. En YouTube vas a encontrar el disco completo que grabamos en 2017, titulado “Los Forritos”. Está bueno. Rock and roll...
-Se te ve bien, entero.
-A veces, como todos... Cuando las cosas no salen, uno se entristece. La última vez que vi a Martín Gill le dije que por fin la ciudad estaba viniendo hacia mí con rampas en cada esquina, después de tantos años teniendo que ir yo hacia la ciudad, a reclamar. Pero falta mucho. Falta mucha conciencia de los ciudadanos. Pensá lo que es para nosotros ir a un baño público, los de la Terminal, sin ir más lejos. Te caés ahí y te agarrás cualquier peste, lo mismo si conseguís sentarte en el inodoro. Son una mugre... Avanzamos, pero falta mucho para que seamos libres.
