Entrevista a Nicolás Azzolini, investigador del Conicet, doctor en Ciencias Sociales y licenciado en Ciencia Política
Investigador local advirtió que es muy grave la situación del Conicet
El complejo presente para la ciencia y la tecnología fue el disparador de una charla en la que se abordaron las características de Cambiemos, del kirchnerismo, las identificaciones políticas y la ideología de la sociedadEscribe Diego Bengoa DE NUESTRA REDACCION
La situación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) es “sumamente compleja”, afirmó Nicolás Azzolini, un villamariense que es investigador asistente en el área de Ciencias Naturales y Humanidades, -específicamente en Ciencia Política, Derecho y Relaciones Internacionales- en ese instituto, al que ingresó en 2008 como becario.
Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Nacional de Villa María, doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires, docente y autor de un libro y coordinador (con Sebastián Giménez) de otro, Azzolini fue entrevistado por El Diario sobre la actualidad política de Argentina, en una charla en la que se miró historia y contexto.
- ¿Cuál es la situación del Conicet?
- Sumamente compleja, como la del país. Es muy grave, con desfinanciamiento de la ciencia, la técnica y la educación superior en general. Así como afecta a las universidades -el año pasado hubo bastantes problemas con los presupuestos- también sucedió con el Conicet. Esto supone menos recursos, menos ingresos. El ministro Lino Barañao se encargó de desmantelar el proyecto Argentina Innnovadora 2020.
El macrismo dijo que iba a hacer muchas cosas, que era sabido que no iban a hacer, entre ellas apoyar la ciencia y la tecnología. La cartita era la continuación del ministro del kirchnerismo, que hoy es muy mal visto (Barañao).
- ¿A qué atribuís esta decisión del Gobierno de Macri en este sector?
- Tiene que ver con un programa más general. Si tenés un país que se basa básicamente en la especulación financiera, que termina destruyendo el aparato productivo, en ese plan esto no ocupa ningún lugar.
Parte del ajuste tiene que ver con que no cierran los números y entonces se recorta por los sectores que para ellos son menos beneficiosos. Hay una idea de que se tira la plata con la ciencia. Incluso mucho no se sabe qué es el Conicet.
Están ajustando en todos lados y hay una visión muy vieja, la de la educación como un bien. Entonces “el que quiere estudiar que pague”, como en el sistema norteamericano.
Tienen esa visión de la educación, más la superior, de que quien quiere acceder debe pagar.
- ¿Qué sentís cuando se dice que todos los logros que se alcanzaron durante la década gobernada por los Kirchner se trataron de una ficción?
- Hay que ser críticos en todos los sentidos: ver quién lo dice, desde dónde. Los medios de comunicación son actores que juegan y que tienen intereses particulares.
Parte de eso fue un desprestigio, fue instalar cierta visión de demonización del kirchnerismo. También hay que ser crítico con el kirchnerismo.
Si me pusiera muy teórico, todo es un relato. La realidad es una construcción discursiva. Pongo el ejemplo de una represión policial ante un piquete. Hay una visión de que está bien que así ocurra porque son vagos, y hay otra visión que dice que está mal, porque las personas están reclamando derechos que se le niegan. El hecho es uno, lo que hay es interpretaciones. Entonces todo es un relato, vivimos una gran ficción.
- ¿Pero crees que había bases sólidas para sustentar todo lo que hubo, y que pudiera continuar independientemente de cuál gobierno?
- Es algo más complejo avanzar en ese análisis, porque hay que ser muy especialista en el tema. De todos modos algunas variables estaban medio desequilibradas, porque cambia el mundo también.
Parte de la reactivación tuvo que ver con la exportación de soja y hoy es distinto. Uno siempre tiene que ir acomodándose a los contextos. Hay recetas que funcionan muy bien en un momento y después no sirven.
Sí pienso que parte de ese gran discurso de que fue ficción es un proceso consciente para deslegitimar un tipo de modelo económico.
- ¿Cómo definirías a Cambiemos? ¿Son improvisados?
- Es un gran tema. Creo que a nivel macro no lo son, vinieron a hacer lo que hacen, saben lo que hacen. Quizás improvisan cuando van tanteando, pero en términos generales diría que no lo son.
El que más o menos sabía quiénes eran los miembros del equipo, sus historiales, con quiénes estuvieron, qué decían antes -no en la campaña- sabía que iban a aplicar este modelo. Hay gente a la que le ha ido muy pero muy bien, y hablo de gente vinculada a Cambiemos.
- ¿En la historia del país existen experiencias similares como la actual sobre la falta de debate político, de discusión, discursos, de alejamiento de las masas en los actos?
- Hay gobiernos que tuvieron cierto resquemor hacia lo popular, a principios del siglo XX, como también en los años 30. Lo que sí es muy novedoso es que nunca tuvimos un presidente y una vicepresidenta de tan poco nivel, de no saber hablar. Tenemos un nivel muy bajo, que creo que no hubo en la historia. Hubo historias de gobiernos conservadores en la Argentina pero eran tipos súper formados.
Uno podría pensar quién tiene el resorte del Estado, y quizás hoy ya no les sirve Macri. El que gobierna Argentina no es solo Cambiemos sino un sector socioeconómico.
- ¿Del que Macri es parte o ya puede ser un títere?
- Es parte, pero en el fondo creo que termina siendo títere cuando ya no es funcional. Sí forma parte de ese sector con historia de ciertas familias. Y creo que para esos sectores el que gobierna es un títere.
- ¿Cómo caracterizarías al kirchnerismo? ¿Es peronismo?
- El Frente para la Victoria fue originalmente un frente centro progresista, donde uno de los actores era el peronismo, pero no era el único. Había un sector del radicalismo, su pata más nacional y popular, sectores de izquierda y demás. El último kirchnerismo no es el mismo que en los primeros años, incluso muchos actores se terminaron yendo.
Habría que ver si es peronismo, porque el peronismo es un fenómeno muy complejo y que no entra con categorías tradicionales.
En cuanto a izquierda y derecha, los pares dicotómicos tan rígidos y marcados ya no funcionan para explicar o terminar de entender la realidad.
La sociedad cada vez se va complejizando más. Encasillarnos en categorías tan cerradas no son útiles. Puede haber progresismo con elementos o actores que para algunos pueden ser más cuestionables o de derecha, como los hubo en el kirchnerismo.
- ¿Por qué cambió tanto el escenario latinoamericano? ¿Qué refleja la volatilidad del voto? ¿No hay ideología en una mayoría que elige a Lula, a Dilma y luego a Bolsonaro?
- La posmodernidad también es el fin de los metarelatos donde entraba el comunismo, socialismo, capitalismo, cosmovisiones del mundo muy abarcadoras.
No sé si lo que sucedió significa que no hay ideologías. Creo que lo que cayeron son los grandes metarelatos.
Considero que la ciudadanía tiene menos vínculo de identificación con los partidos tradicionales. En los años 40, decir metalúrgico era lo mismo que ser peronista. Hoy está mucho más desintegrado, en todo caso hay procesos de identificación con un movimiento, pero es distinto que hablar de identidad.
Está más la idea del ciudadano como consumidor, que elige. Esto también está ligado a cómo operan los medios de comunicación y qué es lo que se instala dentro de las campañas. También las propias campañas cada vez dicen menos, es parte del proceso de democracia que vivimos.
Uno es más maleable. Antes se votaba toda la vida al mismo partido. Ha ocurrido esto de votar a Cristina como presidenta y a Macri como jefe de la ciudad de Buenos Aires.
En este proceso de deconstrucción las grandes identidades políticas han perdido fuerza, entonces uno tiene procesos de identificación pero no define su identidad como tal.
Y hay temas que parten. Hay que ver cuántas personas que apoyaban el matrimonio igualitario eran peronistas, con el aborto se ve mucho. Uno de los grandes impulsores del aborto era una persona de Cambiemos. Y en el kirchnerismo está Gioja, que a veces da un poco de miedo, y que lo banco en un montón de cosas. La afiliación partidaria no logra dar cuenta de un montón de temas.
“Córdoba no es el Cordobazo”
“Córdoba no es el Cordobazo. Es una provincia reaccionaria y conservadora.
La gran mayoría de los golpes de Estado se gestaron en la provincia.
Tenemos fábrica de pólvoras en Río Tercero, en Villa María, escuela de aviación, liceo, el peso de la Iglesia Católica.
Fue una provincia de movimientos interesantes, pero son capítulos. En una visión más general, en parte de los siglos XIX y XX el peso de la Iglesia y la espada ha sido muy fuerte”.
“El que más o menos sabía quiénes eran los miembros del equipo de Cambiemos, sus historiales, con quiénes estuvieron, qué decían antes -no en la campaña- sabía que iban a aplicar este modelo”.
