Especial - La Escribanía Reale celebra una fecha que distingue su historia y su presente

Con tres generaciones y 80 años de vida en la ciudad

Fue fundada el 6 de mayo de 1939 por Angel Reale. Luego se sumaron su hija María Cristina y su nieta, Carolina Bonetto. Pasó por tres lugares diferentes de la Villa, en el casco céntrico, y aún mantiene clientes de más de cinco décadas

Fundada el 6 de mayo de 1939, la Escribanía Reale puede darse el gusto de cumplir hoy 80 años de vida, un número redondo que no queda certificado en una escritura, sino plasmado en la pasión por una profesión que una familia contagia de generación en generación.

Quizás no se lo imaginó desde un principio don Angel Reale, villamariense que supo ser vicegobernador de la provincia de Córdoba, casi dos décadas después de haber firmado su primera escritura.

Con registro 357, Angel se hizo camino en la profesión con seriedad, responsabilidad y confianza, entablando un vínculo diferente con los vecinos que lo visitaban en el estudio situado sobre calle Buenos Aires, casi España, donde hoy funciona una parte del internado del Instituto del Rosario.

Por entonces existían otros escribanos en la ciudad como Jeremías Monti, Quiroga, Sachessi, Julio Estévez o Primo Marchini, todos pioneros de muchos de los que hoy abrazan esta profesión.

Angel Reale luego trasladó su estudio más al microcentro, en 9 de Julio 43, donde hoy funciona el Juzgado Federal. Allí sumó más clientes, manteniendo los de siempre, con sus valores traídos del campo y su prestancia respetable y querida en la ciudad. Allí vio también cómo crecía su pequeña hija María Cristina, entre los papeles y los sellos, al igual que observaba de cerca mamá Dolores María Heredia, quien también decidió ser abogada y marcó tendencia como una de las primeras mujeres escribanas de la ciudad.

 

Milagritos y Carolina

La pequeña María Cristina fue siempre conocida como Milagritos, la integrante de la familia que cuando finalizó sus estudios secundarios no necesitó de mucho convencimiento para convertirse también en escribana.

“Antes de andar con juguetes, me gustaba mucho acomodar los papeles que sobraban; me encantaban, además, la rueda de metal que mi papá tenía para apoyar los sellos”, cuenta la mujer.

“Me gustaba también sacarle las plumas, pero, además, yo tenía un cariño muy especial por mi papá”, agrega.

Así se gestó la continuidad asegurada de la Escribanía Reale, más allá que Angel nunca dejó su profesión hasta su muerte, en 1990. De hecho, el Colegio de Escribanos de la ciudad llegó a condecorarlo con la Medalla de Oro.

Del estudio también formó parte -durante 25 años- Miguel Reale, otro hijo de Angel, conocido abogado del foro local.

María Cristina se convirtió en escribana en el 73, con registro 745, y no solo acompañó a su padre, sino también se hizo su buen camino profesional desde joven, mientras formaba una familia con tres hijos.

En 1977, la Escribanía Reale se mudó a donde se encuentra hoy, en calle San Juan al 1146.

A los pocos años de esa mudanza, otra niña jugaba cerca de su madre con papeles que sobraban o sellos viejos, perfilándose como futura escribana.

Era Carolina Bonetto, la hija de Milagritos, quien también hoy es escribana y pone su nombre a esta historia que se agiganta de generación en generación.

“Ella se ocupa mucho de los más jóvenes y me ayuda en esto de las nuevas tecnologías”, cuenta Milagritos.

También señala que “para la mujer, la escribanía es una profesión muy noble”.

En ese sentido, remarca que ser escribano es “hermoso porque es una profesión seria, digna, que permite conciliar partes, siempre tratando de aportar ideas”.

“Amo mi profesión”, asegura.

 

Los cambios

Como toda escribanía, Reale debió adaptarse a los nuevos tiempos, no solo desde ahora.

En los 80 años de vida pasó de la pluma y la palabra, en las escrituras sencillas del 39, a las máquinas de escribir y finalmente a las computadoras portátiles.

“Tengo todavía la primera escritura que hizo mi padre, en el 39, escrita a pluma, y recuerdo cuando pasamos a la máquina de escribir Lexicon 80, de las primeras”, cuenta Milagritos.

“Después usamos la Tecnet eléctrica y finalmente tuvimos que adaptarnos a la tecnología, la computación, usando el sistema en red”, agrega.

Sin embargo, no solo en los elementos a utilizar o en la informatización se vieron los cambios en la profesión. Milagros también sostiene que los nuevos tiempos requieren de mayor minuciosidad en el trabajo porque la confianza de los primeros años, cuando solo bastaba la palabra, ya no es tal entre tanta gente.

Otros cambios que detalla es la adaptación al nuevo Código Civil.

“Hay muchas concepciones modernas y eso requiere de capacitación y adaptación a las nuevas normas”, explica.

Más allá de esto, el estudio siempre se mantuvo con una responsabilidad destacada en la ciudad.

“Tengo clientes desde más de 50 años y creo que es porque apuntamos a la atención personalizada y buscamos no embarcarlos en una situación dudosa, sino dar un mejor asesoramiento jurídico”, argumenta Milagritos.

Además de los clientes, en estos 80 años de la escribanía llegan saludos amables de profesionales colegas.

“La verdad que no tengo enemigos y la profesión es de gran camaradería”, explica Milagritos, quien dice que no piensa jubilarse y que “ser escribana es un gran orgullo”.

Con ese lema, Reale escribió su historia, disfruta su presente y apuesta siempre a su futuro.

 

Firmes como el algarrobo

Siempre en el recuerdo

El recuerdo de Reale, Balderramos de Amín y Lozita, fue en 2017Villa María cuenta con destacados escribanos y algunos de los que ya no están fueron recordados hace un par de años, cuando el Colegio participó en la campaña denominada “Apadrinar un algarrobo”, que llevaba adelante la Dirección de Ambiente y Saneamiento de la Municipalidad con el propósito de reforestar con especies autóctonas.

Allí se rindió homenaje a tres importantes exponentes de la profesión en la ciudad.

Entre los recordados estuvo Angel Reale. También se destacó a Olga Balderramos de Amín (una de las primeras escribanas de la ciudad) y Aldo G. Lozita (ejerció la profesión por más de 50 años).

Las familias de los recordados dijeron presente en ese momento tan especial

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