El paso por Villa María de un protagonista de rebeliones populares que ocurrieron en dos provincias con 24 años de diferencia
Recuerdos de aquel mayo cordobés de 1969... y más
Fue el presidente de la Federación Universitaria de Córdoba (FUC) durante el Cordobazo y tuvo decidida participación en el armado de la unión obrero-estudiantil. Sus charlas con el Gringo Agustín Tosco, su admiración hacia el líder lucifuercista, su reivindicación del “Gallego” Reyes MartínezEscribe Sergio Vaudagnotto
De nuestra Redacción
“Todo está guardado en la memoria...”
León Gieco
Carlos A. Scrimini se pone en un modesto segundo plano. Tal vez lo lleve allí su gran admiración hacia Agustín Tosco: “Lo conocí íntimamente. Era un tipo inquebrantable. No se le podía encontrar ningún costado por el que fallara. Lo admiraba y lo admiro enormemente. Los otros días discutía con un compañero guevarista, que me decía “Tosco era guevarista”. No, nunca eligió el foco ni la lucha armada como camino. El tipo se aguantó la lucha con todos, con la masa. Convenciendo para vencer. Se aguantó estar preso, y cuando Roberto Mario Santucho y los demás compañeros del ERP le propusieron huir del penal en Rawson, él les dijo que no, que los ayudaba a fugar, pero que a él lo sacaba el pueblo o se quedaba ahí; que no podía pasar a la clandestinidad, porque representaba a un gremio. Y se aguantó. Y lo sacó el pueblo”.
-¿Cómo llegaron los estudiantes al lado de Tosco? ¿Cómo llegaron a entenderse de tal manera como para asestarle un golpe decisivo a la dictadura de Onganía?
-Viene bien la pregunta, porque no me puedo ir de Villa María sin hacer una referencia histórica muy importante. En el 66 había un sindicato que nos abría las puertas a todas las agrupaciones estudiantiles (FUP, Integralismo, Franja Morada...) y fue Foecyt (la Federación de Obreros y Empleados de Correos y Telecomunicaciones), cuyo máximo dirigente era el “Gallego” Reyes Martínez, que tenía una gran lucidez; era, además, un intelectual muy profundo y muy hábil políticamente; muy difícil de hallar en un gremio en la época. El y su gente nos abrieron las puertas y nos prestaron todo: papel, miméografo... Y armaron una gran mesa en la que hicieron lugar a todos los nucleamientos, desde donde se organizó y llevó adelante la feroz lucha del 66 contra la dictadura. Nosotros perdimos al compañero estudiante asesinado Santiago Pampillón y perdimos todo el año de clases en la Universidad... Me acuerdo que nos parábamos en el monumento a Vélez Sarsfield a putear a los de la CGT, porque no se sumaban a la lucha como sí lo hacía Foecyt, el sindicato de los comunistas. A tal punto que en octubre de ese año pasa a ser el primer sindicato intervenido por la dictadura de Onganía. La persecución y el macartismo fue muy grande. Los comunistas eran los primeros en caer presos. Cuando cierran el sindicato, empezamos a buscar a dónde ir...
-Y allí se acercan a Tosco...
-Claro. Agustín había integrado el Centro de Estudiantes en la Escuela de Artes y Oficios, conocía bien nuestra lucha, sabía que iba en el mismo sentido que la suya, en contra del régimen, y nos abrió las puertas de Luz y Fuerza de par en par hasta su muerte. Lo conocí tanto y tan de cerca, que digo que para mí hay dos paradigmas: Fidel Castro y Agustín Tosco, porque llegaron al grado de perfección que uno podría ambicionar. Como estrategas, como estudiosos, como fieles a la causa hasta la muerte, sin dejarse perturbar por nada, ni por tentaciones económicas, ni intenciones foquistas, terroristas. Los dos fueron muy grandes y es una lástima que Agustín haya muerto a los 45 años, porque creo que perdimos a un gran dirigente político en Argentina. Un hombre de una claridad y un ejemplo que invitaba y que hizo posible el Cordobazo, junto con Atilio López, claro, que siempre estaba a su lado.
-¿El resto?
-Hubo otros, algunos que casi han quedado en el anonimato, pero de los que sonaban y suenan, el mismo vandorista Elpidio Torres -aclaro que él se hacía llamar “el Vandor cordobés”- y los que serían los “Gordos” de la CGT de la época, es decir, los participacionistas con Onganía, no querían que el paro de 48 horas fuera con abandono de tareas. Y así lo hicieron a nivel nacional. Pero acá conseguimos salir a la calle y hacer el Cordobazo.
-¿Y René Salamanca?
-No, René Salamanca no participó en el Cordobazo. Es más, él pertenecía al PCR, que se opuso a la convocatoria, porque estaban enfrentados a Tosco, porque decían que Tosco estaba entongado en un golpe de recambio; sacar a Onganía para que viniera otro, Aramburu o algún otro. Algo descabellado. Salamanca empezó a participar después del Cordobazo.
-Después de todas aquellas vivencias y de tanta agua que ha corrido debajo del puente carretero, ¿dónde se encuentra parado políticamente hoy?
-Vengo del comunismo. No estoy más en el Partido Comunista. Yo digo que los peronistas son cada vez más comunistas y los comunistas cada vez más peronistas. Porque creo que Néstor y Cristina son de lo mejor que quedó de aquella juventud maravillosa que surgió en el Cordobazo, que lo llevó a Cámpora al Gobierno y que fue la que lo trajo a Perón, porque Perón no hubiera venido si no acontecía el Cordobazo con tantos jóvenes que lucharon y derrocaron a Onganía.
El Cordobazo, el Santiagueñazo y las dos veredas
“En oportunidad del Santiagueñazo, el periodista de Páginas/12 Luis Bruschtein escribió un artículo muy lindo, con una foto de Juan Schiaretti y otra de la Casa de Gobierno incendiándose, en la que aparezco yo trepando para hacer el salvataje de una señora que se había quedado atrapada por el fuego... En esa nota, Bruschtein dice ‘Dos dirigentes estudiantiles del Cordobazo se encuentran nuevamente, pero en veredas opuestas’. Schiaretti iba como interventor, enviado por Carlos Menem y Domingo Cavallo y yo había participado en las asambleas populares, pero en realidad no lideraba, como sí lo había hecho en el Cordobazo. Bueno, esa nota es la que me inspiró para escribir el libro que estoy presentando por estos días”.
Así explicaba Carlos A. Scrimini los motivos que lo llevaron a plasmar su experiencia y su análisis, en el volumen titulado El Cordobazo y el Santiagueñazo. El giro a la izquierda en la Argentina.
Recordó, además, que tras el Santiagueñazo “se creó un partido que se llamó Memoria y Participación, por el cual resulté electo diputado provincial en el 95, pero no me dejaron asumir porque me armaron una causa con testigos falsos bajo la falaz acusación de que yo había incendiado la Casa de Gobierno”.
“Con Schiaretti siempre estuvimos en veredas opuestas. En el Cordobazo, él empujado por las circunstancias y yo por las convicciones; en Santiago, él representando al poder y yo al pueblo, al igual que ahora, él apoyando al liberalismo dominante y yo luchando por volver con el pueblo”, agregó Scrimini en diálogo con El Diario.
Santiagueñazo es el nombre que se da a un importante movimiento de protesta ocurrido entre los días 16 y 17 de diciembre de 1993, en la ciudad de Santiago del Estero. Su consecuencia más inmediata fue la caída de la Gobernación de Fernando Lobo. Dos días después asume el interventor federal Juan Schiaretti, designado como tal por el entonces presidente Carlos Menem.
Carlos A. Scrimini llegó a la ciudad para participar en una actividad conmemorativa del Cordobazo, organizada por el Instituto de Extensión de la Universidad Nacional de Villa María y los gremios que convergen en la casa de altos estudios Adiuvim y Apuvim.
Junto a él llegó Ilda Bustos, referente de la Unión Obrera Gráfica Cordobesa, un gremio con decidida participación en el Cordobazo.
Ilda y su organización, además, son parte de El Diario del centro del país, ya que durante el conflicto de 2001, cuando devino el traspaso de la empresa a los trabajadores y al cooperativismo, tuvieron junto al Cispren una participación decisiva en favor de la preservación de la fuente y los puestos de trabajo, acompañando durante la lucha antes y después de la misma.
Con el reconocido periodista Mariano Saravia como moderador, repasaron los históricos momentos de mayo del 69 en Córdoba.
Esa actividad se desarrolló en el Campus universitario. Y ya por la noche, en el auditorio ubicado en la sede del Rectorado, Saravia protagonizó junto al grupo Calle Vapor un espectáculo de música, prosa y poesía que puso a caminar entre los presentes al hombre del mameluco azul, el que llegó desde Coronel Moldes y se construyó a sí mismo en la Escuela de Artes y Oficios del Parque Sarmiento de la capital provincial, el que durmió en el internado, el que consiguió las primeras changas en la EPEC, el que fue electo delegado por sus compañeros, el que seguía en el taller aún cuando lo eligieron dirigente de Luz y Fuerza, el que marchó en la calle codo a codo con el pueblo, el del mameluco azul; Agustín Tosco.
S.V.
