Intentando hacer pie en Barcelona
martes, 30 de abril de 2019 · 00:00
MACARENA ROGANTI
Partió de Villa María en abril del año pasado. Tiene 30 años y, tras pasar algunos meses en Italia, se radicó finalmente en Barcelona. Actualmente trabaja en un bar
Macarena Roganti sabe que no será fácil, pero está intentando conseguir estabilidad en Barcelona para luego buscar hacerse un lugar en el ambiente laboral que le gusta y que estudió.
Es creativa publicitaria, se fue de Villa María en 2011 a Córdoba y tras recibirse renegó bastante para conseguir trabajo. Consiguió ingresar en una universidad privada, desempeñándose primero en el call center y posteriormente en el manejo de redes sociales, pero se vio motivada a probar algo diferente.
“Trabajaba en blanco en jornadas de 36, 40 horas semanales. Pero quise irme principalmente por la experiencia de viajar, de probar, y como tenía la posibilidad de hacerme la ciudadanía italiana, porque mi bisabuelo es italiano y mi primo ya la tenía, lo intenté”, recordó.
También reconoció que la crisis actual tuvo parte que ver en su decisión, ya que “al estar la situación económica tan mala se me hacía muy difícil poder seguir viviendo en Córdoba, me encanta, me gustaba, pero no podía mantenerme con el sueldo que tenía”.
Dejó el país en abril del año pasado. Antes de llegar a la segunda ciudad más poblada de España, pasó por Italia para hacer el trámite de la ciudadanía. “Estuve viviendo en Castagneto Carducci tres meses, en un camping donde trabajaba haciendo de todo, como cosas de carpintería, medio día a cambio del alojamiento y la comida”, narró sobre lo que fue su primera experiencia laboral en el exterior.
“Después viví todo el verano en Ibiza con amigos, ahí trabajé en negro porque aún no tenía el Documento. Fui niñera y trabajé en casas, fueron trabajos informales, pero estaban muy bien pagos”, contó Macarena.
Luego de eso ya con el Documento italiano en la mano, en noviembre del año pasado pisó finalmente Barcelona, donde la esperaban varios amigos, “y me puse a hacer todo el tramiterío legal para poder trabajar bien”.
“Una vez que terminé ese trámite, burocrático y engorroso, tuve un trabajo en un guardarropa en un boliche, que no me duró casi nada, y ahora estoy trabajando en un bar donde soy camarera, pero hago un poco de todo”, reveló.
Sus jornadas son de 40 a 45 horas semanales, está en blanco y contenta porque “a un mes de haber llegado ya tenía trabajo y me había mudado a un piso con un amigo”. “La principal diferencia es que acá con un trabajo cualquiera, con un sueldo básico, bajo, de 1.000 euros, podés vivir tranquilo, pagar todo y hasta te queda una plata extra. Al menos en mi caso. Teniendo papeles, estando legal es fácil y rápido acomodarte”, puntualizó la joven de 30 años.
“Lo que más rápido se consigue es todo lo que tiene que ver con lo gastronómico. Recién estoy arrancando y necesitaba un poco de estabilidad”, aclaró y dijo que sus planes son “trabajar acá este año y poco a poco, después quiero ir metiéndome en el rubro que me gusta que es la parte de la creatividad, las agencias, estoy tratando de llegar de a poco”. “Sé que va a costar insertarme en el mundo laboral de lo que me gusta a mí, pero esa es la idea”, confió.