Histórica celebración en La Rioja: Angelelli es un beato de su pueblo
domingo, 28 de abril de 2019 · 00:00
Beatificación de los cuatro mártires
Se realizó ayer la ceremonia de beatificación de los cuatro mártires riojanos asesinados por la dictadura. El enviado papal dio un duro mensaje en la homilía reivindicando que la labor pastoral que llevaban adelante estaba dentro de la Doctrina Social de la Iglesia y cuestionó la doble moral del poder político de la dictadura
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Miles de personas se acercaron al Parque de la Ciudad de La Rioja para presenciar las beatificaciones[/caption]
Escribe Patricia Gatti
ENVIADA ESPECIAL
“Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque el reino de los cielos les pertenece.
Dichosos serán ustedes cuando por mi causa la gente los insulte, los persiga y levante contra ustedes toda clase de calumnias”.
El texto del evangelista San Mateo fue el elegido para la lectura central de la ceremonia de beatificación del obispo Enrique Angelelli, los sacerdotes Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville y el laico Wenceslao Pedernera; que se llevó a cabo ayer en La Rioja, ante una multitud de peregrinos.
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Los gobernadores peronistas Lucía Corpacci, Juan Manuel Urtubey, Juan Schiaretti y Sergio Casas estuvieron presentes en La Rioja[/caption]
Presidió el acto Angelo Becciu, enviado del Papa Francisco, quien antes dijo a la prensa que “conocía y apreciaba a Angelelli”.
Refiriéndose a los cuatro beatos, Becciu dijo en su homilía que “ellos se ofrecieron a Dios y al prójimo en un heroico testimonio cristiano que tuvo su culmen en el martirio”.
“Hoy la Iglesia se complace en decir que fueron expulsados y perseguidos por la causa de Jesús y ellos alcanzaron una gran recompensa en el cielo”.
“Fueron asesinados en 1976 durante el período de la dictadura militar marcado por un clima político y social incandescente, que también tenía claros rasgos de persecución religiosa. El régimen dictatorial vigente desde hacía pocos meses en la Argentina consideraba sospechosa cualquier forma de defensa de la justicia social. Los cuatro beatos desarrollaban una acción pastoral abierta a los nuevos desafíos pastorales, atenta a la promoción de los estratos más débiles, a la defensa de su dignidad y a la formación de las conciencias en el marco de la Doctrina Social de la Iglesia. Todo esto para intentar ofrecer soluciones a los múltiples problemas sociales”, dijo el enviado papal.
Evidencia que la acción pastoral de Angelelli y los mártires estaba en el contexto del Concilio Vaticano Segundo. “Podríamos definirlos, en cierto sentido, como mártires de los decretos conciliares”.
“Fueron asesinados debido a la diligente actividad de promoción de la Justicia cristiana”, agregó.
No dudó en abordar claramente la doble moral del poder político de los años negros de la historia argentina. “Oficialmente, se profesaba respetuoso, incluso propenso a la religión cristiana e intentaba instrumentalizarla pretendiendo una actitud servil de parte del clero y pasiva por parte de los fieles, invitándolos a expresar su fe solo en manifestaciones públicas del culto. Pero los beatos se esforzaron para trabajar en la fe que incidiese en la vida”.
Remarcó que ni bien llegó a La Rioja, Angelelli “empezó a socorrer a una población muy pobre”, guiando su actividad pastoral para que sea un “antídoto contra la opresión”.
“Nos quedan para siempre sus palabras: un oído para escuchar el evangelio y otro para escuchar al pueblo”; dijo y, para cerrar su mensaje, afirmó que los cuatro “vivieron y murieron con amor”.
Multitudinario
El acto de beatificación estaba previsto para las 10, en un amplio predio deportivo de la capital riojana. Desde antes de las ocho fue incesante la llegada de peregrinos de distintas partes del país, de Latinoamérica, Francia, Canadá y otros países del globo. También estuvieron presentes religiosos de todo el mundo. Estiman más de 50 obispos, entre ellos el que fuera titular de la Diócesis de Villa María y de La Rioja -hoy retirado- Roberto Rodríguez, 370 sacerdotes (dos de la Diócesis que tiene sede en nuestra ciudad) y 130 religiosos de distintas congregaciones, tales como el sacerdote mercedario Carlos Diez, que está al frente de la Estancia de Yucat.
Quedó claro que la ceremonia, más allá de lo protocolar, fue una verdadera fiesta para el pueblo riojano. Así lo entendieron los organizadores, que eligieron como imagen para presidir el altar a la figura del Niño Alcalde (ver recuadro).
Personas de las más variadas comunidades dijeron presentes. Y lo hicieron con mucha creatividad, como la que mostraron los peregrinos que llegaron con gigantes figuras móviles con los rostros de los cuatro beatos.
La organización dispuso una hilera de sillas central para ubicar a los sacerdotes, todos con su ropaje blanco y su estola roja, símbolo del martirio.
A la izquierda, los familiares de los cuatro beatos y otros invitados. A la derecha, las autoridades. Estuvieron presentes en ese espacio además del gobernador anfitrión, Sergio Casas; el de Córdoba, Juan Schiaretti, y el de Salta, Juan Manuel Urtubey. Por la Nación, estuvo la vicepresidenta Gabriela Michetti, quien en diálogo con algunos medios dijo: “Este es uno de los íconos que puede llevar a unirnos y terminar con la grieta”. Sin embargo, no pudo eludir algunos silbidos de un sector de los asistentes, como así también la exhibición de carteles contra la gestión del Gobierno que integra.
Mensajes de amor
Tras la ceremonia, el obispo de La Rioja, Dante Gustavo Braida, agradeció a todos los presentes, al “enjambre” de voluntarios que permitieron que la organización fuera perfecta y a su predecesor, obispo Marcelo Colombo -hoy en Mendoza, pero presente ayer en el acto- por haber puesto en marcha el proceso de beatificación, entre otros.
Habló también un monje capuchino, fray Tasca Marco, de la orden que integraba el beato Juan de Dios Murias, dejando un mensaje claro: “Solo el amor crea, el odio destruye”.
Unico testigo
Al final, fue invitado Arturo Pinto, quien fue el único testigo del asesinato de Angelelli, dado que iba con el obispo en el auto cuando sus asesinos simularon un accidente aquel trágico 4 de agosto de 1976.
El fue acallado y recién pudo corroborar ante la Justicia que fueron cruzados por otro auto en tiempos de democracia.
Ayer, Pinto habló a los fieles. Había llegado desde Formosa, donde vive con su esposa desde que dejó el sacerdocio. “Hoy tengo el privilegio y la bendición de estar con ustedes”, afirmó, al recordar cómo se había salvado de la muerte (lo dejaron, de hecho, por muerto y luego se recuperó).
Dijo que Angelelli era “tozudo, difícil. No se bajó nunca, lo bajaron y de muy mala manera”.
Planteó que sigue siendo cristiano aunque no lleve hábitos y que en su nueva vida tiene claro que seguirá con las enseñanzas del obispo beato: “Estamos para seguir andando, para seguir la huella de Angelelli”, concluyó.
Tinkunaco o el encuentro del Niño Alcalde con un santo
Hace casi 500 años que el pueblo riojano es devoto del Niño Alcalde. Surgió tras un enfrentamiento entre los habitantes originarios y los colonizadores. Para evitar seguir con las luchas que venían diezmando a la población, se reunieron para firmar la pacificación.
Los españoles traían los atributos para nombrar un alcalde, pero en un momento esos atributos desaparecieron de la vista de todos.
“Se dice, según la tradición popular, porque no hay nada escrito, que entre la gente apareció un niño rubio, con el bastón y el resto de los atributos. Dicen que cada vez que usa esa vara se produce un destello de luz; y los indios, en su forma de arrodillarse, se tiraron al suelo para venerarlo”, dijo Carlos Molina Torres, uno de los custodios permanentes, o “ayi” del Niño Alcalde que trajeron para presidir la ceremonia de beatificación. “Nuestros antecesores decían que ese destello iluminaba el alma de cada uno”, agregó
Para recordar ese momento en que fueron impulsados a firmar la pacificación -“que no era otra cosa que una esclavización”-, a cambio de baratijas que traían los españoles, llevan vinchas con espejos y cintas de colores como “uniforme” para cuidar a la imagen del niño con los atributos de alcalde.
Luego entraron en la historia los santos protectores de La Rioja: San Francisco Solano y San Nicolás de Bari.
Por eso, se hacen dos fiestas de encuentro entre el Niño Alcalde y esos santos. “La primera del año es el segundo domingo de agosto donde se peregrina hacia un sitio donde estuvo San Francisco Solano. El niño lo espera allá y se peregrina unos siete kilómetros para llegar al encuentro”.
La otra festividad inicia el 31 de diciembre y se extiende hasta el 3 de enero del año siguiente y es cuando se produce el encuentro con San Nicolás, Patrono de La Rioja. “Es la única fiesta que dura dos años”, bromeó.
Hasta la llegada de Angelelli, los riojanos iban al “encuentro” del niño con el santo. “Nosotros le debemos mucho al beato, porque los obispos de antes no le daban importancia. Pero Angelelli le dio impulso a nuestra fiesta, le dio más vida y la llamó ‘tinkunaco’, que es encuentro en quechua”, remarcó.
Finalmente, dijo que son el único pueblo que tiene como alcalde al Niño Jesús “lo que nos llena de orgullo”.
Una mujer sacerdote llegó desde Canadá
Emily Smith llegó a La Rioja desde Vancouver, Canadá. Es una mujer sacerdote de la iglesia anglicana -hace medio siglo que ese credo ordena mujeres- y también es copresidenta de una entidad que se llama Servicios Internacionales Cristianos de Solidaridad con América Latina (Sicsal).
Esa red se conformó en 1980, después del asesinato de monseñor Romero, en El Salvador. “Nosotros venimos representando a esta red en este momento magnífico para la iglesia universal”, señaló la sacerdote nacida en Córdoba y radicada desde muy chica en Canadá.
Sobre su condición de clérigo, señaló que ya no es llamativo. “Tengo mi trabajo, mi comunidad, en mi parroquia. No es nada extraño, hemos ido evolucionando lentamente, pero acá estamos”, dijo Emily, quien lleva el cuello que identifica a los sacerdotes.
“Nosotros trabajamos ecuménicamente, para lograr la justicia social que se viene pregonando desde el Concilio Vaticano y la reunión de obispos en Medellín”, señaló.
A la hora de hablar sobre cómo ven la realidad latinoamericana, no dudó en señalar que “las condiciones siguen siendo desiguales, porque la estructura del pecado está vigente. Han cambiado caras, las máscaras, pero siguen. Podemos decir también que existen otros enemigos como la megaminería canadiense que ha venido a destrozar a esta parte del mundo. Como canadienses, sentimos la obligación de apoyar a los pueblos para fortalecerse contra esas nuevas estructuras del pecado”, concluyó.
Miles de personas se acercaron al Parque de la Ciudad de La Rioja para presenciar las beatificaciones[/caption]
Escribe Patricia Gatti
ENVIADA ESPECIAL
“Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque el reino de los cielos les pertenece.
Dichosos serán ustedes cuando por mi causa la gente los insulte, los persiga y levante contra ustedes toda clase de calumnias”.
El texto del evangelista San Mateo fue el elegido para la lectura central de la ceremonia de beatificación del obispo Enrique Angelelli, los sacerdotes Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville y el laico Wenceslao Pedernera; que se llevó a cabo ayer en La Rioja, ante una multitud de peregrinos.
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Los gobernadores peronistas Lucía Corpacci, Juan Manuel Urtubey, Juan Schiaretti y Sergio Casas estuvieron presentes en La Rioja[/caption]
Presidió el acto Angelo Becciu, enviado del Papa Francisco, quien antes dijo a la prensa que “conocía y apreciaba a Angelelli”.
Refiriéndose a los cuatro beatos, Becciu dijo en su homilía que “ellos se ofrecieron a Dios y al prójimo en un heroico testimonio cristiano que tuvo su culmen en el martirio”.
“Hoy la Iglesia se complace en decir que fueron expulsados y perseguidos por la causa de Jesús y ellos alcanzaron una gran recompensa en el cielo”.
“Fueron asesinados en 1976 durante el período de la dictadura militar marcado por un clima político y social incandescente, que también tenía claros rasgos de persecución religiosa. El régimen dictatorial vigente desde hacía pocos meses en la Argentina consideraba sospechosa cualquier forma de defensa de la justicia social. Los cuatro beatos desarrollaban una acción pastoral abierta a los nuevos desafíos pastorales, atenta a la promoción de los estratos más débiles, a la defensa de su dignidad y a la formación de las conciencias en el marco de la Doctrina Social de la Iglesia. Todo esto para intentar ofrecer soluciones a los múltiples problemas sociales”, dijo el enviado papal.
Evidencia que la acción pastoral de Angelelli y los mártires estaba en el contexto del Concilio Vaticano Segundo. “Podríamos definirlos, en cierto sentido, como mártires de los decretos conciliares”.
“Fueron asesinados debido a la diligente actividad de promoción de la Justicia cristiana”, agregó.
No dudó en abordar claramente la doble moral del poder político de los años negros de la historia argentina. “Oficialmente, se profesaba respetuoso, incluso propenso a la religión cristiana e intentaba instrumentalizarla pretendiendo una actitud servil de parte del clero y pasiva por parte de los fieles, invitándolos a expresar su fe solo en manifestaciones públicas del culto. Pero los beatos se esforzaron para trabajar en la fe que incidiese en la vida”.
Remarcó que ni bien llegó a La Rioja, Angelelli “empezó a socorrer a una población muy pobre”, guiando su actividad pastoral para que sea un “antídoto contra la opresión”.
“Nos quedan para siempre sus palabras: un oído para escuchar el evangelio y otro para escuchar al pueblo”; dijo y, para cerrar su mensaje, afirmó que los cuatro “vivieron y murieron con amor”.
Multitudinario
El acto de beatificación estaba previsto para las 10, en un amplio predio deportivo de la capital riojana. Desde antes de las ocho fue incesante la llegada de peregrinos de distintas partes del país, de Latinoamérica, Francia, Canadá y otros países del globo. También estuvieron presentes religiosos de todo el mundo. Estiman más de 50 obispos, entre ellos el que fuera titular de la Diócesis de Villa María y de La Rioja -hoy retirado- Roberto Rodríguez, 370 sacerdotes (dos de la Diócesis que tiene sede en nuestra ciudad) y 130 religiosos de distintas congregaciones, tales como el sacerdote mercedario Carlos Diez, que está al frente de la Estancia de Yucat.
Quedó claro que la ceremonia, más allá de lo protocolar, fue una verdadera fiesta para el pueblo riojano. Así lo entendieron los organizadores, que eligieron como imagen para presidir el altar a la figura del Niño Alcalde (ver recuadro).
Personas de las más variadas comunidades dijeron presentes. Y lo hicieron con mucha creatividad, como la que mostraron los peregrinos que llegaron con gigantes figuras móviles con los rostros de los cuatro beatos.
La organización dispuso una hilera de sillas central para ubicar a los sacerdotes, todos con su ropaje blanco y su estola roja, símbolo del martirio.
A la izquierda, los familiares de los cuatro beatos y otros invitados. A la derecha, las autoridades. Estuvieron presentes en ese espacio además del gobernador anfitrión, Sergio Casas; el de Córdoba, Juan Schiaretti, y el de Salta, Juan Manuel Urtubey. Por la Nación, estuvo la vicepresidenta Gabriela Michetti, quien en diálogo con algunos medios dijo: “Este es uno de los íconos que puede llevar a unirnos y terminar con la grieta”. Sin embargo, no pudo eludir algunos silbidos de un sector de los asistentes, como así también la exhibición de carteles contra la gestión del Gobierno que integra.
Mensajes de amor
Tras la ceremonia, el obispo de La Rioja, Dante Gustavo Braida, agradeció a todos los presentes, al “enjambre” de voluntarios que permitieron que la organización fuera perfecta y a su predecesor, obispo Marcelo Colombo -hoy en Mendoza, pero presente ayer en el acto- por haber puesto en marcha el proceso de beatificación, entre otros.
Habló también un monje capuchino, fray Tasca Marco, de la orden que integraba el beato Juan de Dios Murias, dejando un mensaje claro: “Solo el amor crea, el odio destruye”.
Unico testigo
Al final, fue invitado Arturo Pinto, quien fue el único testigo del asesinato de Angelelli, dado que iba con el obispo en el auto cuando sus asesinos simularon un accidente aquel trágico 4 de agosto de 1976.
El fue acallado y recién pudo corroborar ante la Justicia que fueron cruzados por otro auto en tiempos de democracia.
Ayer, Pinto habló a los fieles. Había llegado desde Formosa, donde vive con su esposa desde que dejó el sacerdocio. “Hoy tengo el privilegio y la bendición de estar con ustedes”, afirmó, al recordar cómo se había salvado de la muerte (lo dejaron, de hecho, por muerto y luego se recuperó).
Dijo que Angelelli era “tozudo, difícil. No se bajó nunca, lo bajaron y de muy mala manera”.
Planteó que sigue siendo cristiano aunque no lleve hábitos y que en su nueva vida tiene claro que seguirá con las enseñanzas del obispo beato: “Estamos para seguir andando, para seguir la huella de Angelelli”, concluyó.
Tinkunaco o el encuentro del Niño Alcalde con un santo
Hace casi 500 años que el pueblo riojano es devoto del Niño Alcalde. Surgió tras un enfrentamiento entre los habitantes originarios y los colonizadores. Para evitar seguir con las luchas que venían diezmando a la población, se reunieron para firmar la pacificación.
Los españoles traían los atributos para nombrar un alcalde, pero en un momento esos atributos desaparecieron de la vista de todos.
“Se dice, según la tradición popular, porque no hay nada escrito, que entre la gente apareció un niño rubio, con el bastón y el resto de los atributos. Dicen que cada vez que usa esa vara se produce un destello de luz; y los indios, en su forma de arrodillarse, se tiraron al suelo para venerarlo”, dijo Carlos Molina Torres, uno de los custodios permanentes, o “ayi” del Niño Alcalde que trajeron para presidir la ceremonia de beatificación. “Nuestros antecesores decían que ese destello iluminaba el alma de cada uno”, agregó
Para recordar ese momento en que fueron impulsados a firmar la pacificación -“que no era otra cosa que una esclavización”-, a cambio de baratijas que traían los españoles, llevan vinchas con espejos y cintas de colores como “uniforme” para cuidar a la imagen del niño con los atributos de alcalde.
Luego entraron en la historia los santos protectores de La Rioja: San Francisco Solano y San Nicolás de Bari.
Por eso, se hacen dos fiestas de encuentro entre el Niño Alcalde y esos santos. “La primera del año es el segundo domingo de agosto donde se peregrina hacia un sitio donde estuvo San Francisco Solano. El niño lo espera allá y se peregrina unos siete kilómetros para llegar al encuentro”.
La otra festividad inicia el 31 de diciembre y se extiende hasta el 3 de enero del año siguiente y es cuando se produce el encuentro con San Nicolás, Patrono de La Rioja. “Es la única fiesta que dura dos años”, bromeó.
Hasta la llegada de Angelelli, los riojanos iban al “encuentro” del niño con el santo. “Nosotros le debemos mucho al beato, porque los obispos de antes no le daban importancia. Pero Angelelli le dio impulso a nuestra fiesta, le dio más vida y la llamó ‘tinkunaco’, que es encuentro en quechua”, remarcó.
Finalmente, dijo que son el único pueblo que tiene como alcalde al Niño Jesús “lo que nos llena de orgullo”.
Una mujer sacerdote llegó desde Canadá
Emily Smith llegó a La Rioja desde Vancouver, Canadá. Es una mujer sacerdote de la iglesia anglicana -hace medio siglo que ese credo ordena mujeres- y también es copresidenta de una entidad que se llama Servicios Internacionales Cristianos de Solidaridad con América Latina (Sicsal).
Esa red se conformó en 1980, después del asesinato de monseñor Romero, en El Salvador. “Nosotros venimos representando a esta red en este momento magnífico para la iglesia universal”, señaló la sacerdote nacida en Córdoba y radicada desde muy chica en Canadá.
Sobre su condición de clérigo, señaló que ya no es llamativo. “Tengo mi trabajo, mi comunidad, en mi parroquia. No es nada extraño, hemos ido evolucionando lentamente, pero acá estamos”, dijo Emily, quien lleva el cuello que identifica a los sacerdotes.
“Nosotros trabajamos ecuménicamente, para lograr la justicia social que se viene pregonando desde el Concilio Vaticano y la reunión de obispos en Medellín”, señaló.
A la hora de hablar sobre cómo ven la realidad latinoamericana, no dudó en señalar que “las condiciones siguen siendo desiguales, porque la estructura del pecado está vigente. Han cambiado caras, las máscaras, pero siguen. Podemos decir también que existen otros enemigos como la megaminería canadiense que ha venido a destrozar a esta parte del mundo. Como canadienses, sentimos la obligación de apoyar a los pueblos para fortalecerse contra esas nuevas estructuras del pecado”, concluyó.