Cuando la verdad incomoda al poder
sábado, 27 de abril de 2019 · 00:00
Hecho histórico en La Rioja - Beatificación de los mártires riojanos
Se realizará hoy el acto de beatificación de tres sacerdotes y un laico que fueron asesinados por la dictadura a raíz de su prédica por una sociedad más justa. Habrá presencia villamariense
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Miriam Angelelli, médica de nuestra ciudad (izquierda), junto a hermanos en entrevista con la radio El Independiente[/caption]
La plaza central de la capital riojana se ve poblada por hombres y mujeres con hábito que vienen de distintas partes del mundo, y por laicos que enarbolaron las ideas de los mártires que hoy serán beatificados.
Rafael Sifré, un hombre que impulsó una cooperativa agraria en Aminga con el apoyo del obispo Enrique Angelelli, aporta la clave para entender las razones por las que el poder cerró filas contra el proyecto de justicia social que impulsaron en los años 60.
“Veníamos de un encuentro en el que teníamos claro que la tierra debía ser del que la trabaja”, expresó. Y Angelelli les dio un impulso para ponerse manos a la obra con un método basado en la escucha del pueblo. “Changos, sáquense todos los tucos que tienen en la cabeza, vayan a la comunidad y pongan un oído en el pueblo”, les dijo el obispo.
Así hicieron, partieron hacia Aminga, donde los campesinos sufrían el despojo de sus trabajos porque un matrimonio de latifundistas que les daba empleo había fallecido sin dejar herederos. La iniciativa, después de poner el oído en el pueblo, consistía en formar una cooperativa para trabajar de manera conjunta la tierra. Era una propuesta incómoda, definida por un terrateniente que expresaba de manera clara lo que creía el poder de la época: “Quién va a trabajar nuestras tierras si los peones tienen la suya”.
La violencia no tardó en llegar: “Una noche, una dinamita nos explotó nuestra casa”, recordó Sifre en la charla ofrecida en una de las carpas erigidas en la plaza. No sabían cómo continuar, pero a las pocas horas llegó desde la capital un telegrama de Angelelli ofreciendo el apoyo y ahí cobraron valor. “Fuimos a hacer la denuncia y terminamos presos nosotros”, relató el dirigente del movimiento campesino.
Ese impulso a las cooperativas de trabajo fue el tema central por el que el obispo nacido en Córdoba incomodaba al poder riojano. La dictadura del 76 abandonó la mera difamación y las persecuciones y organizó, tal como lo demostró la Justicia, el asesinato de monseñor Angelelli y tres de sus seguidores. Por años lograron que “pareciera un accidente”, pero había gente, mucha gente, que sabía la verdad.
Hermana Pelloni
Una de las asistentes al acto de beatificación es la monja Martha Pelloni, mujer que inició una lucha en Catamarca en procura de hacer justicia por el crimen de María Soledad Morales y que hoy, desde la provincia de Buenos Aires, sigue trabajando desde la organización “Infancia Robada”.
En diálogo con El Diario recordó que una hermana de su congregación, que también era enfermera, estaba en el quirófano cuando llegó el cuerpo del obispo. “Era la hermana María Teresa, cuando los médicos le pidieron que dé vuelta el cuerpo, ella lo tomó de la cabeza y metió la mano en un hueco que había. En ese momento le pareció el hueco de una bala, después dicen que fue un golpe, un mazazo. Cuando dijo ‘miren, aquí hay un tiro’, los milicos la tomaron de un brazo y la sacaron del quirófano”.
A esa monja la mandaron a Africa. Antes, en un retiro espiritual, según Pelloni... “Transcurrieron años y yo no sabía en quién depositar esa verdad”, dijo; hasta que al final, en un encuentro con monseñor Hesayne pudo relatarle lo que había pasado. Y así se fue descubriendo la trama del asesinato.
Al referirse a los mártires, Pelloni destacó especialmente la historia de Wenceslao Pedernera, un hombre común, que ni siquiera había querido casarse por iglesia. “El descubrió con Angelelli la iglesia. Y lo siguió, se vino de Córdoba a La Rioja y lo más impactante de él fue lo de jugarse con toda la familia para ayudar desde el cooperativismo, con el pueblo de Dios unido en comunidad, con el amor de Cristo, a todo el pueblo riojano”.
La mujer del beato
En la presentación del libro “Los jóvenes: protagonistas y militancia en la eclesiología de monseñor Angelelli”, de Gabriela Peña, estuvo la esposa e hijas del único mártir riojano laico, Wenceslao Pedernera. “Gracias a Dios y a toda la gente que me acompañó en este camino difícil”, dijo Coca. “No esperaba nunca que iba a llegar este momento de reconocimiento”, agregó.
Recordó que su esposo, cuando estaba moribundo tirado en el piso del comedor le dijo: “Martha, -porque nunca me decía Coca-, te pido algo. Yo ya he perdonado, porque no saben lo que me han hecho. Quiero que vos también perdones, que no guardes rencor. Perdónenlos”.
Los militares lo habían acribillado delante de su familia. Finalmente, expresó que “esto le va a tapar la boca a muchos, que pasaron años difamando a mi marido. Es muy grande el dolor de todo lo que pasamos, pero gracias a Dios ya los perdoné”.
El acto
La ceremonia de hoy estará presidida por el cardenal Angelo Becciu, prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos y enviado del Papa Francisco para la beatificación de los mártires riojanos. En declaraciones recientes a la agencia Télam, Becciu dijo sobre los cuatro beatos: "Son verdaderos mártires, de una época en la que la Iglesia, inmediatamente después del Concilio Vaticano II, tomó conciencia de que no se podía permanecer en silencio de frente a las injusticias sociales o a los grupos de poder que se garantizaban la existencia".
Se trata de “hombres que con coraje supieron defender los derechos de los pobres a costo de ir contra los intereses de los latifundistas de la región", dijo.
Ya están en La Rioja clérigos de la Diócesis de Villa María, como el vicario del Obispado, Alberto Bustamante; el exobispo Roberto Rodríguez, como así también, familiares de Angelelli como la médica de nuestra ciudad Miriam Angelelli y el ahijado del mártir, Humberto Jure (secretario de Salud de la Municipalidad de Villa María).
Los mártires
Hoy beatificarán, además del obispo, a las víctimas de la dictadura que fueron asesinadas por soñar con una sociedad más justa.
-Enrique Angelelli nació en Córdoba el 17 de julio de 1923. En 1965 fue designado como obispo auxiliar por Raúl Primatesta. En 1968, cuando tenía 45 años, asumió como titular de la Diócesis de La Rioja.
Fue asesinado el 4 de agosto de 1976 en el paraje Los Llanos, cuando regresaba de una misa celebrada en la ciudad de Chamical en homenaje a Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville, dos curas también asesinados.
En julio de 2014, al cabo de un juicio realizado en La Rioja, la Justicia Federal estableció la existencia efectiva del asesinato y condenó a responsables mediatos, entre ellos a Luciano Benjamín Menéndez, entonces comandante del Tercer Cuerpo del Ejército.
-Pocos días antes, el 18 de julio de 1976, Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville fueron secuestrados de la casa de unas religiosas, luego torturados y asesinados a cinco kilómetros de Chamical.
Murias también tenía origen cordobés: nació en San Carlos Minas, en 1945, en tanto que Longueville era francés.
-El único laico que será beatificado es Wenceslao Pedernera, un hombre humilde que fue acribillado frente a su familia en la noche del 24 de julio de 1976. Murió horas después en Chilecito.
Miriam Angelelli, médica de nuestra ciudad (izquierda), junto a hermanos en entrevista con la radio El Independiente[/caption]
La plaza central de la capital riojana se ve poblada por hombres y mujeres con hábito que vienen de distintas partes del mundo, y por laicos que enarbolaron las ideas de los mártires que hoy serán beatificados.
Rafael Sifré, un hombre que impulsó una cooperativa agraria en Aminga con el apoyo del obispo Enrique Angelelli, aporta la clave para entender las razones por las que el poder cerró filas contra el proyecto de justicia social que impulsaron en los años 60.
“Veníamos de un encuentro en el que teníamos claro que la tierra debía ser del que la trabaja”, expresó. Y Angelelli les dio un impulso para ponerse manos a la obra con un método basado en la escucha del pueblo. “Changos, sáquense todos los tucos que tienen en la cabeza, vayan a la comunidad y pongan un oído en el pueblo”, les dijo el obispo.
Así hicieron, partieron hacia Aminga, donde los campesinos sufrían el despojo de sus trabajos porque un matrimonio de latifundistas que les daba empleo había fallecido sin dejar herederos. La iniciativa, después de poner el oído en el pueblo, consistía en formar una cooperativa para trabajar de manera conjunta la tierra. Era una propuesta incómoda, definida por un terrateniente que expresaba de manera clara lo que creía el poder de la época: “Quién va a trabajar nuestras tierras si los peones tienen la suya”.
La violencia no tardó en llegar: “Una noche, una dinamita nos explotó nuestra casa”, recordó Sifre en la charla ofrecida en una de las carpas erigidas en la plaza. No sabían cómo continuar, pero a las pocas horas llegó desde la capital un telegrama de Angelelli ofreciendo el apoyo y ahí cobraron valor. “Fuimos a hacer la denuncia y terminamos presos nosotros”, relató el dirigente del movimiento campesino.
Ese impulso a las cooperativas de trabajo fue el tema central por el que el obispo nacido en Córdoba incomodaba al poder riojano. La dictadura del 76 abandonó la mera difamación y las persecuciones y organizó, tal como lo demostró la Justicia, el asesinato de monseñor Angelelli y tres de sus seguidores. Por años lograron que “pareciera un accidente”, pero había gente, mucha gente, que sabía la verdad.
Hermana Pelloni
Una de las asistentes al acto de beatificación es la monja Martha Pelloni, mujer que inició una lucha en Catamarca en procura de hacer justicia por el crimen de María Soledad Morales y que hoy, desde la provincia de Buenos Aires, sigue trabajando desde la organización “Infancia Robada”.
En diálogo con El Diario recordó que una hermana de su congregación, que también era enfermera, estaba en el quirófano cuando llegó el cuerpo del obispo. “Era la hermana María Teresa, cuando los médicos le pidieron que dé vuelta el cuerpo, ella lo tomó de la cabeza y metió la mano en un hueco que había. En ese momento le pareció el hueco de una bala, después dicen que fue un golpe, un mazazo. Cuando dijo ‘miren, aquí hay un tiro’, los milicos la tomaron de un brazo y la sacaron del quirófano”.
A esa monja la mandaron a Africa. Antes, en un retiro espiritual, según Pelloni... “Transcurrieron años y yo no sabía en quién depositar esa verdad”, dijo; hasta que al final, en un encuentro con monseñor Hesayne pudo relatarle lo que había pasado. Y así se fue descubriendo la trama del asesinato.
Al referirse a los mártires, Pelloni destacó especialmente la historia de Wenceslao Pedernera, un hombre común, que ni siquiera había querido casarse por iglesia. “El descubrió con Angelelli la iglesia. Y lo siguió, se vino de Córdoba a La Rioja y lo más impactante de él fue lo de jugarse con toda la familia para ayudar desde el cooperativismo, con el pueblo de Dios unido en comunidad, con el amor de Cristo, a todo el pueblo riojano”.
La mujer del beato
En la presentación del libro “Los jóvenes: protagonistas y militancia en la eclesiología de monseñor Angelelli”, de Gabriela Peña, estuvo la esposa e hijas del único mártir riojano laico, Wenceslao Pedernera. “Gracias a Dios y a toda la gente que me acompañó en este camino difícil”, dijo Coca. “No esperaba nunca que iba a llegar este momento de reconocimiento”, agregó.
Recordó que su esposo, cuando estaba moribundo tirado en el piso del comedor le dijo: “Martha, -porque nunca me decía Coca-, te pido algo. Yo ya he perdonado, porque no saben lo que me han hecho. Quiero que vos también perdones, que no guardes rencor. Perdónenlos”.
Los militares lo habían acribillado delante de su familia. Finalmente, expresó que “esto le va a tapar la boca a muchos, que pasaron años difamando a mi marido. Es muy grande el dolor de todo lo que pasamos, pero gracias a Dios ya los perdoné”.
El acto
La ceremonia de hoy estará presidida por el cardenal Angelo Becciu, prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos y enviado del Papa Francisco para la beatificación de los mártires riojanos. En declaraciones recientes a la agencia Télam, Becciu dijo sobre los cuatro beatos: "Son verdaderos mártires, de una época en la que la Iglesia, inmediatamente después del Concilio Vaticano II, tomó conciencia de que no se podía permanecer en silencio de frente a las injusticias sociales o a los grupos de poder que se garantizaban la existencia".
Se trata de “hombres que con coraje supieron defender los derechos de los pobres a costo de ir contra los intereses de los latifundistas de la región", dijo.
Ya están en La Rioja clérigos de la Diócesis de Villa María, como el vicario del Obispado, Alberto Bustamante; el exobispo Roberto Rodríguez, como así también, familiares de Angelelli como la médica de nuestra ciudad Miriam Angelelli y el ahijado del mártir, Humberto Jure (secretario de Salud de la Municipalidad de Villa María).
Los mártires
Hoy beatificarán, además del obispo, a las víctimas de la dictadura que fueron asesinadas por soñar con una sociedad más justa.
-Enrique Angelelli nació en Córdoba el 17 de julio de 1923. En 1965 fue designado como obispo auxiliar por Raúl Primatesta. En 1968, cuando tenía 45 años, asumió como titular de la Diócesis de La Rioja.
Fue asesinado el 4 de agosto de 1976 en el paraje Los Llanos, cuando regresaba de una misa celebrada en la ciudad de Chamical en homenaje a Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville, dos curas también asesinados.
En julio de 2014, al cabo de un juicio realizado en La Rioja, la Justicia Federal estableció la existencia efectiva del asesinato y condenó a responsables mediatos, entre ellos a Luciano Benjamín Menéndez, entonces comandante del Tercer Cuerpo del Ejército.
-Pocos días antes, el 18 de julio de 1976, Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville fueron secuestrados de la casa de unas religiosas, luego torturados y asesinados a cinco kilómetros de Chamical.
Murias también tenía origen cordobés: nació en San Carlos Minas, en 1945, en tanto que Longueville era francés.
-El único laico que será beatificado es Wenceslao Pedernera, un hombre humilde que fue acribillado frente a su familia en la noche del 24 de julio de 1976. Murió horas después en Chilecito.