El adiós a Sella, un amante de la política

sábado, 20 de abril de 2019 · 00:00
El exlegislador nacional y provincial, exembajador... falleció el jueves a los 75 años La política de unidad básica, de comité, de asambleas, de plenarios... perdió a uno de sus últimos cultores. Aunque siempre estuvo cerca del periodismo y los tiempos que corren lo llevaron a incursionar en las redes sociales, mantuvo aquella impronta del local partidario abierto y la gimnasia de las reuniones periódicas, cara a cara con sus seguidores Cuando Orlando Enrique Sella llegó a la monumental sede del Congreso de la Nación, todo estaba por hacer. En ese edificio la dictadura había alojado a la Comisión de Asesoramiento Legislativo (CAL), cuyos cientos de empleados seguían diseminados en oficinas, transitando los pasillos y cobrando sueldos del Estado, en muchos casos para espiar a los mismos parlamentarios. En ese marco intrincado, en ese campo minado, renacía en diciembre de 1983 la democracia de la mano del radical Raúl Alfonsín, que se había impuesto en las elecciones de octubre al justicialista Italo Luder. En el sorteo inicial para establecer quiénes estarían en las bancas por dos años, quiénes por cuatro y quienes por los seis que duraba entonces el período presidencial, a Sella le tocó permanecer dos años. Y una idea de la importancia alcanzada por el político que ayer fue despedido por familiares, amigos, partidarios y adversarios, la da el hecho de en 1985 renovó su escaño desde el número cuatro en la boleta del peronismo cordobés, por detrás de Raúl Bercovich Rodríguez, José Manuel de la Sota y Ricardo Rojas. ¡El número cuatro en la provincia que el peronismo había gobernado con Ricardo Obregón Cano y Atilio López, hasta el golpe de Estado de marzo de 1976! No hace falta muchos más datos para dar una idea de la estatura política que tenía, la que lo llevó a ser uno de los que con Antonio Cafiero se puso al lado de Alfonsín durante el alzamiento de los carapintadas en 1987. Una actitud que no debía extrañar: él y el diputado nacional por el radicalismo Felipe “Nito” Botta compartían muchas veces el auto y las charlas desde Villa María a Buenos Aires, buscando síntesis entre los pensamientos de Hipólito Yrigoyen y Eva Perón, en momentos tan complejos. Finalizado su período legislativo y ya con Carlos Menem en la Presidencia, fue designado embajador para Haití y Costa Rica. [caption id="attachment_50337" align="aligncenter" width="709"] Otra imagen del sepelio, ayer, en el cementerio parque La Naturaleza, en Villa Nueva[/caption] La primera experiencia política Sella, que el día 8 de este mes cumplió los 75 años, había nacido en La Sierrita, un paraje de Los Cóndores (ubicado a la vera de la ruta 36, entre Berrotarán y Almafuerte, para situar al lector). Río Tercero ya era su “hábitat natural” en la adolescencia. Y en esa ciudad aguardaba que un bolichero villamariense echara llave a su local en las madrugadas de domingo, para que lo trajera a esta ciudad, ya que había conseguido un banco en la Escuela del Trabajo. [caption id="attachment_50343" align="alignright" width="222"] El frente de la sede central del partido que comandaba Sella, en la calle San Jerónimo 382 de Córdoba capital, tomada con su celular por un periodista de El Diario, el jueves, a poco de conocerse la noticia del fallecimiento[/caption] En el secundario de la calle Müller al estudiante Sella se le otorgó el título de Mecánico Tornero. Pero también allí obtuvo su primer contacto con la política, al participar en la toma del establecimiento. Y la suya no fue una participación más, sino que los relatos de la época lo sitúan como uno de los cabecillas de aquella rebelión del estudiantado en pos de mejores condiciones de alimentación y salubridad, que tuvo a maltraer durante jornadas a las autoridades educativas, municipales y policiales. Ya recibido se fue a cursar Derecho a la Universidad Nacional de Córdoba, de donde egresaría también como Escribano. Como profesional y marcado por el dedo social acusador como revoltoso, tuvo que mezclar en proporciones similares el ejercicio de la Abogacía con la docencia. Así fue que durante la última dictadura aún conservaba su rol docente y dictaba clases de Formación Cívica en el IPEM Abraham Juárez. Pero las cuestiones populares, la lucha por los derechos, ya le corría por las venas. Y le tocó conducir el peronismo local y departamental en tiempos complicados, cuando la “ola” del alfonsinismo había teñido la arena política de rojo y blanco. Entonces emprendió el camino de la formación de cuadros, a través de la apertura del centro de Estudios Políticos y Sociales, en la calle José Ingenieros. El mismo Sella, con sus convicciones enraizadas en la doctrina de Perón y Evita, más orientadas hacia la derecha que hacia la izquierda, impartía clases. Pero también traía a disertar a consagrados dirigentes, como el mismo Cafiero, en su oportunidad, para contribuir a la capacitación de los futuros dirigentes partidarios. El peronismo mucho después sería gobierno en la ciudad, en la provincia... aunque él ya estaba construyendo otra alternativa, PAIS, junto a José Octavio Bordón. Y cuando Bordón se fue, Sella siguió... En la última entrevista dijo estar feliz no por ser candidato a gobernador, sino porque había “armado” para competir con su fuerza en 22 distritos; por estar haciendo política. [gallery columns="2" link="file" size="medium" ids="50341,50342"]

Dos de los libros de Sella, uno impreso por la editorial de la UNVM

Algunas opiniones

? Martín Gill (PJ) “Creo que la ciudad pierde a una de las figuras más relevantes que tuvo desde el retorno a la democracia. Marcó la primera etapa del peronismo en la ciudad. Fue un hombre con una vocación política envidiable; siempre estaba pensando en la construcción política. Hasta último momento lo estuvo haciendo. La semana pasada estuvimos hablando y me lo decía. Sus compañeros me comentaban lo mismo ahora, en el sepelio: que ha estado trabajando hasta el último momento en el armado en las distintas localidades de la provincia... O sea, un apasionado, de una fuerte convicción peronista que lo llevó a trabajar e involucrarse y a tener muchas personas leales que estuvieron con él en los momentos de mayor crecimiento de su figura, pero que siguieron estando cuando quizás dejó de ocupar espacios centrales. La ciudad lo va a extrañar y quienes lo tratamos sabemos de su sencillez y de sus convicciones. Se ha ido una buena persona”.   ? Darío Ranco (PJ) “En diciembre de 1983 asumió el presidente Raúl Alfonsín y convocó a sesiones extraordinarias en enero de 1984 para tratar el Presupuesto. Luego, ya en marzo, comenzó el período de ordinarias. Eran, para muchos legisladores, muchos de ellos jóvenes, la primera participación en las instituciones democráticas. A Enrique Sella le tocó ser miembro informante de la Comisión de Educación con respecto a la reapertura de la Universidad Nacional de Luján, que había sido cerrada por la dictadura. Enrique, alumno de la educación pública, habló poco menos de media hora, según la versión taquigráfica, apoyándose en unos pocos apuntes, para argumentar en favor de la necesidad de abrir nuevamente esa casa de altos estudios. El primero que se paró para aplaudir su discurso fue el jefe de la bancada radical, César Jaroslavsky; el segundo fue el presidente de la Cámara, el también radical Juan Carlos Pugliese, y el tercero fue el líder del bloque justicialista, el dirigente de los trabajadores del petróleo, Diego Ibáñez. Luego, todos. Me quedo con ese recuerdo entre cientos que me dejó haber sido su secretario privado en aquel período... Cuando surgió la Renovación peronista, yo me acerqué a José Manuel de la Sota, que la encabezaba en Córdoba, pero siempre conservé el respeto y el cariño hacia quien fue uno de mis dos padres en la política. Y ahora, en siete meses, quedé sin ambos”.   ? Eduardo Accastello (PJ) “Enrique Sella proyectó al peronismo departamental en su momento más difícil (la derrota de 1983). Con una tenacidad única, luchó siempre por sus objetivos. Militante incansable, acompañó al Movimiento Obrero y al peronismo. Mis condolencias a la familia”.   ? Luis Caronni (UCR) “Ha fallecido un gran dirigente y militante justicialista, que como político adversario sabía respetar al que pensaba distinto. Con él no existía grieta. Amigo desde hace más de 40 años; colega que cuando me recibí me derivaba los asuntos penales. Juntos supimos defender la democracia amenazada, en la Semana Santa de 1987, en la misma fecha de su fallecimiento. Que en paz descanse. Un fuerte abrazo a los suyos y, en especial, a su amigo del alma Horacio Domínguez”.