'Me siento solo”, la confesión más común detrás de las drogas
domingo, 31 de marzo de 2019 · 00:00
Entrevista a los médicos Guillermo Gauna y Celeste Frías en el Centro Asistencial Villa María
Es lo que ven los profesionales de salud. Con las drogas se busca evasión de la realidad. En el centro municipal se abordan 100 casos por mes
En promedio se dan 70 turnos mensuales en el Centro Asistencial Villa María, según indicaron los médicos Guillermo Gauna y Celeste Frías al ser entrevistados por El Diario en la sede ubicada en calle Pasteur al 400, en la manzana que ocupó el Hospital Regional Pasteur, en barrio Lamadrid.
Además, por el convenio entre el municipio y Nazareth se otorgan 20 becas mensuales para ingresar a la entidad, la mayor parte a lo que es el abordaje ambulatorio.
Gauna precisó que lo que hace la comuna es solventar el inicio del tratamiento en esa institución privada, lo que abarca el período de evaluación.
En la órbita de este centro municipal “se están viendo más de 100 pacientes por mes, que se encuentran en distintas etapas de asistencia”, indicaron.
“El más joven tiene 13 años y el más grande, 60”, reveló Frías, quien indicó que se llevan adelante terapias individuales y grupales, en las que participan las familias y otros miembros del entorno.
En este aspecto, Gauna advirtió que para esos vínculos “existe un abordaje tan específico como el que se hace de manera individual”.
Cuando se le preguntó si hay dificultades para lograr que terceros acepten este proceso, confirmó que sí, señalando que “es un trabajo arduo y diario, porque la adherencia no es lo más fácil”.
En este sentido, Frías añadió que se trata de lograr la autorreflexión, “y sabemos que pueden no venir a las citas a las que se los convoca”, circunstancias que “están dentro de lo esperable en el proceso”.
“Si una persona no viene a la terapia, el equipo territorial va a la casa con su correspondiente credencial”, contó reivindicando la tarea de los profesionales.
Gauna informó que hay personas que no acuden al centro asistencial, pero que igual son abordadas. “Se va a los barrios. Hay entre 30 y 40 familias que son visitadas”, puntualizó.
-¿Cuáles son los factores comunes entre las personas que son asistidas?
-G.G.: En general hay disfunciones familiares. Es lo que atraviesa la mayoría de los casos, en los que hay diversidad de factores. También lo relacionamos con la temática de la violencia, en donde la persona desde muy niña o desde el mismo embarazo padece disfunciones familiares, lo que genera luego factores condicionantes en su crecimiento hasta llegar a un consumo, un trastorno psiquiátrico y una violencia expresa.
El contexto repercute desde el primer momento sobre la genética de la persona.
-C.F.: Se ha visto que los factores ambientales o familiares prenden o apagan funciones de ese código genético ya establecido, no es que cambian el código genético.
-¿Las personas llegan acompañadas a este centro?
-G.G.: La mayoría de las veces vienen con un familiar, frecuentemente las madres.
-¿Existe voluntad para tratarse?
-G.G.: Hay una etapa precontemplativa, en la que no hay registro ni conciencia de su padecimiento. Demanda el trabajo más arduo, porque es donde se tiene que alcanzar la toma de conciencia y la posibilidad de adherir al tratamiento.
-¿Cuándo se considera que el tratamiento ha sido exitoso?
-G.G.: Se da en grados y en particularidades de todas las dimensiones de las personas. Una cosa es que haya mejoramientos, lo otro es pensarlo en todos los aspectos.
Se evalúa lo físico, lo psicoemocional, lo mental - intelectual, a nivel psicólogo o psiquiátrico que pueda retomar espacios laborales, familiares. Los aspectos se van midiendo en partes. Algunos evolucionan más en unos que en otros.
Se podría decir que se está más cerca del alta cuando se logra que las dimensiones más importantes para la integración, sociabilización o reinserción social estén consolidadas. Luego también se las evalúa, se las sigue, porque las recaídas son frecuentes y son parte del proceso de reinserción. Con el seguimiento se busca fortalecerlas.
-C.F.: El tratamiento consta de tres momentos, desde la admisión hasta el “alta”. Son procesos que en total llevan entre 8 y 12 meses.
-G.G.: Primero se busca el registro y conciencia de lo que pasa. Después hay que hacer cosas en la vida cotidiana, poner en la práctica lo de mejorar vínculos, responsabilidades. El tercer momento es el de mantenimiento.
-¿Cuáles son los elementos que amenazan este camino?
-G.G: El ámbito que se frecuenta cuando tiene que ver con el consumo.
-¿Hay altos índices de abandono?
-G.G.: Cuando ya se ingresó al tratamiento -tras la fase precontemplativa- la mayoría lo sostiene, permanece.
-C.F.: Los equipos trabajan con el objetivo de que no haya deserción, y lo hacen muy bien. Por eso no hay fugas masivas. El trabajo en red ha optimizado todo esto. Solos no podríamos.
-G.G.: La interinstitucionalidad lograda es fundamental. Ya no se aborda como antes, de consultorios particulares por un lado, Justicia por otro lado.
-¿Qué les cuentan las chicas y chicos sobre el porqué de su relación problemática con las sustancias?
-G.G.: Se habla de evasión, aturdimiento, no querer ver, no querer afrontar las realidades que son hirientes, lastimosas. Hay sufrimiento. Evaden, se “anestesian” así.
-C.F.: En niños y adolescentes, el común denominador es que se sienten solos. En el siglo donde más hiperconectados tecnológicamente estamos, cuentan que se sienten solos.
-G.G.: La soledad dada por el “no lugar”. En un principio tiene que ver con los vínculos primarios.
-C.F.: Por eso los equipos de prevención y promoción van a los colegios. Por ahí, no podemos modificar los factores de riesgo, por eso se apunta a los factores protectores, como vínculos, arte, deporte.
Diego Bengoa