Andruetto, sin concesiones

domingo, 31 de marzo de 2019 · 00:00
Cierre del VIII?Congreso Internacional de la Lengua Española La escritora cordobesa María Teresa Andruetto realizó la conferencia de clausura en el Teatro del Libertador y fue aplaudida de pie. Cuestionó a la Real Academia Española y aseguró que se busca “cierta pretensión de uniformidad en el castellano. La homogeneidad que destruye lo singular o lo invisibiliza” Escribe Celeste Coschica De nuestra Redacción (enviada especial) Con inteligencia, sabiduría, lucidez, y hasta dulzura, la escritora María Teresa Andruetto, nacida en Arroyo Cabral y criada en Oliva, realizó la conferencia de clausura del VIII Congreso Internacional de la Lengua Española, que se desarrolló en la ciudad de Córdoba desde el miércoles hasta ayer. Andruetto compartió la mesa del plenario especial en el Teatro del Libertador San Martín con el director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, quien le agradeció el haber aceptado dar el cierre: “Si este Congreso de la Lengua ha querido apostar por la diversidad, por la libertad, por la discusión abierta, la reivindicación de los matices y explicar que la convivencia no es posible si no se respetan las singularidades y el derecho a protestar, ha sido por personas como María Teresa”, expresó. La autora, ganadora en 2012 del premio Hans Christian Andersen, señaló que el objetivo de su ponencia era mirar en las fisuras, “por donde entra la luz”: “No fue sencillo para mí aceptar cerrar este congreso, por las disidencias diversas que con él tiene la comunidad a la que pertenezco y por mis propias disidencias. Pero me tranquiliza que antes de aceptar, la invitación se sostuvo con amplitud y espíritu democrático. La otra es que estoy aquí como escritora, y el lugar del que escribe es un lugar de desobediencia y de disenso. En nombre de ambas cosas, digo estas palabras”. Los organizadores no esperaban un discurso final condescendiente, si no, no hubieran convocado a María Teresa Andruetto. Y eso es una buena señal. Andruetto hizo hincapié en varias cuestiones y en el primer punto cuestionó el nombre del congreso. Manifestó que fue la lengua castellana la que se impuso “no sin dolor, no sin resistencia”, sobre las lenguas originarias: “Esto nos lleva a preguntarnos ¿de quién es la lengua?, ¿quién le da nombre y quiénes reconocen su lengua en ese nombre?, ¿quiénes son sus dueños y quienes hacen usufructo de ella?”: “El ministro de Educación de la Provincia, a la pregunta de un periodista acerca del contenido del congreso, reconoció que ni la parte argentina ni la cordobesa intervienen en la elección del temario. ‘Es la Real Academia Española’, dijo el ministro y agregó: ‘Nosotros actuamos en la parte logística’. No debiéramos desentendernos de ciertas preguntas, aunque incomoden. Preguntas como ‘¿para qué un congreso en estas pampas, sin intervención local sobre sus contenidos?’ o ‘¿es la lengua de España la misma que se habla en América?’”, indagó Andruetto. La escritora también recordó la manifestación pública de disgusto y la ofensa que sintió el director de cine mexicano Alfonso Cuarón cuando subtitularon su película “Roma” en España: “Se busca cierta pretensión de uniformidad, la homogeneidad que destruye lo singular o lo invisibiliza”. En el segundo punto reparó en que “no es recíproco”: “Más del 90% de los hablantes del idioma español habita en países de América y menos del 10%, en España. Sin embargo, las variedades idiomáticas americanas no tienen tantas posibilidades de ser reconocidas por la Real Academia Española y cuando lo son, pasan por formas folclóricas y americanismos. El 70% de lo que se considera mal uso de la lengua tiene origen latinoamericano, lo cual no tiene solo que ver con la pretensión de uniformidad, sino con la convicción de que el bien decir se decide fuera de nosotros. Se trata de las políticas de control del idioma”. [caption id="attachment_47861" align="aligncenter" width="1200"] En un discurso sin concesiones, la escritora defendió las particularidades del uso del lenguaje sobre el intento de la Real Academia de homogeneizar el habla[/caption] El monopolio de la lengua como negocio La escritora también reparó en la faceta económica del castellano y se preguntó quién usufructúa “los dividendos que da esta lengua en el mundo”: “Todas las relaciones humanas están mediadas por la política, atravesadas por diferencias de poder y ese poder se materializa en el lenguaje. La búsqueda de uniformidad va en consonancia con la persecución de un mayor rendimiento económico y que libros, películas y series, cursos de enseñanza, sirvan para la mayor cantidad posible de usuarios. Por eso la persistente búsqueda de un castellano a la española o un latinoamericano neutro, que permita a esos productos circular por todo el continente, penetrando de forma más rápida, sin que importe que eso sea a costa de nuestras singularidades. Y vaya si eso va en contra de la riqueza del idioma. Basta escuchar a nuestros alumnos, hijos o nietos hablando de ‘nevera’, ‘carros’ y ‘leños’ para comprender lo que digo. ¿Por qué se subtitula una película de un castellano a otro? Empresas y capitales multinacionales promueven la ampliación del mercado del castellano para reforzar un monopolio de la lengua como negocio. Buscan un idioma de modalidad única a costa de su depredación”. “La vida de una lengua está en lo particular, en su inestabilidad. La uniformidad lo que produce es destrucción y no sólo en la forma de decir, sino en la forma de pensar”, resaltó. “Se dice que la lengua no es de las instituciones, sino de los hablantes, y así es en su uso cotidiano. Pero no parece ser así en el aprovechamiento económico que una lengua provee porque sin dudas no es mayoritariamente el castellano argentino, boliviano, peruano ni el mexicano lo que se comercializa, sino la modalidad española. El Estado español encuentra en la extensa difusión de esta lengua en Latinoamérica una posibilidad muy fértil de desarrollo económico”, expresó frente a autoridades del país europeo, la Real Academia Española y el Instituto Cervantes. “Esto es responsabilidad de cada uno de nuestros estados, cuyo rol debe ser activo, instrumentando políticas que defiendan los derechos lingüísticos de cada comunidad”, agregó. El debate por el lenguaje inclusivo no quedó fuera de la ponencia de Andruetto, sobre lo que manifestó que “no se trata de un capricho, se trata de una búsqueda de identidad que se refleja en el modo de hablar y de escribir”: “No puedo dejar de preguntarme si habrá habido mujeres en las decisiones de contenido. Se dijo que hay 250 ponentes de 32 países, pero ni una sola mesa de discusión sobre un tema, como es la inclusión de género, de agenda actual tanto en América Latina como en España. Quiero agregar que nunca nada es tan visible como cuando no está. El lenguaje inclusivo nos pone delante de la carga ideológica de la lengua. Claro que la lengua no es de nadie, ni siquiera de las buenas causas. Claro que corremos riesgo de que el lenguaje inclusivo se vuelva pura corrección política. Claro que no sabemos qué pasará en el futuro, pero sabemos de su uso y su expansión en ciertos sectores sociales y vemos cómo impregna en el uso público. Resulta asombroso que no se haya incluido siquiera una mesa de discusión sobre algo que estamos viendo en los cimientos de nuestras sociedades”. María Teresa Andruetto emocionó a los presentes con su discurso, que la aplaudieron de pie cuando finalizó: “Cuidado, no confundir la lengua viva con los cementerios de la lengua. La lengua es mía, pero no solamente mía. En la lengua podemos razonar y conmovernos, conocer y cuestionarnos, aprender e imaginar hasta que lo nombrado adquiera vida propia. Porque, aunque no sepamos encender el fuego ni seamos ya capaces de rezar, podemos seguir contándonos unos a otros nuestras historias y la historia. Perder eso sería perdernos, sería una nueva forma de barbarie”. Como decía Antonio Machado, hay que desconfiar de todo aquello que no se pueda hablar con un niño.