'Me nace dar amor a los niños”
lunes, 11 de marzo de 2019 · 00:00
Natalia Cattáneo, payamédica -?Con la idea de que “reír sana”, acompaña a grandes y chicos en momentos duros
Desde hace dos años Natalia recorre las salas hospitalarias brindando amor a los más pequeños. “La idea es que el niño olvide que está internado”, afirmó
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Aquí com Diosamor[/caption]
Escribe: Daniel Rodríguez
De nuestra?Redacción
Allá va, caminando entre el silencio hospitalario. Abriendo una puerta y mostrando una sonrisa grandota hace su presentación inolvidable. Sus grandes zapatos suenan en la sala y hacen que un niño pueda mostrar su alegría, a pesar del ingrato momento que está pasando. Ella es Natalia Cattáneo y es payamédica.
Siendo parte de una nueva tendencia que se está marcando a nivel global, Natalia (38), oriunda de Villa Nueva, ya ha asistido a diferentes salas de internación o terapia intensiva del Hospital Pasteur visitando y levantándoles el ánimo a quienes más lo precisan en medio de la zozobra.
En diálogo con El Diario, Cattáneo comentó: “Soy del primer grupo de 15 que estudiaron”. A?la vez, respecto a requisitos para comenzar a instruirse, destacó que “para ser payamédico no hace falta ningún tipo de profesión, podés ir a estudiar porque te gusta”.
Ella, quien recorre la ciudad a bordo de su bicicleta (la misma que la lleva al hospital), llevó adelante su estudio en Cintek Capacitaciones; un grupo cordobés que en su momento tuvo su dictado de clases en Villa María.
“Me enteré de la carrera por Facebook y me reinteresó porque trabajé seis años en el laboratorio del Cruz Azul. Me gusta todo lo que tiene que con medicina. Cuando vi dije: voy y estudio”, expresó con seguridad. Recordando a colegas en la actividad, resaltó que “habrá siete en este momento. También están los que no ejercieron. A algunos se les complicó, otros fueron porque sumaban puntaje docente y también estuvo el que lo hizo y después, cuando vas al hospital y salís llorando, te das cuenta de que no era lo tuyo”.
Hablando de su decisión, la entrevistada afirmó: “Me nace dar amor y trabajar con los niños, más aún si están enfermos”.
Vale la pena mencionar que en Cintek el profesor es Adolfo Primo y conjuntamente a una compañera psicopedagoga fueron quienes le destacaron “el respeto y qué se debe o no se debe hacer en una habitación”.
En acción
Al momento de llegar con sus enormes zapatos hechos artesanalmente con botellas (“calzo 70”, afirmó entre risas), ella se entrevista con las enfermeras para ver qué espacios hay disponibles para visitar.
En referencia a esa travesía en el lugar de trabajo, Natalia enumera: “Primeramente se va a la parte de Enfermería, se pide permiso a la enfermera, que seguramente ya te conoce, y preguntás cuántos niños hay internados. También se consulta por qué afección están, para saber así qué tipo de acercamiento podés tener: los recaudos son muchos. Ahí se hace la intervención habitación por habitación. También te informan si un niño no está bien de ánimo o si está recién operado”.
Respecto a este desafío, la mujer rescató como dato que “cada habitación es un mundo totalmente distinto”. Aún así, marcando su profesionalidad, subrayó: “Cuando te vestís de payahospitalario tenés que olvidarte quién sos. Te relajás y te metés en tu personaje. Mi nombre es Diosamor”.
Allí comienza entonces la sorpresa porque “el niño no sabe que vas a ir. Igual, primeramente pedís permiso al adulto mayor. No se entra si no está el tutor, porque el respeto va primero siempre”.
Tras preguntarle, entonces, a los tutores del niño “si él puede jugar”, se comienza con la idea principal que “es hacerle olvidar que está internado y que puedan jugar con vos. El otro día, con unas nenas jugamos al tatetí, con otros leemos un cuento”. En más detalles sobre la cantidad de tiempo en cada sala, Diosamor afirmó que “depende de cómo esté cada niño. Podemos estar cinco minutos o media hora”.
Fuera del Hospital
De igual modo, las experiencias no solamente quedan dentro de los muros del centro asistencial. “Me pasó de ir a visitar al mismo nene a la casa; la mamá te da su dirección o nos pasamos los WhatsApp. Ellos quedan encariñados”, explicó.
Y con una emoción marcada, la colaboradora agregó: “Te mandan audios las madres con la voz de los nenes diciendo ‘hola payasito, ¿cómo estás?’”.
Es importante también destacar que toda esta tarea que se hace es desinteresada y completamente gratuita. “Está comprobado que reír sana, que ayuda al ritmo cardíaco y reduce el estrés”, afirma la mujer. Por esa misma cuestión de servicio, desde el sector apuntan a que exista una ley que los reconozca y los cobije para considerarlos un trabajo.
Adultos mayores
No solamente su actividad risueña se centra en los recintos médicos, como dijimos.?También han visitado a los abuelos. Rememorando ello, la consultada refiere que “hemos ido también a geriátricos. A un anciano se busca divertirlo y todos quieren bailar, entonces se suman”. Un dato interesante, según sus palabras, es saber qué cosas le gustan y cuáles no (al adulto mayor) para, de esa manera, poder brindarle algo que esté adaptado a lo que disfrute.
Obviamente, en medio de todas las risas hay momentos difíciles. Si bien la idea sugerida desde su preparación es que deben asimilar que su edad propia (la del personaje) es de “entre 9 y 12 años”, la profesional en diversas ocasiones tuvo también que dialogar con niños o casi adolescentes que sufrían diversos dramas en su integridad que auguraban un panorama adverso. Le ha tocado trabajar en espacios donde los más pequeños están completamente imposibilitados para moverse por alguna afección o bien por ser electrodependientes. Entonces, también allí el marco de referencia y de acción es distinto y sus actos valen doblemente. En la charla tuvo espacio también para valorar el apoyo de sus hijos, ya que hace un tiempo atrás uno de ellos (el de 12 años) la filmó y observó su desempeño “con los ojos llenos de orgullo”.
“Tengo que ir”
“También les hago manualidades a los niños”, relató. “La última vez que fui llevé narices y sapitos. Dedico tiempo hasta en eso, en crear cosas personalmente porque es pasión lo que me hace sentir”, destacó.
En medio de todo esto “tengo un microemprendimiento, me fijo en mis niños, pero siempre voy la mañana o un sábado a la tarde. Una vez en la semana tengo que ir porque si no, es como que siento que me está faltando algo”, cerró.
Aquí com Diosamor[/caption]
Escribe: Daniel Rodríguez
De nuestra?Redacción
Allá va, caminando entre el silencio hospitalario. Abriendo una puerta y mostrando una sonrisa grandota hace su presentación inolvidable. Sus grandes zapatos suenan en la sala y hacen que un niño pueda mostrar su alegría, a pesar del ingrato momento que está pasando. Ella es Natalia Cattáneo y es payamédica.
Siendo parte de una nueva tendencia que se está marcando a nivel global, Natalia (38), oriunda de Villa Nueva, ya ha asistido a diferentes salas de internación o terapia intensiva del Hospital Pasteur visitando y levantándoles el ánimo a quienes más lo precisan en medio de la zozobra.
En diálogo con El Diario, Cattáneo comentó: “Soy del primer grupo de 15 que estudiaron”. A?la vez, respecto a requisitos para comenzar a instruirse, destacó que “para ser payamédico no hace falta ningún tipo de profesión, podés ir a estudiar porque te gusta”.
Ella, quien recorre la ciudad a bordo de su bicicleta (la misma que la lleva al hospital), llevó adelante su estudio en Cintek Capacitaciones; un grupo cordobés que en su momento tuvo su dictado de clases en Villa María.
“Me enteré de la carrera por Facebook y me reinteresó porque trabajé seis años en el laboratorio del Cruz Azul. Me gusta todo lo que tiene que con medicina. Cuando vi dije: voy y estudio”, expresó con seguridad. Recordando a colegas en la actividad, resaltó que “habrá siete en este momento. También están los que no ejercieron. A algunos se les complicó, otros fueron porque sumaban puntaje docente y también estuvo el que lo hizo y después, cuando vas al hospital y salís llorando, te das cuenta de que no era lo tuyo”.
Hablando de su decisión, la entrevistada afirmó: “Me nace dar amor y trabajar con los niños, más aún si están enfermos”.
Vale la pena mencionar que en Cintek el profesor es Adolfo Primo y conjuntamente a una compañera psicopedagoga fueron quienes le destacaron “el respeto y qué se debe o no se debe hacer en una habitación”.
En acción
Al momento de llegar con sus enormes zapatos hechos artesanalmente con botellas (“calzo 70”, afirmó entre risas), ella se entrevista con las enfermeras para ver qué espacios hay disponibles para visitar.
En referencia a esa travesía en el lugar de trabajo, Natalia enumera: “Primeramente se va a la parte de Enfermería, se pide permiso a la enfermera, que seguramente ya te conoce, y preguntás cuántos niños hay internados. También se consulta por qué afección están, para saber así qué tipo de acercamiento podés tener: los recaudos son muchos. Ahí se hace la intervención habitación por habitación. También te informan si un niño no está bien de ánimo o si está recién operado”.
Respecto a este desafío, la mujer rescató como dato que “cada habitación es un mundo totalmente distinto”. Aún así, marcando su profesionalidad, subrayó: “Cuando te vestís de payahospitalario tenés que olvidarte quién sos. Te relajás y te metés en tu personaje. Mi nombre es Diosamor”.
Allí comienza entonces la sorpresa porque “el niño no sabe que vas a ir. Igual, primeramente pedís permiso al adulto mayor. No se entra si no está el tutor, porque el respeto va primero siempre”.
Tras preguntarle, entonces, a los tutores del niño “si él puede jugar”, se comienza con la idea principal que “es hacerle olvidar que está internado y que puedan jugar con vos. El otro día, con unas nenas jugamos al tatetí, con otros leemos un cuento”. En más detalles sobre la cantidad de tiempo en cada sala, Diosamor afirmó que “depende de cómo esté cada niño. Podemos estar cinco minutos o media hora”.
Fuera del Hospital
De igual modo, las experiencias no solamente quedan dentro de los muros del centro asistencial. “Me pasó de ir a visitar al mismo nene a la casa; la mamá te da su dirección o nos pasamos los WhatsApp. Ellos quedan encariñados”, explicó.
Y con una emoción marcada, la colaboradora agregó: “Te mandan audios las madres con la voz de los nenes diciendo ‘hola payasito, ¿cómo estás?’”.
Es importante también destacar que toda esta tarea que se hace es desinteresada y completamente gratuita. “Está comprobado que reír sana, que ayuda al ritmo cardíaco y reduce el estrés”, afirma la mujer. Por esa misma cuestión de servicio, desde el sector apuntan a que exista una ley que los reconozca y los cobije para considerarlos un trabajo.
Adultos mayores
No solamente su actividad risueña se centra en los recintos médicos, como dijimos.?También han visitado a los abuelos. Rememorando ello, la consultada refiere que “hemos ido también a geriátricos. A un anciano se busca divertirlo y todos quieren bailar, entonces se suman”. Un dato interesante, según sus palabras, es saber qué cosas le gustan y cuáles no (al adulto mayor) para, de esa manera, poder brindarle algo que esté adaptado a lo que disfrute.
Obviamente, en medio de todas las risas hay momentos difíciles. Si bien la idea sugerida desde su preparación es que deben asimilar que su edad propia (la del personaje) es de “entre 9 y 12 años”, la profesional en diversas ocasiones tuvo también que dialogar con niños o casi adolescentes que sufrían diversos dramas en su integridad que auguraban un panorama adverso. Le ha tocado trabajar en espacios donde los más pequeños están completamente imposibilitados para moverse por alguna afección o bien por ser electrodependientes. Entonces, también allí el marco de referencia y de acción es distinto y sus actos valen doblemente. En la charla tuvo espacio también para valorar el apoyo de sus hijos, ya que hace un tiempo atrás uno de ellos (el de 12 años) la filmó y observó su desempeño “con los ojos llenos de orgullo”.
“Tengo que ir”
“También les hago manualidades a los niños”, relató. “La última vez que fui llevé narices y sapitos. Dedico tiempo hasta en eso, en crear cosas personalmente porque es pasión lo que me hace sentir”, destacó.
En medio de todo esto “tengo un microemprendimiento, me fijo en mis niños, pero siempre voy la mañana o un sábado a la tarde. Una vez en la semana tengo que ir porque si no, es como que siento que me está faltando algo”, cerró.