La Chuchana, en el recuerdo
sábado, 16 de febrero de 2019 · 00:00
El adiós a un personaje entrañable de la ciudad - El jueves por la noche falleció Mirtha Susana Ríos
Cientos de comentarios de despedida se replicaron en pocas horas para despedir a un ícono popular de Villa María. Era imposible no cruzarse con ella por las calles céntricas
A los 70 años se despediría de este mundo tras un paro cardiorrespiratorio Mirtha Susana Ríos, conocida por todos como la Chuchana. Rodeada de sus afectos, como su pareja, el querible Hildo Serafín “el Topo”, había arribado pocos meses atrás al Hogar de Ancianos, debido a su condición de salud deteriorada. Las calles céntricas de Villa María perdieron a uno de sus personajes más emblemáticos y entrañables.
Nancy Musa (Periodista de El Diario)
“Hola Muchita. El saludo de la Chuchana cuando nos veíamos. Me pedía un puchito y le mandaba bechitos a mi papi. Lo adoraba a mi papi. La Chuchana. Un personaje de la ciudad, una visión del mundo diferente, una concepción de la vida distinta.
En su mundo podía identificar a los que la respetaban y a los que se burlaban de ella. Un día, caluroso de verano, nos sentamos a charlar frente a plaza Centenario. Puchito de por medio, un sándwich y una cervecha, para ella, de esas que a veces se sube a la cabecha.
Recuerdo que me dijo ‘¿Muchita, vos chabés lo que es la felichidad?’. No supe qué responderle. Sentí que ella la tenía más clara que yo a la felicidad. Ella estaba del otro lado de la hipocresía social, no le importaban las apariencias ni las opiniones ni los éxitos ni los fracasos. No se hacía historia con nada. Estaba más allá de lo físico, más allá de lo químico, de las dietas, de las pesas, del gimnasio, de los energizantes, de los ansiolíticos, del estrés, del escuatro, del eschinco, como lo diría.
Pude nutrirme de su sabiduría de vida, de su sabiduría de ser libre en medio de la marginación de esta sociedad insensible.
El hola “muchita” me va a quedar grabado, el cariño a mi papi no me lo olvido. No le voy a decir chau, porque la Chuchana no se va, solo se traslada a un lugar mejor. A un lugar mejor”.
[caption id="attachment_42243" align="alignleft" width="300"]
La Chuchana con su pareja, el querible Topo[/caption]
Néstor Gea (Militante social)
“Entre fines de los 70 y comienzos de los 80 escribí esta poesía, que hoy rescato. Es mi recuerdo afectuoso para Chuchana, quien nunca se irá, al igual que Topo, su también entrañable compañero.
Por qué voy al baile/El domingo es un delirio/de lamparitas de colores/ de bicicletas estacionadas/de canas/ de veteranas del amor/y familias cuarteteras/Todos tenemos en el club/ un reservado trono de lata./Voy para respirar un aire de Gancia./ Voy con los que empujan el carro/ Con el ‘Topo’ y la ‘Chuchana’./ Con los negros desocupados/Voy porque nadie sale de allí/ Donde las minitas del barrio/no pasean sus gambas/por Corrientes y San Martín/Voy al mundo que fabricaron afuera del bulevar/A morir con cada silencio de orquesta/a mojarme de sal/y a esparcirme en ojos marrones./Voy para emborracharme con Dios”.
Miguel Sponer
El funcionario municipal recordó una de las últimas charlas que mantuvo con la Chuchana, en 2017: “Hoy me encontré con una amiga, Mirtha Susana Ríos, la Chuchana. Me pidió que le comprara un kilo de mandarinas y por supuesto accedí. ‘Saquémonos una foto, amigo. Estoy viva y todavía ando. No te olvides que cumplo los años el 18. Y ¡viva Perón carajo!! Dios te bendiga’. Mirtha, sos parte de la historia de nuestra ciudad”.
Lu Martínez (Periodista)
“Nunca me pegó con el bastón, jamás me puteó, sino todo lo contrario. La Chuchana sentía un gran cariño por mi vieja, Mónica (Céliz, locutora), que se trasladó hacia mí y mi hermana. Cuando era chica, mi vieja y sus amigas se reunían todos los sábados al mediodía en el Café de la Ciudad, o en el bar del Paseo de la Villa. Casi siempre aparecía ella, en una silla se sentaba un rato a compartir un café. Muchas veces, con las monedas que pedía, nos compró a mi hermana Paula y a mí diversos chocolates. Recuerdo que una vez me dio un huevito Kinder y me puso muy feliz. Cada vez que me veía en la calle, hasta hace algunos días atrás, me gritaba: "Nena, ¿y la mami? Cuidala a la mami", con esa voz única que jamás olvidaremos quienes la conocimos. La Chuchana no era una vieja de mierda como muchos dicen. Era puro amor. Tenía compasión por los niños. La Chuchana fue más que un personaje que se volverá entrañable. Hasta siempre, Chuchana, a la mami la voy a cuidar.
Luciana Campodónico (Hija de Ramón Guido Campodónico)
“Cuando me enteré me puse triste aunque hace años que no la veía... pero recordé al instante... todas esas veces que cuando mi viejo se hacía el que no la veía y le gritaba... ‘¡¡¡no te hagas el boludo, Ramón!!!’. Dame un pecho. Ahora mismo estará en aquel café donde están los que ya no están, pidiéndoles algo”.
Angel Adrián Fernández
“Se nos fue la Chuchana. Siempre recuerdo cuando estaba jugando con unos lápices y hojas que le habían regalado en una librería y le dije:?‘¿Sabés escribir tu nombre?’. Me dijo que no. Le enseñé a escribirlo y fue incontenible mi emoción hasta las lágrimas cuando me dijo que era la primera vez que lo escribía. ‘Dame un achul, decile al Barba cuando lo veas. ‘Vení, negrito, dame un achul’ aunque ya no estaban en el mercado me pedía. La Chuchana, como se la conocía popularmente, era uno de esos personajes de la ciudad y un ‘achul’, haciendo referencia al color celeste de los billetes de 2 pesos, era lo que me pedía cada vez que me veía. ¡Y a quienes podía les pedía un lila (por uno de cien)! No se perdía la Chuchana. La universidad de la calle le había enseñado a sobrevivir con picardía”.
Voz propia
En el suplemento por los 150 años de Villa María, publicado el 27 de septiembre de 2017, la propia?Chuchana habló de su vida con El Diario: “Villa María es muy linda, es muy grande. Los conozco a todos y a mí todos me conocen... La quiero mucho a Villa María. Nací en Laguna Larga, viví un poco en Río Segundo y de muy chiquita me vine. Me gusta mucho estar acá. Mi casa está en el Nicolás Avellaneda, pero ahora estoy acá en la casa de mi cuñado, para que me cuiden cuando me caigo. En el San Martín me caía y estaba sola y nadie me ayudaba. Siempre anduve en la calle, desde nena, y siempre así. Tengo tres hijos: dos se murieron y la otra está en Córdoba. Ahora cumplimos años de casados en agosto. Me quieren mucho también, me dan café, medialunas, a veces como pollo en el centro. Me gusta Jean Carlos cuando viene a los bailes. Los intendentes hicieron bien las cosas: a Veglia y Accastello los conozco también, me llevaron por todos lados, anduve por todos lados. Y el de ahora, no sé… pero igual todos me saludan en la calle. La gente me quiere y yo también los quiero mucho”.
A los 70 años se despediría de este mundo tras un paro cardiorrespiratorio Mirtha Susana Ríos, conocida por todos como la Chuchana. Rodeada de sus afectos, como su pareja, el querible Hildo Serafín “el Topo”, había arribado pocos meses atrás al Hogar de Ancianos, debido a su condición de salud deteriorada. Las calles céntricas de Villa María perdieron a uno de sus personajes más emblemáticos y entrañables.
Nancy Musa (Periodista de El Diario)
“Hola Muchita. El saludo de la Chuchana cuando nos veíamos. Me pedía un puchito y le mandaba bechitos a mi papi. Lo adoraba a mi papi. La Chuchana. Un personaje de la ciudad, una visión del mundo diferente, una concepción de la vida distinta.
En su mundo podía identificar a los que la respetaban y a los que se burlaban de ella. Un día, caluroso de verano, nos sentamos a charlar frente a plaza Centenario. Puchito de por medio, un sándwich y una cervecha, para ella, de esas que a veces se sube a la cabecha.
Recuerdo que me dijo ‘¿Muchita, vos chabés lo que es la felichidad?’. No supe qué responderle. Sentí que ella la tenía más clara que yo a la felicidad. Ella estaba del otro lado de la hipocresía social, no le importaban las apariencias ni las opiniones ni los éxitos ni los fracasos. No se hacía historia con nada. Estaba más allá de lo físico, más allá de lo químico, de las dietas, de las pesas, del gimnasio, de los energizantes, de los ansiolíticos, del estrés, del escuatro, del eschinco, como lo diría.
Pude nutrirme de su sabiduría de vida, de su sabiduría de ser libre en medio de la marginación de esta sociedad insensible.
El hola “muchita” me va a quedar grabado, el cariño a mi papi no me lo olvido. No le voy a decir chau, porque la Chuchana no se va, solo se traslada a un lugar mejor. A un lugar mejor”.
[caption id="attachment_42243" align="alignleft" width="300"]
La Chuchana con su pareja, el querible Topo[/caption]
Néstor Gea (Militante social)
“Entre fines de los 70 y comienzos de los 80 escribí esta poesía, que hoy rescato. Es mi recuerdo afectuoso para Chuchana, quien nunca se irá, al igual que Topo, su también entrañable compañero.
Por qué voy al baile/El domingo es un delirio/de lamparitas de colores/ de bicicletas estacionadas/de canas/ de veteranas del amor/y familias cuarteteras/Todos tenemos en el club/ un reservado trono de lata./Voy para respirar un aire de Gancia./ Voy con los que empujan el carro/ Con el ‘Topo’ y la ‘Chuchana’./ Con los negros desocupados/Voy porque nadie sale de allí/ Donde las minitas del barrio/no pasean sus gambas/por Corrientes y San Martín/Voy al mundo que fabricaron afuera del bulevar/A morir con cada silencio de orquesta/a mojarme de sal/y a esparcirme en ojos marrones./Voy para emborracharme con Dios”.
Miguel Sponer
El funcionario municipal recordó una de las últimas charlas que mantuvo con la Chuchana, en 2017: “Hoy me encontré con una amiga, Mirtha Susana Ríos, la Chuchana. Me pidió que le comprara un kilo de mandarinas y por supuesto accedí. ‘Saquémonos una foto, amigo. Estoy viva y todavía ando. No te olvides que cumplo los años el 18. Y ¡viva Perón carajo!! Dios te bendiga’. Mirtha, sos parte de la historia de nuestra ciudad”.
Lu Martínez (Periodista)
“Nunca me pegó con el bastón, jamás me puteó, sino todo lo contrario. La Chuchana sentía un gran cariño por mi vieja, Mónica (Céliz, locutora), que se trasladó hacia mí y mi hermana. Cuando era chica, mi vieja y sus amigas se reunían todos los sábados al mediodía en el Café de la Ciudad, o en el bar del Paseo de la Villa. Casi siempre aparecía ella, en una silla se sentaba un rato a compartir un café. Muchas veces, con las monedas que pedía, nos compró a mi hermana Paula y a mí diversos chocolates. Recuerdo que una vez me dio un huevito Kinder y me puso muy feliz. Cada vez que me veía en la calle, hasta hace algunos días atrás, me gritaba: "Nena, ¿y la mami? Cuidala a la mami", con esa voz única que jamás olvidaremos quienes la conocimos. La Chuchana no era una vieja de mierda como muchos dicen. Era puro amor. Tenía compasión por los niños. La Chuchana fue más que un personaje que se volverá entrañable. Hasta siempre, Chuchana, a la mami la voy a cuidar.
Luciana Campodónico (Hija de Ramón Guido Campodónico)
“Cuando me enteré me puse triste aunque hace años que no la veía... pero recordé al instante... todas esas veces que cuando mi viejo se hacía el que no la veía y le gritaba... ‘¡¡¡no te hagas el boludo, Ramón!!!’. Dame un pecho. Ahora mismo estará en aquel café donde están los que ya no están, pidiéndoles algo”.
Angel Adrián Fernández
“Se nos fue la Chuchana. Siempre recuerdo cuando estaba jugando con unos lápices y hojas que le habían regalado en una librería y le dije:?‘¿Sabés escribir tu nombre?’. Me dijo que no. Le enseñé a escribirlo y fue incontenible mi emoción hasta las lágrimas cuando me dijo que era la primera vez que lo escribía. ‘Dame un achul, decile al Barba cuando lo veas. ‘Vení, negrito, dame un achul’ aunque ya no estaban en el mercado me pedía. La Chuchana, como se la conocía popularmente, era uno de esos personajes de la ciudad y un ‘achul’, haciendo referencia al color celeste de los billetes de 2 pesos, era lo que me pedía cada vez que me veía. ¡Y a quienes podía les pedía un lila (por uno de cien)! No se perdía la Chuchana. La universidad de la calle le había enseñado a sobrevivir con picardía”.
Voz propia
En el suplemento por los 150 años de Villa María, publicado el 27 de septiembre de 2017, la propia?Chuchana habló de su vida con El Diario: “Villa María es muy linda, es muy grande. Los conozco a todos y a mí todos me conocen... La quiero mucho a Villa María. Nací en Laguna Larga, viví un poco en Río Segundo y de muy chiquita me vine. Me gusta mucho estar acá. Mi casa está en el Nicolás Avellaneda, pero ahora estoy acá en la casa de mi cuñado, para que me cuiden cuando me caigo. En el San Martín me caía y estaba sola y nadie me ayudaba. Siempre anduve en la calle, desde nena, y siempre así. Tengo tres hijos: dos se murieron y la otra está en Córdoba. Ahora cumplimos años de casados en agosto. Me quieren mucho también, me dan café, medialunas, a veces como pollo en el centro. Me gusta Jean Carlos cuando viene a los bailes. Los intendentes hicieron bien las cosas: a Veglia y Accastello los conozco también, me llevaron por todos lados, anduve por todos lados. Y el de ahora, no sé… pero igual todos me saludan en la calle. La gente me quiere y yo también los quiero mucho”.