Asunción del intendente - Cómo fue la gestión en un contexto macroadverso

Un mandato en una época difícil

Aliado al gobernador Schiaretti, Martín Gill consiguió que la ciudad mantuviera la característica de contar con obras importantes
miércoles, 11 de diciembre de 2019 · 09:00

Escribe Diego Bengoa
De nuestra Redacción

El segundo mandato del intendente Martín Gill nace con la presunción y la expectativa de que existirá un vínculo estrecho tanto con Nación como con Provincia, a partir de la asunción de Alberto Fernández en la Presidencia de la Argentina.

El contexto asoma muy distinto al de su llegada al gobierno, por el cambio de signo político ocurrido en 2015 en el Sillón de Rivadavia que vino a romper con un largo romance entre el accastellismo y el kirchnerismo.

Con Mauricio Macri en Casa Rosada, Gill llevó al peronismo local nuevamente a las filas del justicialismo provincial, tras años de frío distanciamiento. Y fue de la mano de la relación con el gobernador Juan Schiaretti que Villa María logró conservar una de las principales características del proyecto político iniciado en 1999, el del fuerte desarrollo de obras públicas.

Por su implicancia, la ejecución más importante fue la red de desagües céntricos, presentada como la intervención más trascendente en la materia de los últimos 70 años.

También, con financiamiento provincial y aporte de recursos municipales se remodeló más de la mitad del principal pulmón verde de la localidad, el Parque Pereira y Domínguez, con la singularidad de que este espacio natural está fuera del área central villamariense, lo que lo hace más comunitario.

Otro signo distintivo del mandato fue la recuperación de la manzana habitada históricamente por el Hospital Pasteur. Allí, en el Centro Cívico, el municipio mudó la Oficina de Empleo -con la idea de acercarla a territorios que más lo demandan- y creó un MuniCerca, a la par de generar el Centro Asistencial Villa María para el abordaje de adicciones, un ámbito que se requería con urgencia.

Y, además, se extendió el bulevar España en 17 cuadras, llegando hasta la Universidad Nacional y abriendo la localidad a la expansión norte.

De los cinco principales anuncios de trabajo en conjunto realizados al inicio de los mandatos de Gill y Schiaretti, quedó afuera el nudo vial para unir barrio La Calera con la avenida Larrabure acercando el nuevo Pasteur a ese sector. Y está inconcluso -pero en tareas- el nuevo puente que vinculará a la ciudad con su hermana Villa Nueva, que se inauguraría en marzo próximo.

También en conexión con la administración cordobesa, germinó el Polo Integral de la Mujer, en una casa que fue referencia de las Hermanas Adoratrices en barrio Carlos Pellegrini.

Tras la salida de las monjas, el municipio quiso esa residencia y gestionó la llegada del polo con el que se intenta dar respuesta a la demanda por la violencia machista. En ese marco también surgiría un espacio para personas en situación de calle, en barrio Centro, en un lugar que primero se diseñó para albergar momentáneamente a mujeres en riesgo por la violencia de género.

Otro de los destacados de la era Gill fue el fortalecimiento del Centro de Adopción Municipal (CAM), al que se le dio una relevancia que hasta entonces no tenía.

Entre los asuntos más controvertidos se cuentan la entrega del viejo Salón de los Deportes y de Plaza Manuel Anselmo Ocampo -ambos hechos todavía no concretados- a cambio de infraestructura deportiva construida por empresarios. Fueron de las mayores polémicas, esencialmente por involucrar al patrimonio público.

El nuevo Salón de los Deportes está en marcha, y una vez finalizado se le entregará a dos desarrollistas locales el inmueble de calle Carlos Pellegrini y Corrientes, donde se levantará un mercado gastronómico y comercial. En tanto, por la Ocampo se aguarda la tasación oficial para dar comienzo al proceso definido por la ordenanza aprobada recientemente, que tuvo el aval de tres de  cinco ediles de la oposición.

En ese contexto hay que enmarcar la llamativa compra directa de tierras a una sociedad que preside uno de los empresarios que ofrece la Ciudad Deportiva a cambio de la Canchita de Ejercicios Físicos, tema que se conoció porque lo expuso un concejal electo de la oposición.

Gill atravesó su mandato sin que  el Tribunal de Cuentas le hiciera grandes reproches. Patricia Gómez, la única tribuno de la minoría, terminó dejando el PRO, nunca expuso ninguna irregularidad y se fue diciendo que la de Gill ha sido una administración “muy prolija y muy transparente”. Más opositora que oficialista terminó siendo Mariela Boaglio, del accastellismo, que tampoco hizo cuestionamientos públicos de relevancia.

En otro orden sobresalió la somnolencia con la que el Ejecutivo manejó al estacionamiento medido, uno de los aspectos más cuestionados por la minoría legislativa. Esto se verificó incluso al final de la concesión, en donde no hubo un proyecto de continuidad, evidenciando imprevisión. Lo mismo había sucedido cuando terminó la concesión del servicio de agua potable y cloacas, que luego de la intervención de una comisión siguió en manos de la Cooperativa 15 de Mayo.

En lo habitacional se esperó más. Solo se edificaron ocho viviendas Eva Perón, aunque mucho más grandes que las anteriores y de modalidad autosustentable.

El plan nacional Techo Digno avanzó sin el ritmo pretendido y con un Estado nacional que envió fondos con mucho atraso.  Se entregaron 21 casas y están construyéndose las 47 que faltan para completar 250.

En tanto, se generó el PASU III, dirigido a una clase media alta, y se expropiaron 23 hectáreas en barrio Las Playas, a donde se apuntará en el segundo mandato para brindar soluciones.

Gill gobernó la ciudad en un contexto macro muy duro, con pobreza, recesión e inflación. Hubo emergencia en el tránsito y en violencia de género.

Este nuevo período arranca con la esperanza de un tiempo mejor.

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