Historias de vida - A los 85 años, sigue patinando con pasión, dedicación y compromiso
Chiche Aliscioni, la vida y la felicidad sobre ruedas
Entrena cada martes y jueves con el entusiasmo de un principiante. Quiere pulir cada detalle, para lucir en la gala de fin de año junto a sus compañeras y compañeros. Y hay un par de coreografías que le importan especialmenteEscribe: Sergio Vaudagnotto
Fotos: María Victoria Araujo
DE NUESTRA REDACCION
Italo Edgardo Aliscioni, Chiche para quienes lo conocen, que son muchos, se calza los patines con el mismo entusiasmo que hace 70 años, cuando lo hizo por primera vez.
Es que quiere que en esta gala de fin de año todos sus movimientos brillen ante el público. A los 85, ensaya cada martes y cada jueves con sus compañeras y compañeros de la escuela de patín artístico para adultos que funciona en el Club de Abuelos José Manuel Estrada.
Su profesora, Andrea Cecchel, afirma que “es el primero en llegar” y que “tiene asistencia perfecta a lo largo de todo el año”.
Las palabras de Andrea dejan entrever un afecto y un respeto cimentados a lo largo del tiempo. Y es que hace cuatro décadas él, Chiche, fue su primer profesor. “Me recibieron en el Club Ameghino con su esposa, Ligia Pozzerle; eran unos maestros extraordinarios”, comenta quien ahora tiene entre sus alumnos a este “chico” de tan solo 85 años.
Ligia se fue tiempo atrás a rodar por el cielo. Luego la siguió la hija de ambos, Gilda… Pero quedó la nieta, Sofía, con quien patinará en esta gala de fin de año que se avecina. A esa coreografía la quiere perfecta. También al “trompo” que realizará durante 60 segundos: sus compañeras y compañeros darán forma a un pasillo por el que tomará impulso y girará y girará y girará… y la vida y la felicidad lo harán alrededor suyo.
“Me preocupa que la música se termine antes que yo deje de girar”, le confiesa al periodista de El Diario.
En su casa de la calle San Luis muestra los cuadros que guardan las imágenes de sus mejores performances, los trofeos cosechados (no tan solo en competencias de patín artístico, sino también de ciclismo y fútbol). “Porque en Ameghino yo empecé jugando al fútbol en las inferiores y llegué a Primera y hasta a la selección de la Liga, pero después el patín artístico y mi esposa me enamoraron”, recuerda.
En ningún pasaje de la charla alude al final de su carrera, de su trompo vertiginoso… Solo le importa que esta gala que viene salga de la mejor manera. Nada permite a su interlocutor pensar que pueda ser la última.
“Lo queremos todos, es un ejemplo de vida”, afirma su exalumna y actual profesora.
Lo quieren todos. Y sigue girando.
