Se cumplen 20 años de un día difícil de olvidar en la ciudad y la región
Cuando se enojó la naturaleza
Escribe Juan Manuel Gorno
De nuestra Redacción
Lunes 1 de noviembre de 1999. Para muchos que no viven en Villa María y la zona, quizás la fecha pase desapercibida. Por estos lares, en cambio, 20 años atrás la naturaleza mostró uno sus de rostros más furiosos.
Fue cuando un fenómeno llegó para causar múltiples daños, destrozando no solo estructuras hechas por la mano del hombre, sino también viejos árboles que la propia naturaleza mantenía desde hace décadas.
Difícilmente se olvide aquella jornada cuando el cielo presagió lo peor desde temprano.
Pasado el mediodía, de repente asomó el ocaso.
El Servicio Meteorológico no dio aviso y las nubes bien oscuras dominaron la zona. Entonces el viento entró en acción con ráfagas violentas que fueron azotes.
Rápidamente comenzaron a caer las hojas de las palmeras sobre la plaza Centenario, pero tras cartón los árboles empezaron a ser arrancados de raíz, apurando el paso de la gente que circulaba por la calle para refugiarse rápidamente en lugares más seguros.
Sin embargo, la seguridad no estaba garantizada porque el viento también empezó a volar techos de las casas.
Se recuerda, por ejemplo, cómo levantó el techo de un gimnasio en el segundo piso del edificio donde supo funcionar Chac. Pero también queda en la retina la caída de las antenas de radios, como la de LV28 y la de Villa Nueva.
Precisamente, en la vecina ciudad hubo un lamento enorme por la cantidad de eucaliptos históricos que se destruyeron, casi en la misma sintonía que los postes de luz y teléfono.
En Villa María, el relevamiento de árboles caídos superó la cifra de dos mil. Y en ese contexto muchos debieron ser removidos de las calles y algunos de arriba de los autos. Otras 400 especies se perdieron en la Fábrica Militar de Pólvoras y Explosivos.
En la costanera, el panorama desolador se reflejaba con la voladura del medio mundo de la Plaza de las Américas, mientras los carteles del Anfiteatro terminaron en el centro de la calle.
Algunas escuelas también padecieron la pérdida de sus techos, al tiempo que se contabilizaron daños en la ciudad universitaria.
La furia del viento era tanta que hasta las rejas de Plaza Ocampo y del sector ferrourbanístico terminaron cediendo.
En medio del caos, Bomberos no daban tregua y tuvieron más de 400 salidas, según confirmaron más tarde.
No existían los celulares y, ante la caída de los postes de teléfonos, la ciudad estaba realmente incomunicada, de la misma manera que se debió esperar bastante para volver a tener energía eléctrica.
Un día después, El Diario cronicaba que “el viento del lunes nos pegó por todas partes; nos destrozó moralmente”.
El sol salió, precisamente, el 2 de noviembre, como iluminando el escenario de las miles de personas que debieron trabajar bastante para devolverle el pulso a la ciudad.
Colaboraron
Candela López y Nahuel Celiberto (Instituto del Rosario)
Araceli Sosa y Valentino Reyes (Ipetym Nº 99 Rosario Vera Peñaloza)
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