Soberanía alimentaria - Una alternativa sustentable a la hora de decidir qué comemos
La posibilidad de elegir qué consumir
Cada vez son más las agrupaciones villamarienses que apuestan a una producción e implementación de dietas saludables para favorecer al medioambiente y la sociedadEscriben Agostina Duflos y Abril Reche
Estudiantes de la UNVM
Lacandona y Pueblo Mampa son algunas de las agrupaciones radicadas en Villa María y la zona, las que trabajan a través de la puesta en marcha de proyectos basados en estilos de vida más sustentables y comprometidos con el ambiente.
Los integrantes de estos emprendimientos se refirieron a la soberanía alimentaria como “el derecho de los pueblos a decidir qué producir, cómo hacerlo, con quiénes y dónde”. Por otra parte, manifestaron que se trata de un aspecto vinculado a la soberanía cultural ya que ambas aspiran a las mismas prácticas nutricionales, alimenticias y productivas que hoy son empleadas por la mayoría de la población, respondiendo a los intereses del comercio y la industria.
A las afueras de Villa Nueva se encuentra ubicado Los Almendros, un espacio verde en donde Natalia Tacconi vio la posibilidad de concretar una de sus mayores aspiraciones con la creación de Lacandona. En la actualidad este proyecto apuesta a la realización de huertas, plantines, biofertilizantes y preparado de abono, todo bajo una lógica agroecológica.
Su empeño en el proyecto hizo que más ciudadanos se interesaran por formar parte, y hoy en día son cuatro las familias que lo integran, trabajando a conciencia por una mejor calidad de vida. “Buscamos generar un lugar de recomposición de vínculos y de conexiones con la naturaleza que pueda ayudar a que nos manejemos mejor como humanidad”, resaltó Tacconi.
Por su parte, Leandro Menaldi uno de los integrantes de Pueblo Mampa, comentó que desempeñan su labor en Villa Fiusa, precisamente en la estancia Yucat. La agrupación se destaca por el estudio y la práctica de la autogestión de la salud, fomentando el uso de mecanismos alternativos, como el reposo, el ayuno y el uso de ciertas hierbas medicinales, entre otras actividades.
Al mismo tiempo, señaló que también se dedican a la bioconstrucción utilizando como materiales barro, palos, maderas, postes, y elementos reciclados de origen biológico, como chapas y vidrios, descartando el uso de sintéticos e impermeabilizantes. “Estamos creando una ecoaldea o aldea ecológica tratando de no usar materiales que contaminen el ecosistema, que sean de larga duración, usando materiales que se puedan reintegrar en el entorno cuando se dejan de usar”, ejemplificó Menaldi.
Red verde
Desde el año 2017 existe en la ciudad una red denominada Abya Yala que nuclea a productores agroecológicos de la localidad. Desde allí, trabajando en modo colectivo, se busca aunar esfuerzos a través de la participación en ferias, el intercambio de conocimientos por medio de capacitaciones, la realización de compras en conjunto y generación de conciencia hacia la comunidad.
A su vez, los integrantes de la red se encuentran ligados a diversas organizaciones e instituciones, colaborando con los barrios de la ciudad en la preservación de ciertos sistemas.
Cada vez son más las agrupaciones que se suman a ser parte de Abya Yala, tales como Lacandona y Pueblo Mampa, quienes trabajan en pos de contribuir con su labor, la cual llevan como bandera.
Hacia una alternativa agroecológica
En la actualidad se hace notar el incremento de ciudadanos que optan por un consumo responsable, no sólo con el medioambiente, sino también favoreciendo su salud. No obstante, estos números aún no marcan la diferencia y siguen latentes las problemáticas que traen aparejadas los modelos productivos tradicionales.
En primera instancia, como declaró Natalia Tacconi, “es muy cómodo y muy habitual el hecho de ir a la verdulería o al supermercado y comprar todo empaquetado”. Lo cual demuestra que aún como sociedad nos queda mucho camino por recorrer en materia de sustentabilidad.
Por otro lado, la variable económica incide a la hora de adquirir estos productos, ya que generalmente sus costos son más elevados, y mayoritariamente tiene que ver con un sistema de concentración, de manejo de los precios, de políticas que excluyen y que dejan alejadas a las personas de los derechos básicos, sin empleo y sin acceso ni económico ni físico a los alimentos.
En consecuencia, Tacconi detalló que “esto no debería ser así”, pero que los modelos productivos convencionales tienen una escala muy alta que les permite establecer menores precios y diferenciarse de los productos agroecológicos.
Políticas públicas y sociedad
Desde las agrupaciones que buscan un verdadero cambio, se refleja la necesidad de que el Estado priorice los cuidados necesarios del suelo, “que es una de las mayores fuente de vida que los seres humanos tenemos y está siendo corrompida con el modelo productivo que se lleva adelante”. Además, añadieron, “si cuidamos la tierra eso se transforma en salud de las plantas, y esa salud de las plantas en salud de las personas”.
A su vez, manifestaron la necesidad de que la sociedad tome un rol activo y le exija al Estado generar políticas públicas y recursos que se ocupen de dar respuesta a la soberanía alimentaria, de lo contrario se seguirá en manos del mercado.
Por su parte, Menaldi resaltó que es interesante pensar en la seguridad alimentaria de la mano de la agroecología como políticas locales reales y posibles para hacerle frente a los problemas de acceso a los alimentos que sufre gran parte de la población.
Por último, añadió que “con esto se garantizaría el alimento sano y la generación de puestos laborales para ciudadanos locales”.
