Elecciones nacionales - Balance - Opinión - Otra fiesta democrática y otro cambio
Argentina pintada de azul, con una franja amarilla en el centro
Escribe Nancy Musa
El cántico “Alberto presidente”, se extendió en un búnker colmado, en las calles, en las redes. En el escenario, se mezclaron la alegría, la emoción, la política. “Ganó la política”. Alberto, Cristina, Axel. La Argentina se pintó de azul y como una paradoja la franja central es amarilla, recordando los colores del equipo preferido del actual presidente. En esta oportunidad, el trofeo principal fue para el hincha de “Argentinos”. Toda una coincidencia.
El recuerdo de Néstor, el “vamos a volver”, acompañaron la oratoria de Cristina. El abrazo a las Madres de la Plaza, el amor a los “cientos de miles de ciudadanos anónimos que han resistido”, los “números del dolor de la tragedia económica”, formaron parte del mensaje de Cristina. De una dirigente que se “sintió reconocida”, que le pidió a todos los argentinos que acompañen a Alberto en la “difícil tarea que le espera” y que le exigió a Macri que “cuide el patrimonio del pueblo”.
La unidad, el esfuerzo, cerrar la grieta, pensar en los que sufren, fueron las frases más repetidas en el festejo peronista.
“Este no es el frente de nosotros, es el frente de todos los argentinos”, remarcó a su turno el presidente electo, indicando que hoy se reunirá con Macri, dará toda su colaboración y cumplirá con los compromisos asumidos en campaña. “Ojalá que nuestros opositores sean conscientes y nos ayuden a reconstruir el país de las cenizas que dejaron”, precisó.
Y concluyó: “El gobierno volvió a manos de los argentinos y las argentinas”.
Por novena vez, consecutiva en 36 años, los ciudadanos concurrieron a las urnas para elegir su presidente. La democracia volvió a estar de fiesta. La esperanza, la euforia, la ansiedad, emociones que estuvieron reflejadas en millones de rostros, en la noche de un domingo que transcurrió con normalidad, sin grandes sobresaltos.
La “locura” estuvo presente en las redes sociales con noticias falsas, denuncias de fraude del oficialismo, un absurdo total teniendo en cuenta que fueron los encargados de la organización del acto electoral y del manejo del escrutinio.
Ese folclore, quedará para la anécdota. La incógnita se develó y Alberto Fernández es el presidente electo y Cristina la vicepresidenta electa. Y ahora, comienza la verdadera historia. Los nuevos interrogantes son: ¿Cómo será la transición? ¿Qué país recibirá el próximo gobierno? ¿Logrará el compromiso de todos los sectores para poner la Argentina de pie?
El panorama es oscuro, y lo pintó Axel en su discurso.
¿Quién será el ministro de Economía? Sería importante que se anuncie rápidamente porque la transición es larga. Fernández enfrenta una oposición muy fuerte, con una economía en estado crítico, alta inflación, reservas escasas, incertidumbre por el dólar.
Macri logró achicar la diferencia de las PASO, la elección se polarizó, afectando a las otras fuerzas que perdieron votantes. Horacio Rodríguez Larreta es el ganador indiscutible del espacio amarillo, con una elección brillante en primera vuelta en la Ciudad de Buenos Aires.
A las 22.23, el presidente reconoció la derrota y comunicó que “invitó a desayunar al mandatario electo”. Un gesto necesario.
No se pudo
“Estamos más juntos que nunca, por esa Argentina que soñamos”, remarcó Macri en su discurso felicitando al ganador de las elecciones en primera vuelta.
No hubo posibilidad de llegar a un balotaje. Usando la ironía de Lilita, podemos imaginar que no llegaron masivamente los votantes esquiadores, ni salieron de sus cuevas, los extras-terrestres. La bendición del pastor evangélico no transformó el agua en vino, la resurrección de los cuadernos quemados pasó sin pena ni Gloria.
Las invocaciones a Dios, que supuestamente es argentino, se convirtieron en “mensajes no leídos”. La campaña diseñada con un guión del género “terror”, le permitió a Macri achicar la diferencia. Lo que indica que una parte, significativa, de la sociedad, compró esa película.
Por primera vez un presidente que busca la reelección pierde. Y no se pudo por varias razones, además de las políticas económicas que han sido, sin duda, el condimento principal de la derrota. Para desazón de los optimistas delirantes que manejaron la campaña, está visto que no es conveniente negar la realidad. No es conveniente sembrar el odio sin un control de la plaga.
No se puede, despreciar y excluir a millones. No se puede.
No se puede prometer las mismas cosas que no se cumplieron. El presidente salió a la campaña como si fuera un candidato opositor, se olvidó que su responsabilidad principal es gobernar. Hizo un esfuerzo sobrehumano para dar vuelta la elección, es valorable, pero esa energía la tendría que haber usado para dar vuelta el país que él y su equipo se encargó de volcar. Y tal vez, los resultados hubieran cambiado. O no.
Los asesores del presidente, equivocadamente, lo plantaron en un discurso vacío de contenido, repetitivo, sin creatividad, sin autocrítica, sin amplitud. Un discurso dirigido a sus seguidores más rígidos, al anti kirchnerismo especialmente, asustando con el cuco de Cuba y Venezuela, sin imaginar que en pleno proceso iba a estallar el modelo chileno, puesto como ejemplo, con sus desigualdades, sus ajustes, sus jubilados padeciendo y un pueblo que se cansó de ser esclavo de una elite alejada totalmente de la realidad de la mayoría de sus ciudadanos.
La verdad, pasaron cosas, pasaron muchas cosas en poco tiempo. Pero, hubo una frase que no debería salir de la boca de ningún presidente: “Este país es nuestro.” “Este país es nuestro”, gritó varias veces en su campaña Macri. A los supuestos “dueños” de la Argentina se le olvidó que este país es de “Todos”.
Y las urnas se lo hicieron saber en la mayoría del país.
Retuvieron Ciudad de Buenos Aires, Córdoba, Mendoza y perdieron la joya más preciada: la provincia de Buenos Aires.
Las derrotas dejan sus enseñanzas. Los radicales, tal vez, tengan una buena oportunidad para fortalecer su partido centenario con renovación en serio de sus dirigentes. A la democracia, le haría mucho bien. Al país también.
