'Ni Una Menos” deberá comenzar en cada uno de nosotros
domingo, 2 de diciembre de 2018 · 00:00
Concentración por la No Violencia hacia la Mujer
La actividad suspendida para conmemorar el 25 de noviembre se realizó ayer en plaza Centenario. El intento de femicidio ocurrido el viernes por la mañana en nuestra ciudad, marcó el encuentro
Escribe Celeste Coschica
DE?NUESTRA?REDACCION
Cristian Oliva se paró en la puerta del local de ropa en donde Alfonsina Becerra estaba trabajando, en pleno centro de nuestra ciudad, y la observó durante unos segundos desde la vereda, apoyado en su bicicleta.
Cruzó la puerta del negocio y la apuñaló una y otra vez sin mostrar duda, culpa ni arrepentimiento.
Oliva tenía denuncias previas por violencia. Después de atacarla se escapó en su bici y lo atraparon horas después escondido entre malezas en un baldío. La impunidad que sienten algunos hombres para actuar así se palpa en cada puñalada que clavó. Es la madre de su hija y la podría haber asesinado.
¿Cómo podemos las mujeres sentirnos seguras en este contexto? ¿Cómo nos podemos quedar calladas si un hombre con total impunidad puede golpearnos, insultarnos, violarnos, asesinarnos?
Hoy fue Alfonsina, pero mañana puede ser tu hija, tu mamá, tu abuela, tu amiga, vos, o yo. Ayer fue Micaela, María José, Marina, Lucía, Angeles, una cada 18 horas. Cualquiera de nosotras.
Organizadas en el Foro y autoconvocadas se concentraron ayer en plaza Centenario para pedir por la No Violencia hacia la Mujer. Además, participaron familiares de víctimas en la plaza donde se habilitó un micrófono abierto para quien quisieran expresarse.
La movilización de ayer no superó las 100 personas en una ciudad de más de 80 mil habitantes. Y fue el día después de un intento de femicidio, una problemática que nos atraviesa a todos, pero al parecer no conmueve.
“¿Vos caminás con miedo? Yo todavía no”, es una pregunta que duele surgir entre amigas. Y creemos que no, pero si nos ponemos a charlar y pensar un rato, todas las mujeres nos lo planteamos, todas caminamos alguna vez con miedo por la calle.
“El precio de la libertad de la mujer moderna es la responsabilidad personal de saber cuidarse y defenderse”, dice la escritora y feminista Camille Paglia.
Conocida como “la feminista a la que odian las feministas”, Paglia propone pensar la violación y la violencia como un riesgo que hay que tomar, inherente a nuestra condición de chicas. ¿Pero debe ser así? La posibilidad de la muerte, la proximidad y la sumisión al odio deshumanizado.
La violencia de género no es un reclamo caprichoso de un grupo de mujeres fanáticas. Pero, ¿cómo se termina con esto? No es una exageración, es una problemática social real, grave y cruel que debe ser abordada por el Estado de forma responsable y con compromiso de manera urgente.
¿Cuántas más?
Hace más de un año escribí esto y hoy tiene la misma vigencia. Cada femicidio limita la libertad de una y la de todas. Esta vez fue el ataque a una vecina nuestra, como hace más de un año Alicia Copa, Olga Moyano y Tamara Córdoba fueron víctimas de femicidio. Hoy las mujeres mueren más dentro de sus casas y en manos de conocidos que en manos de extraños en calles oscuras.
“No digas violencia machista, decí sexista porque si no demonizas a los hombres”, me dijo hace un tiempo una persona que admiro y respeto. Pero la crueldad masculina se ha incrementado a un nivel escalofriante, aunque sé que muchos hombres acompañan y toman conciencia a la par. Nos tenemos que proteger entre todos.
Estamos hartas de que nos maten, nos empalen, nos golpeen, nos apuñalen, nos sometan, nos violen, nos acosen, nos denigren, nos ninguneen.
Pero estas son palabras y no alcanzan. Algunas no van a volver más a sus casas, no van a acostar a sus hijos, no los va a ver crecer, no van a abrazar a sus mamás, no van a poder salir a tomar una cerveza con sus amigas.
La cuenta aumenta y si me callo me siento cómplice, indiferente. Hasta la feminista más comprometida tiene que aceptar que la “deconstrucción” es constante y no sirve romper ciertos estereotipos para arraigar otros.
Dicen que mientras más fuerte gritemos las mujeres, más violentas van a ser las muertes. Pero no nos callemos. Nos vamos a cansar de pedir justicia por una y otra, pero estos asesinatos hay que prevenirlos. De a poco, con esfuerzo, con riesgo, desnaturalizando conceptos, estereotipos, cuestionando lo que nos parece lo “normal”, interrogándonos a nosotros mismos y como sociedad, porque “Ni Una Menos” comienza en cada uno de nosotros.