ESPAÑA - MARRUECOS
Ceuta al borde del estallido
La chispa que sitúa a Ceuta al borde del estallido social comenzó ayer a prender. Literalmente. Tras días en los que la crispación desbordaba la ciudad autónoma (un enclave español en territorio africano), la playa de Benítez se convirtió en la estampa que retrata el estado de esa ciudad, casi un mes después de la entrada masiva de más de 80.000 personas.
Allí había sido incendiado horas antes un campamento de migrantes.
Un cordón de antidisturbios separa dos realidades: delante de los policías centenares de ceutíes cada vez más hartos claman por la inmediata expulsión de los “invasores”; detrás de los agentes, también centenares de inmigrantes, desafiantes, muestran su intención de resistir, de no volver a su país, sosteniendo que esa tierra les pertenece.
El humo, como de una olla a presión a punto de saltar por los aires, envuelve la playa. La humareda sale de las chozas del campamento que un grupo de vecinos han prendido, después de arrasarlo. Ni unos ni otros dan ya su brazo a torcer. Los manifestantes se van, la Policía se despliega, los magrebíes vuelven a armar el asentamiento.
La llamada a la calma del Gobierno central, a través del mando único en la crisis, Ángel Víctor Torres, cayó en saco roto. El ministro de Política Territorial fue sincero: “No puedo prometer devoluciones mañana”. Y es ahí donde está el fondo de la cuestión. Los ceutíes entienden que tras semanas con promesas que no se materializan no hay otro camino que “la expulsión de todos” los que llegaron irregularmente desde Marruecos.
Ese es el mismo objetivo que persigue el Ejecutivo -con la salvedad de los menores de edad y los asilados-, pero el tiempo que se dan los ceutíes y el que maneja Moncloa, sede del Gobierno español, no coincide.
La paciencia a los primeros se ha agotado. De ahí que el episodio de la quema de parte del campamento de inmigrantes fuese, por ahora, el último de la espiral de violencia en la que ha derivado el enfado.
