CEUTA
Aún no recupera su normalidad
A casi dos semanas del histórico desborde migratorio, cuando cerca de 72.000 personas cruzaron la frontera desde Marruecos, la situación en Ceuta dista de estabilizarse.
Si bien la mayoría ya retornó a su país, miles de migrantes continúan habitando asentamientos precarios y cientos de niños permanecen a la espera de una reubicación institucional, en medio de un fuerte desgaste de la comunidad local y una parálisis en la asistencia estatal.
Campamentos improvisados
Existe una marcada contradicción respecto al volumen de población que aún permanece en la ciudad autónoma. El Gobierno estima que solo quedan unos 2.000 migrantes en el territorio, pero las autoridades locales y organizaciones humanitarias como la Asociación Elín elevan esa cifra a una franja de entre 8.000 y 10.000 personas. El foco de mayor preocupación se centra en la infancia: mientras el Ejecutivo registró formalmente a 1.342 menores no acompañados en sus centros de acogida, las entidades civiles calculan que la cifra real ronda los 5.000 niños desamparados.
El grueso de la población migrante se reparte en campamentos improvisados y espacios públicos de barrios periféricos como El Príncipe y Los Rosales, así como en la playa del Trampolín y las inmediaciones del Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) en el barrio Benítez. La población local, que inicialmente reaccionó proveyendo alimentos, ropa y aseo de forma solidaria, comienza a evidenciar signos de agotamiento y reclama una intervención de emergencia proporcional por parte de los ministerios competentes.
La vulnerabilidad de las mujeres y niñas forzó a los propios ciudadanos ceutíes a improvisar refugios y guardias nocturnas para contener la situación. La organización Save the Children respaldó estas acciones al advertir de manera pública sobre el riesgo inminente de agresiones sexuales, redes de trata y explotación que afrontan, exigiendo que su resguardo sea una prioridad absoluta de la respuesta oficial del Estado.
